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Mostrando las entradas etiquetadas como david mamet

Casa de juegos (1987)

¿Quiénes y cuántos somos? Por Antonio Pardines El mismo año que Brian De Palma rodaba con éxito el guion de Los intocables ( The Untouchables , 1987) escrito por David Mamet, se produjo el debut en la dirección de películas de este prestigioso dramaturgo en Casa de juegos ( House of Games , 1987), un film en el que ya asoma el Mamet cinematográfico en toda su madurez, desarrollando sus constantes: un reparto más o menos estable (Joe Mantegna, William H. Macy, Ricky Jay…), personajes trabajados, diálogos, relaciones humanas, también entre el control y el azar y el engaño... sin olvidarse de dotar a todo ello de un ritmo y de unas formas cinematográficas que aquí se ajustan al estudio de los personajes, pues en ellos se detiene la cámara para observarles. Para Mamet son casos clínicos, es decir, dignos de estudio. De algún modo, todos lo somos y el autor de American Buffalo así lo comprende y lo asume, ya trabaje para expresarse en un escenario o proyectado sobre una pantalla. Dos med...

State and Main (2000)

El inicio de siglo llevó a David Mamet a la comedia coral sobre el rodaje de una película en una pequeña y tranquila localidad del fronterizo estado de Vermont, al noreste de Estados Unidos, en la que el prestigioso dramaturgo enreda la situación para desvelar, desde un tono irónico, en ocasiones satírico, algunos aspectos que el público desconoce porque no asoman en la pantalla ni en las alfombras rojas. Tampoco los sacan a relucir los departamentos de publicidad de los distintos estudios ni los medios, salvo que alguna revista o programa los descubra y pretenda aumentar sus ventas o su audiencia con titulares y fotos exclusivas que apelen a la morbosidad pública. Así, a lo largo de los minutos, van asomando desde los caprichos de las estrellas hasta la resolución de problemas con las autoridades locales, pasando por el comportamiento del director (William H. Macy), un tipo que puede ser ángel o diablo, según le exija la situación —esas dos caras las muestra, por ejemplo, con su actri...

Hoffa (1992)

Uno de los temores de Thomas Jefferson fue que su país cayese en manos de una elite que lo controlase todo. Tal vez no se dio cuenta de que ya lo estaba y que él pertenecía a ella, pero el caso es que temía eso porque, de suceder, la democracia en la que creía y que defendía correría el riesgo de ser una oligarquía en cubierta, en la que unos pocos controlarían al resto. Para evitarlo estaban la Constitución y las leyes, que funcionan en teoría y según la interpretación —solo cabe pensar en el principio de igualdad, incumplido porque el dinero y el poder desigualan en cualquier rincón del mundo, diga lo que diga un papel, incluso la pertenencia a un grupo étnico y el sexo desigualan o lo hicieron en un pasado no muy lejano—, puesto que la práctica se distancia de la teoría, para ser espejismo del ideal inexistente en la realidad de las calles, de los guetos, de las casas, de las familias, de las fábricas, de los juzgados, de las carreteras, de los trabajadores, de la marginalidad… e in...

Las cosas cambian (1988)

Don Ameche vivió en la década de los ochenta lo que se puede considerar como su segunda época dorada; la primera la tuvo en los años treinta y cuarenta, con títulos tan destacados como Chicago ( In Old Chicago , Henry King, 1938), Medianoche ( Midnight , Mitchell Leisen, 1939) y El diablo dijo no ( Heaven Can Wait , Ernst Lubitsch , 1944). En los ochenta se dejó ver en Entre pillos anda el juego ( Trading Places , John Landis, 1984) y cobró protagonismo en la exitosa Cocoon (Ron Howard, 1985) y en su menos interesante secuela, pero su mejor aportación durante aquellos años le llegaría de la mano de David Mamet, en un film en el que compartió protagonismo con Joe Mantegna, me refiero a Las cosas cambian ( Things Change , 1988), la segunda película dirigida por el prestigioso dramaturgo, que había debutado tras las cámaras en La casa del juego ( House of Games , 1987). En Las cosas cambian, Ameche exhibe un saber estar encomiable como actor, el que transmite a su personaje: un don...

La cortina de humo (1997)

La relación entre medios, cine, política, propaganda y público, que se traga todo cuanto le echan y más, pues su imaginación hará más grotesca cualquier farsa que le cuenten, queda satirizada por Barry Levinson en La cortina de humo ( Wag the Dog , 1997), en la que el artífice de Rainman (1988) se desmelena a partir del guion que Hilary Henrik y David Mamet adaptaron del libro de Larry Beinhart Parte de guerra ( American Hero ). En ambos casos, novela y película, la realidad inspira —era la época en la que estaba a punto de estallar el “Escándalo Lewinsky”, que acapara las portadas en enero de 1998—, aunque en la segunda la presencia de estrellas de la talla de Dustin Hoffman y Robert De Niro obliga a dejar vía libre a su lucimiento, el que dudo juegue a favor de la sátira; pero esto cae en mi terreno dubitativo. Por otra parte, la propaganda no es magia, pero casi, pues es capaz de hacer visible lo invisible y viceversa. Además, “tachán-tachán”, puede convertir lo bueno en malo, lo...

Ser o no ser, a falta de cerrar el circulo

Una película da muchas vueltas antes de llegar a la pantalla, a veces también a las manos que le darán forma definitiva. Existen guiones que se dejan en el cajón y allí se olvidan hasta que alguien los rescata, si se da el caso; o, mismamente, un primer escrito pasa de mano en mano y unos le añaden y otros lo recortan para dar forma a uno totalmente distinto. De ahí que, a veces en los créditos de una película italiana de la década de 1950 o 60, apareciesen acreditados cinco o seis nombres como autores del guión. En el Hollywood clásico, cuando se daba el caso, lo habitual era acreditar en la pantalla a los últimos que trabajaban el texto o a los más prestigiosos o a quienes tenían en nómina. Eran empleados y se debían a la empresa para la que trabajaban. Algo similar sucedía con los directores, que, salvo excepciones, también eran asalariados bajo contrato. Aún hoy, cuando se trata de una producción financiada dentro de la industria cinematográfica, puede suceder que el primer elegido...

Nunca fuimos ángeles (1989)

<<Aprendo continuamente toda clase de lecciones de Hollywood. Acabo de escribir una película para [el productor] Art Linson [ Nunca fuimos ángeles ], y el principio era muy lánguido. Linson me dijo: “Tienes que empezar con una gran explosión”, y yo le contesté: “Ramera —siempre lo digo, es mi saludo judío—, no sabes lo que dices, cerdo, yo ya me ganaba la vida como dramaturgo cuando tú no eras más que un pelagatos”. Pero él siguió dando la vara con que si ya tienes la atención del público cuando se levanta el telón, ¿por qué has de volver a recuperarla? Así que aprendí una buena lección de mis discusiones con Linson. Ahora los primeros diez segundos de mi guion incluyen una azotaina, una electrocución y una fuga de la cárcel.>> (1) Pero lo  que más me interesa de Nunca fuimos ángeles (We’re No Angels, 1989), versión escrita para la pantalla por David Mamet y que Neil Jordan realiza a partir de la obra teatral de Bella Spewack y Sam Spewack y la original de Albert Husso...

Homicidio (1991)

Las películas de David Mamet, sus incursiones en el thriller y el cine negro de finales de siglo XX no busca acción por acción, no pretende giros en el guion, aunque La trama (The Spanish Prisioner, 1997) y El último golpe (Heist, 2001) presenten sorpresas, sino hablar de los personajes, de su interioridad y del mundo que habitan, reflejo del nuestro. En ese espacio cinematográfico, el autor de American Buffalo habla de la justicia, de la ley, de la ética, de la moral. Mamet se sumerge en entornos como el policial de Homicidio (Homocide, 1991), donde descubrimos a Bobby Gold (Joe Mantegna), un detective judío que, una vez lo conozcamos, comprendemos que siente que vive en un mundo de “mierda”. No solo por la criminalidad, sino por el racismo, el engaño, los intereses en la sombra, su desarraigo, pues siempre se ha sentido intruso, la violencia, la locura que empuja un hombre a matar a su mujer e hijos, la traición, incluso por amor —la madre que traiciona al hijo para salvarle, aun...

Glengarry Glen Ross (1992)

<<Cuando escribes para el teatro, los derechos de autor te pertenecen. La obra es tuya, y nadie puede cambiar una palabra sin tu permiso. Cuando escribes para el cine, eres un empleado al que se contrata para que entregue un producto, y ese producto puede ser modificado según el capricho de quien te ha contratado>>. Pero si ese guión lo firma un reputado autor teatral, que adapta la prestigiosa obra por la cual le fue concedido el premio Pulitzer, la diferencia señalada por David Mamet en su libro  Una profesión de putas  ( A Whore's Profession , 1994) (1) se atenúa hasta casi desaparecer. Resulta obvio que no se tratará igual un guión firmado por alguien desconocido, sin apenas prestigio dentro de la industria y sin poder dentro la producción, que a uno de los grandes dramaturgos estadounidenses vivos que adapta al cine su  Glengarry Glen Ross (1983). En este caso las modificaciones son menores, ya sea por el interés de los productores en mantenerse f...

Veredicto final (1982)

En su debut en la dirección de largometrajes,  Sidney Lumet  llevó a la gran pantalla la historia que Reginald Rose había escrito para la cadena televisiva CBS  (1), en la que doce miembros del jurado se reúnen a deliberar en una sala que se convierte en el escenario de palabras, pensamientos, enfrentamientos y prejuicios. Ellos son el centro de la ópera prima de Lumet , el acusado, los testigos, los abogados o el juez no tienen presencia entre esas cuatro paredes, salvo en los recuerdos de quienes son aislados para dictaminar si un hombre vive o muere. Años después, con títulos tan destacados como comprometidos en su haber — Punto límite  ( Fail-Safe , 1964),  La colina  ( The Hill , 1965),  Serpico  (1973),  Tarde de perros  ( Dog Day Afternoon , 1975) o Network  (1976)—, el director de  Doce hombres sin piedad  ( Twelve Angry Men , 1957)  regresó al drama judicial. Aunque, al contrario que en aquel magistral encie...

Ronin (1998)

A los mercenarios de  Ronin  (1998) no les mueve más idea que el dinero, sin preguntas, sin respuestas, sin honor.  Ronin  muestra parte de esa nueva identidad en la que ya no hay un señor (ideología) a quien servir, convirtiendo a sus espías en parias que habitan en un espacio donde venden sus servicios; de ese modo se descubre que el grupo que reúne Deirdre ( Natascha McElhone ) está formado por ex-agentes de diferentes condiciones y posiciones, como Sam ( Robert De Niro ), ex miembro del bloque occidental, o Gregor ( Stellan Skarsgard ) ex-agente del bloque del este. El grupo de  Ronin  no tiene más motivación que el dinero, conscientes de que ni pueden ni deben preguntar para quién o por qué trabajan, ya que de ellos sólo se espera que cumplan con su cometido. Sin embargo, el film de  John Frankenheimer  no es un film de espionaje, sino un thriller de acción que gira entorno a una excusa argumental  que consiste en la recuperación de una ...

Los intocables de Eliot Ness (1987)

Entre los años 1959 y 1963, la cadena ABC emitió las cuatro temporadas de la serie de televisión Los intocables de Eliot Ness , un enorme éxito de audiencia en los Estados Unidos, en ella se desarrollaba la lucha que el agente federal Eliot Ness (interpretado por Robert Stack ) y sus intocables mantenían contra el imperio del crimen organizado; veinticuatro años después, el director Brian De Palma  se encargó de la adaptación del guion cinematográfico escrito por  David Mamet , realizando una de las primeras y mejores conversiones de una serie de culto en película. Chicago (Illinois), año 1930, Al Capone ( Robert De Niro ) ha alcanzado la cima del mundo; el lujo le rodea y los periodistas ríen sus comentarios carentes de gracia; él es quien manda en la ciudad, gracias a una mala ley (como lo fue la de la prohibición de la distribución y venta de alcohol) responsable directa e indirecta del nacimiento del crimen organizado creado con el único fin de enriquecerse con la venta d...