Si uno se atiene a su origen etimológico, la jubilación, del latín “jubilare”, debería ser un momento de desbordante alegría. Literalmente, el jubilado debería saltar y lanzar gritos de alegría por su nueva situación. Sin embargo, no todos viven ese instante como una liberación alegre que le posibilitará, más tarde que temprano, el acceso a su tiempo, el cual, hasta entonces, no le había pertenecido por entero. Para muchas personas que llegan a la edad de verse obligadas a dejar de laborar, no es un instante festivo; incluso puede resultar lo contrario y ser un momento terrible, así parece vivirlo el inolvidable Umberto D. En ocasiones, la jubilación despierta a un periodo que obliga a enfrentarse a sí mismo, entre otras realidades —la monetaria, la afectiva o la vejez que llama— que hasta entonces han sido acalladas o han pasado desapercibidas en una vida dedicada al mismo trabajo, al mismo horario, a la misma rutina. En la celebración de su jubilación, Schmidt (Jack Nicholson) ya se ...