Vivimos como si fuéramos eternos, comenta el narrador interpretado por Paul Bowles (el autor de la novela que inspira el film), aunque no son estas sus palabras exactas, para poner de manifiesto nuestra mortalidad y nuestra brevedad bajo el cielo, nuestro reino temporal, finito, sensitivo, emocional. Y esa finitud pasa desapercibida mientras susurra la agonía de la infinitud en la que vivimos o creemos vivir, porque el desconocimiento de nuestra muerte nos protege creando el espejismo que refleja nuestro presente eterno. El cielo protector ( The Sheltering Sky , 1990) no es tanto la historia que cuenta como las sensaciones que transmite, las que le dan sustancia y le confieren la sensibilidad que desborda. O quizá fuese mejor decir que ese mundo sensitivo es el que genera las sensaciones que Bertolucci comunica a través de imágenes que no solo llegan visuales; pues, prácticamente, el cineasta italiano logra despertar los cinco sentidos. Parece que apela a ellos, aunque el ...