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Mostrando las entradas etiquetadas como charles laughton

El capitán Kidd (1945)

El pirata que quiso ser aristócrata Por Antonio Pardines Una aventura de piratas más oscura de lo habitual en la que ni el héroe ni el villano caen bien. Sobre todo el primero, un aristócrata que carece de peso emocional, aunque busca vengar la muerte de su padre y limpiar su buen nombre. Pero, precisamente por esa cualidad de no resultar simpáticos y de que su héroe no robe lo mejor de la película —el brillo de la amoralidad de su verdadero protagonista—, El capitán Kidd ( Captain Kidd , 1945) funciona como un oscuro cuento lejos del divertimento de las populares producciones Warner con Errol Flynn en plan heroico prístino — Capitán Blood ( Captain Blood , 1934) y El halcón del mar ( The Sea Hawk , 1940), ambas realizadas por Michael Curtiz— y de las posteriores evasiones como la no menos mítica El temible burlón ( The Crimson Pirate , Robert Siodmak, 1952). En esta aventura, que más semeja una de cine negro, mezcla de intriga y comedia negras, las piruetas circenses, el histrioni...

Galileo (1974)

Los orígenes teatrales de Joseph Losey regresaron con fuerza en Galileo (1974), no solo porque adaptaba a la gran pantalla la pieza teatral de Bertolt Brecht , sino porque esa misma obra fue la que el propio Losey puso en escena en 1947, poco antes de verse obligado a abandonar su país de origen. Por entonces, barajaba la idea de llevarla a la pantalla, pero su intención no se materializó hasta 1974. De haberla filmado entonces, estaríamos hablando de otro film, aunque similar debido a su origen. No obstante, habría diferencias importantes, las marcarían el paso del tiempo, los cambios cinematográficos y la evolución en el pensamiento de  Losey , quien, en el presente del rodaje, quizá vio una oportunidad para mirar hacia su propio pasado y ajustar cuentas con la intolerancia y la persecución de la que fue víctima. Si en la realidad Galileo fue silenciado por la Iglesia, para evitar lo inevitable, en manos del cineasta estadounidense, el personaje se convirtió en alegoría de l...

El caserón de las sombras (1932)

Las circunstancias en las que Roger Penderell ( Melvyn Douglas ) canta " Singin' in the Rain " -compuesta por Arthur Freed y Nacio Herb Brown para The Hollywood Revue of 1929 ( Charles Reisner , 1929)- son muy distintas a las que llevarían a Gene Kelly a hacer lo propio dos décadas después en una de las cimas del cine musical. En el film de James Whale , la canción, entonada durante apenas diez segundos, no denota el optimismo de las imágenes de Kelly chapoteando y bailando, suena en la distancia, cínica y burlona, bajo la inclemente tormenta que se desata en la noche y sorprende a los tres ocupantes del automóvil que se desplaza en la solitaria y tempestuosa oscuridad. Necesitan un lugar donde guarecerse del intenso manto de lluvia, del vendaval que lo acompaña y de los desprendimientos de tierra que amenazan el paso del vehículo. Precisan un refugio que evite cualquier tipo de accidente, y la casualidad pone en el camino un sombrío y viejo caserón. Llaman a la pu...

La vida privada de Enrique VIII (1933)

El primer gran éxito internacional del cine británico fue obra de un cineasta húngaro que, tras recorrer distintos países y ser contratado por Paramount para dirigir su filial británica,  arribó a Inglaterra en 1931.  Por aquel entonces,  Alexander Korda   ya era un director experimentado a quien n o le gustaba estar atado de pies y manos, atadura que había experimentado durante su etapa en Hollywood, de donde salió decepcionado, sin apenas dinero en los bolsillos y con una visión más amplia de la industria cinematográfica. Pero  Korda era un superviviente ambicioso y con recursos, un pionero que supo aprovechar sus conocimientos, sus contactos y su afán de independencia para crear su imperio cinematográfico. Sin fortuna propia, pero con facilidad para convencer a quien sí la poseía, el futuro "Sir" buscó el apoyo financiero que le permitiese realizar una película de bajo coste que produjese beneficios suficientes para consolidar su empresa. Ese éxito si...

Rembrandt (1936)

Su Hungría natal, Austria, Alemania, Estados Unidos, Francia, fueron los países donde Alexander Korda  desarrolló su carrera desde 1914 hasta 1931, año en el que llegó a Reino Unido para rodar una producción  Paramount , pero, tras esta experiencia inglesa, decidió quedarse y fundar su productora  London Film . El estudio se asentó con  La vida privada de Enrique VIII  ( The Private Life of Henry VIII , 1932) cuyo éxito internacional convirtió a  Korda  en uno de los productores independientes más importantes del cine británico. La película también implicó su encuentro con  Charles Laughton , cuya interpretación del monarca inglés, en exceso teatral, lo catapultó entre los actores más reconocidos y admirados de la época. Con sus carreras cinematográficas afianzadas, ambos volvieron a reunirse tres años después para filmar Rembrandt (1936). Producida y dirigida por Korda , el biopic se centra en la figura del hoy famoso y venerado pintor holandés ...

El proceso Paradine (1947)

Las ambiciones artísticas de David O. Selznick hicieron de él un productor independiente con aspiraciones cinematográficas "más grandes que la vida", así lo corroboran superproducciones como  Lo que el viento se llevó ( Gone to the Wind ; Victor Fleming , 1939) o  Duelo al sol ( Duel at Sun ; King Vidor , 1946) y su constante intervención en los rodajes de las películas que produjo. Por su parte, Alfred Hitchcock  era un cineasta consecuente con sus intenciones e intereses creativos, además de ser uno de los directores más importantes de Inglaterra, cuando se produjo su encuentro con Selznick . Antes del rodaje de Posada en Jamaica ( Jamaica Inn , 1939), el productor estadounidense ofreció al realizador británico un contrato para rodar en Hollywood un film sobre la trágica travesía del Titanic, pero aquel proyecto sobre la catástrofe del transatlántico quedó en nada y la asociación de los dos egos dio como primer fruto Rebeca ( Rebecca , 1940), a la que seguirían...

El signo de la cruz (1932)

A pesar de o gracias a sus libertades históricas, de personajes caricaturescos y de algunos diálogos y situaciones que rozan lo ridículo,  El signo de la cruz  ( The Sign of the Cross , 1932) posee atractivos tan destacados como  la presencia de  Claudette Colbert , cuya sensualidad quedó recogida en varios momentos del film, y una narrativa ágil destinada a  entretener a los espectadores de la época. Pero vista en la actualidad, la trama resulta simplista en su intención de enfrentar dos conceptos tan ambiguos y complejos como lo son el bien y el mal, ya que ambos forman parte de la dualidad humana, como demuestra la  perspectiva histórica de Nerón, cuya ambición desmedida provocó que asesinara a varios miembros de su familia así como a Séneca, su mentor, pero también propició el plan urbanístico que modernizó Roma hasta el punto de convertirla en modelo para construcciones urbanas posteriores. Sin embargo este personaje de personalidad desequil...

La isla de las almas perdidas (1932)

La ley del sometimiento Por Antonio Pardines La figura del científico visionario, cuyo afán idealista transgrede los límites de la ética, encuentra su origen literario en el Victor Frankenstein ideado por  Mary Shelley , a raíz de este personaje surgirían otros ilustres de la literatura del siglo XIX y principios del XX como el Doctor Jekyll o su homólogo Moreau, que también serían fuente de inspiración para las producciones cinematográficas de terror que proliferaron en la década de 1930. En ellas se combinaron con acierto horror, ciencia-ficción y la presencia de  mad doctors como Jekill en  El hombre y el monstruo ( Dr. Jekyll and Mrs Hyde ,  Rouben Mamoulian , 1931), Frankenstein en  El doctor Frankenstein ( Frankenstein ,  James Whale , 1931) Gogol de Las manos de Orlac ( Mad Love , Karl Freund , 1932), Moreau de La isla de las almas perdidas ( I sland of Los Souls ,  Erle C. Kenton , 1932) y otros tantos científicos que, en su obsesiva búsq...

Rebelión a bordo (1935)

Como curiosidad decir que  Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty)  es la única producción en la que sus tres actores principales optaron al Oscar al mejor actor por sus interpretaciones en una misma película. Sin embargo, ni Charles Laughton (ganador dos años antes gracias a su papel protagonista en La vida privada de Enrique VIII ), ni Clark Gable (vencedor en la edición anterior por su interpretación en Sucedió una noche ) ni Franchot Tone (nunca tuvo la fortuna de conseguir el premio) se alzaron con la estatuilla, que fue a parar a manos de  Victor McLaglen  por su trabajo en  El delator ( John Ford , 1935), la triunfadora de la octava edición de los famosos premios. Pero lo más interesante de Rebelión a bordo , que de sus ocho nominaciones solo ganó la de mejor película, se encuentra en su primera mitad, durante la cual  Frank Lloyd  ofreció aquéllo que se espera de una buena aventura marina. En ella se descubre al joven e inexperto guar...

El déspota (1953)

Viudo, huraño, despótico, tiránico, y no menos tacaño, se descubre a Henry Horatio Hobson ( Charles Laughton ) rodeado de sus tres hijas; a dos de las cuales pretende casar lo antes posible (y a poder ser sin dote), para así librarse de sus presencias y manutención. En sus intenciones también se contempla que Maggie ( Brenda de Benzie ), la mayor, se quede para servirle, pues la eficiencia de ésta es indispensable para la buena marcha del negocio y del hogar. El pensamiento del patriarca muestra una clara tendencia a preocuparse única y exclusivamente por sus intereses, sin pensar en cómo estos afectan a quienes le rodean, aunque los satélites sean sus propias hijas. Este zapatero de éxito resulta ser un egoísta empedernido, a quien le gusta reunirse con sus amiguetes en el pub, donde demuestra su gusto por la bebida y su capacidad para la oratoria exagerada, de la que se sirve para alardear de su absoluto control del negocio y de la familia. El déspota (Hobson's choice)  fue la se...

Tempestad sobre Washington (1962)

El sistema judicial en  Anatomía de un asesinato  ( Anatomy for a Murder , 1959), la Iglesia Católica en  El cardenal ( The Cardinal , 1963) y la política en Tempestad sobre Washington ( Advise and Consent , 1962) muestran a un  Otto Preminger  que se adentra con valentía en tres espacios que disecciona sin rehuir el conflicto ni la crítica.  La perspectiva del cineasta es comprometida y, en este caso concreto, nada favorecedora de un ámbito, el político, donde prejuicios, medias verdades o mentiras e intereses parecen ser aceptados como parte de la ambigüedad del un sistema tolerante con algunos aspectos e intolerante con cuestiones ideológicas o personales que nada tendrían que ver con los asuntos a debatir en esa sala donde se presupone que toda la nación se encuentra representada.  En cualquier película se pueden descubrir aspectos que muestran parte de la época de su rodaje: costumbres, ...

Esmeralda, la zíngara (1939)

La caída de Constantinopla en 1453, la imprenta de Guttemberg, inventada alrededor de 1440, y la arribada en 1492 de Cristóbal Colón a America son momentos clave de la humanidad que señalan el fin de la Edad Media e inician una nueva época, supuestamente moderna, en la que el pensamiento empieza a liberarse de cadenas pasadas y situará al ser humano en su centro de interés. El medioevo se cierra y la historia europea se abre al renacer, al humanismo de Vives, Moro y Erasmo, a la posibilidad de evolucionar y moverse de un estado inicial de aparente inmovilidad e ir acelerando (hasta prácticamente dejarse ir sin frenos), pero esa ilusión de progreso conlleva una reacción en sentido contrario, pues siempre existe un movimiento que reacciona ante los cambios que amenazan el “status quo” establecido hasta entonces. El medievo vive en el imaginario popular como un periodo oscuro, imagen de tinieblas que suele omitir que no fue más tenebroso que otros que pasan por luminosos y en cuyas sombr...

Nobleza obliga (1935)

Elegante, irónico y divertido,  Leo McCarey  se ríe de las diferencias de clases, decantándose por la igualdad a la que se alude en determinados momentos de  Nobleza obliga ( Ruggles of Red Gap , 1935),  la misma equivalencia que a Ruggles  ( Charles Laughton )  le cuesta aceptar porque no está acostumbrado a ser un igual, aunque no tardará en acostumbrarse a las nuevas costumbres que encuentra en un pueblo donde, para sorpresa de todos, es el único que recuerda las palabras de Abraham Lincoln, aquellas que le ayudan a comprender que, en la medida que le corresponde y que el sistema le consiente e indica, puede decidir su ahora y su después. Pero antes de verle asumir su nueva condición, vive sin saber que una  mala mano en una partida de cartas puede traerle consecuencias imprevisibles, imprevistos que Ruggles  sufre en su propia piel cuando Earl de Burnstead ( Roland Young ), el "lord" al que sirve, le comunica que le apostó y perdió la noch...