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Mostrando las entradas etiquetadas como martin scorsese

Los timadores (1990)

Su segunda película estadounidense parecía confirmar el exitoso salto de Stephen Frears al cine hollywoodiense, que venía de triunfar con la coproducción angloestadounidense Las amistades peligrosas ( Dangerous Liasons , 1988), que es tanto o más una película de su productor y guionista Christopher Hampton. Rodada en Francia, y con un reparto encabezado por actrices y actores estadounidenses —Michelle Pfeiffer, John Malkovich, Glenn Close—, no pierde su aire europeo, el cual desaparece en esta adaptación a la gran pantalla de la novela homónima de Jim Thompson, que fue una producción de Martin Scorsese, entre otros; lo que implicaba que hubiese un cineasta creativo y personal detrás, aunque muy diferente a Frears. A buen seguro, de ser dirigida por el director de Uno de los nuestros ( Godfellas , 1990), la película habría sido otra, pero la labor del productor, como bien sabe Scorsese, que pone sus producciones en manos de Barbara De Fina, es facilitar y no entorpecer, aunque los haya...

Al límite (1999)

La noche neoyorquina es un medio que Martin Scorsese ha mostrado en su cine en distintas ocasiones. Lo ha hecho con gran fortuna, por ejemplo, en Taxi Driver (1976) y ¡Jo, que noche! (After Hours, 1984) y tal vez de modo menos conseguido, o malentendido, en Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), una de sus películas más alucinadas. En estas tres Scorsese riza el rizo a la hora de mostrar una sociedad desquiciada dentro de la cual los personajes interpretados por Robert DeNiro, Griffin Dunne y Nicolas Cage luchan por mantener la cordura. La jungla urbana se representa en la pantalla para insistir en varios de los temas recurrentes de su cine: la noche y la ciudad, la sensación de soledad, desamparo y deshumanización, el querer escapar de ese vacío que amenaza con imponerse, el devenir de sus habitantes, su desorientación y desesperación, su descenso a los infiernos en un mundo que se les cae encima,… temas que no son ajenos a Paul Schrader, el guionista de Taxi Driver y de Al lími...

Infiltrados (2006)

El inicio de Infiltrados (The Departed, 2006) es el de un Martin Scorsese metido de lleno en el crimen organizado; las imágenes lo desvelan y la voz en off de uno de los personajes, presentando un ambiente donde la cámara se mueve a sus anchas, lo confirma. En ese instante, presenta a Frank Costello (Jack Nicholson) y a un niño que, cuando el film salte varios años hacia delante, se convierte en un policía (Matt Damon) y en un topo, confidente de ese mismo hombre que le regala comida y unas monedas cuando era un crío. Aunque omitida en la pantalla, durante la infancia de Colin se establece la relación paterno-filial que continúa en el presente en el que Scorsese introduce al otro infiltrado, Billy (Leonardo DiCaprio), un joven cuya vida le ha deparado la sombra a la que parece seguir condenado cuando le indican que ha de ser un infiltrado en el crimen organizado. La propuesta de Scorsese no es novedosa, pero sí plenamente suya aunque se trate de una versión de la película hongkonesa J...

Gangs of New York (2002)

Aparte de su carrera de cineasta, Martín Scorsese es un amante del cine y, como tal, conoce las grandes películas de la historia y los nombres que las han hecho posible. Su cultura cinematográfica abarca no solo del cine estadounidense ni de una época concreta. Se extiende desde los orígenes hasta la actualidad, de occidente a oriente, de norte a sur. Junto a Francis Ford Coppola rescató del olvido internacional  Soy Cuba (Mikhail Kalatozov, 1964) o, en la época del rodaje de Uno de los nuestros (Godfellas, 1990), una de las película más influyentes de finales del siglo XX, se puso a las órdenes de Akira Kurosawa en Sueños (Yume, 1990), para dar vida a un Van Gogh onírico, y ya en el siglo XXI, el año del atentado de las “torres gemelas”, filmaba  —entre el 18 de diciembre de 2000 y el 30 de marzo de 2001— con Alberto Grimaldi, uno de los grandes productores del cine italiano, habitual colaborador de Pier Paolo Pasolini y ocasional de otros de similar talla: Federico Fel...

Los asesinos de la luna (2023)

Entre los diferentes pueblos e imperios americanos precolombinos había conquistadores y sometidos, pero la cotidianidad de los nativos y el equilibrio “grande se come a pequeño” que habían mantenido durante siglos tocaron a su fin con la llegada de los europeos. Imbuidos por una falsa superioridad moral, religiosa y cultural, se fueron asentando en las costas y, avanzado el tiempo, iniciaron su expansión hacia el interior, quedándose con los territorios de los nativos gracias a su única superioridad real: su capacidad militar (tecnológica, armamentística y organizativa). También debido a sus ganas de enriquecerse y a la ausencia de escrúpulos a la hora de hacerlo. Era la ley del “tomo lo que quiero porque puedo”, pero esta práctica abusiva no se inició en América, ni en la Edad Moderna, sino en los orígenes humanos. Empezó con los primeros pueblos conquistadores, allá por la prehistoria, que sería una historia muy larga e imprecisa para contar aquí y ahora. Así que adelantaré el pasado...

El contador de cartas (2021)

El fondo de sus personajes apenas difiere. Son tipos atrapados en el aislamiento, en busca de redención por aquello que se culpan. Ya desde Yakuza (The Yakuza, Sydney Pollack, 1974) se puede observar esa naturaleza en constante desasosiego que ahoga a los personajes de Paul Schrader. Solitarios, pero necesitados de compañía, de cercanía, de perdonarse y hallar el perdón. ¿Son culpables o solo viven bajo la culpabilidad que les habría inculcado una educación estricta y religiosa? ¿O una juventud que se tuerce y les conduce hacia ese momento que, ya pasado, continúa castigándoles en el presente? Lo cierto es que Schrader habla de lo que sabe. Construye historias íntimas y en ellas reflexiona una y otra vez sobre el individuo en busca del perdón, la redención que podría devolverle la paz y romper su soledad. La voz del protagonista (Oscar Isaac) de El contador de cartas (The Card Counter, 2021) se presenta a sí mismo y nos dice que fue condenado a diez años de cárcel, de los que cumplió...

El lobo de Wall Street (2013)

El dinero reaparece en algunas películas de Martin Scorsese como el aparente motor de sus protagonistas, pero, tras esa primera impresión, se comprende que no se trata de los dólares, o no exclusivamente. Más que nada, estos personajes persiguen su sueño —en realidad, vienen de vuelta y narran su trayecto vital, su ascenso y su caída, aunque mitigada por la ambigüedad del sistema que los amamanta— y solo lo pueden conseguir alejándose del trabajo común y honrado, el único que descartan porque saben que no enriquece, que no les dará acceso a formar parte del sueño americano ni a ser los triunfadores del sistema del que son hijos devotos, alumnos aventajados y maestros orgullosos de mostrarnos sus conocimientos, sus ilegalidades, sus intimidades, sus idas de olla. Son un tres en uno, sin el menor atisbo de arrepentimiento; si algo va mal, se reinventan y listo: todo vuelve a funcionar y así, ya desde su juventud, aspiran a ser lo único que anhelan ser, por ejemplo un gánster, un jugador...

Quiz Show (1994)

Cualquier mente despierta no precisa un máster en sociología ni ver sus emisiones diarias o semanales para saber que, como cualquier otro medio de comunicación y de expresión, la televisión también lo es de manipulación. Además, quien pretenda hacer un juicio más o menos acertado sobre el medio televisivo, debe tener en cuenta que, desde sus orígenes, funciona como negocio y espectáculo, destinado a las masas, con frecuencia dantesco, esperpéntico, sensacionalista y bochornoso —como bien expuso Federico Fellini en Ginger y Fred ( Ginger e Fred , 1985). Quiz Show (1994) lo apunta desde su inicio, cuando muestra el plató del popular concurso de preguntas y respuestas Twenty One donde Robert Redford , productor y director del film, pone en marcha uno de sus mejores trabajos tras las cámaras. Partiendo del guion de Paul Attanasio —su primer libreto para el cine—, que adapta el libro Remembering America: A Voice from the Sixties , de Richard Goodwin , el mediático actor, director y pro...

¡Jo, qué noche! (After Hours, 1985)

Su ciudad luce violenta en sus orígenes en los barrios bajos de  Gangs of New York (2002) y en la zona alta y elitista de La edad de la Inocencia ( The Age of Innocence , 1995). También en la periferia gansteril de Uno de los nuestros ( Goodfellas , 1990), en la soledad y redención de un  Taxi Driver (1976) o en el desenfreno nocturno de Al límite ( Bringing Out The Dead , 1999).  Apenas hace falta ver un par de películas de  Martin Scorsese  para comprender que la presencia de Nueva York es una de las señas de identidad de su cine. Las calles neoyorquinas en Scorsese son escenarios impredecibles, de vida y muerte, para las existencias que las pasean o las habitan, para aquellas que se cruzan por casualidad y esas otras que nunca se encontrarán, aunque quizá hayan entrado en la misma cafetería o viajado alguna vez a un taxi amarillo como el que conduce a Paul Hackett ( Griffin Dunne ) a su viaje al final de la noche y del Soho. En definitiva, las calles ...

Caza de brujas (1991)

<<¿Quién es el principal enemigo del preso? Pues otro preso. Si los reclusos no se pelearan entre sí, los mandos no tendrían ningún poder sobre ellos>> Alexandr Solzhenitsyn , Un día en la vida de Iván Denísovich Las palabras de Solzhenitsyn son aplicables a más ámbitos que el gulag, puesto que las peleas entre condenados son muestras de la lucha por la supervivencia, una lucha que pueda encontrarse en cualquier sociedad amenazada por el terror que permite a unos pocos ejercer el control sobre muchos. Los enfrentamientos no son fruto de la casualidad, se basan en el uso calculado del miedo —al hambre, al frío, a la violencia física, a la pérdida del bienestar...— que crece en los controlados a partir de amenazas directas o indirectas. Cierto que el gulag no es Hollywood, ni que los presos son los nombres de las listas negras, ni los burócratas estalinistas son los miembros de un comité que se supone democrático, pero es innegable que hay algo común. En ambos casos, quien co...

La edad de la inocencia (1993)

La tercera adaptación cinematográfica de la exitosa novela de Edith Wharton desarrolla la relación de Newland Archer ( Daniel Day-Lewis ) y la condesa Ellen Olenska ( Michelle Pfeiffer ) en fragmentos de tiempo robado —a la tradición de la alta sociedad neoyorquina, a su esnobismo y a la hipocresía de clase. Este es uno de los atractivos de La edad de la inocencia ( The Age of Innocence , 1993), que vive atrapada en los fragmentos temporales por los cuales la narradora omnisciente nos guía, sustituyendo al narrador en primera persona habitual en las películas de Martín Scorsese . La voz en off nos adentra en un cuento donde ni las costumbres, ni el lujo o la aparente elegancia y tolerancia (en realidad, inexistente) de la clase alta neoyorquina son autóctonas. Como la ropa o los cuadros, los comportamientos y el protocolo han sido importados o sencillamente copiados de la vieja Europa, de su aristocracia y alta burguesía. Esa ausencia de originalidad, provoca que los barrios altos de...

El irlandés (2019)

En el especial producido por  Netflix , como complemento de El irlandés ( The Irishman , 2019),  Martin Scorsese  apunta que se trata de una historia de <<lealtad, amistad y traición>>, pero ¿qué película de su ciclo gansteril, iniciado en  Malas calles  ( Main Street , 1973), no expone esos tres temas que afectan a prescindibles que anhelan el paraíso idealizado, donde todos charlan y ríen en las celebraciones y locales, pero donde todos han de rendir cuentas por sus actos y la mayoría muere de forma violenta? Aunque había realizado un esbozo previo en el cortometraje  No eres solo tú, Murray ( It's Not Just You, Murray , 1964),  Malas calles  fue la entrada a ese entorno de criminalidad donde se juntan ilusión y desilusión, juventud y veteranía, vida y muerte, jefes y mandados, principio y fin, un fin que en  El irlandés  resulta más evidente, amargo y temible, porque el anciano Frank Sheeran ( Robert De Niro ) lo h...

El rey de la comedia (1982)

La locura que se desata ante la presencia de Jerry Langford ( Jerry Lewis ) llama la atención al inicio de El rey de la comedia ( The King of Comedy , 1982), pues ¿quién comprende el por qué de la misma? ¿Qué reporta a los individuos que conforman la masa su acoso al famoso humorista? ¿Qué significa para ellos su autógrafo o tocar su cuerpo? No se trata de admiración por el trabajo o por la obra ajena, pues en esas primeras imágenes no hay admiración ni respeto, hay idolatría, obsesión y sinsentido, aunque, ¿qué idolatría u obsesión tienen sentido? Este momento indica la intención satírica de  Martin Scorsese  en su película, pero no se detendrá ahí, irá más lejos, ya que entre la multitud individualiza a Masha ( Sandra Bernhard ), la fanática admiradora que se encierra dentro del auto de la estrella -porque quiere poseerla-, y a Rupert Pupkin ( Robert De Niro ), el hombre que parece tranquilo y que socorre a Jerry. Pero Pupkin ni es tranquilo ni socorre, también quiere algo,...