Noches claras y días oscuros (fragmento), por Evgenia Ginzburg* <<Hablábamos veinte horas diarias hasta casi perder la voz. La moral era alta: nos sostenía el convencimiento de que el hombre, gracias a la palabra, se halla siempre en condiciones de entrar en relación con sus semejantes. En poco tiempo supe, hasta en los detalles más nimios, no solo el currículum vitae de Julia, sino también la biografía de todos sus parientes, hasta los de tercer grado. Durante horas recitábamos versos. Nos contábamos las noticias ya viejas de la Butirka. Luego, por reacción, un día nos quedamos taciturnas y comenzamos a pensar en las posibles soluciones de nuestro drama; mentalmente recorríamos los caminos más dispares, pero cada vez con mayor frecuencia la única salida era la muerte. La salvación de nuestros pensamientos nos llegó de forma completamente inesperada. Se abrió el ventanillo y apareció un folleto parecido a un diario de clase. Tras el folleto, la cabeza de color de estopa del carce...