La China moderna es un país que se abre al mundo, toma de él y lo replica para hacer que el mundo entre dentro de su Muralla. No se trata de querer que China sea el mundo o viceversa, sino de mantener el dudoso equilibrio entre un sistema económico, otro político y otro humano, un tres en uno que empezó a gestarse tiempo atrás y que en los albores del siglo XXI deja notar las consecuencias —desarrollo tecnológico, deshumanización, éxodo, encierro, apertura, pérdida de identidad, riqueza, pobreza— de la combinación de liberalismo económico, dictadura, globalización y (super)población. La nueva China es ambigua y dicha ambigüedad queda patente en el cine realizado por la generación de cineastas a la que pertenece Jia Zhang-ke , la que empieza a hacer cine en la década de 1990. Esa sexta generación de realizadores fue la juventud heredera de las consecuencias de aquel momento en el que, para situar a China entre las potencias mundiales, Deng Xiaoping inició su plan de desarrollo a largo p...