Hamlet, un mal despertar Por Antonio Pardines La muerte paterna despierta a Hamlet a su propia mortalidad. Entonces deja de ser un niño y se convierte en adulto e inicia su caminar por una existencia en conflicto. Ahora asoman las ideas de finitud, del olvido, de vivir en la pérdida: de la infancia, de la juventud, de los seres queridos, de aquellas cuestiones e impresiones que creía verdades inalterables, incluso de quien creyó ser. Ante él y en él, la pérdida se le destapa sin concesiones; y Hamlet debe aprender a vivir en ella y con ella. Por eso duda; por eso este príncipe que vivió días dichosos en Elsinor —su paraíso infantil y protegido de los claroscuros que se presentan tras el impacto— siente que su mundo se viene abajo. Aquellos días de felicidad y seguridad, en los que idolatraría a la figura paterna sin pensar en <<los turbios delitos que cometió en sus días naturales>>, dan paso a la desprotección y al duelo. Despierta a una realidad desconocida, en la que se ...