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Mostrando las entradas etiquetadas como william shakespeare

Fragmentos de nada: Hamlet, un mal despertar

Hamlet, un mal despertar Por Antonio Pardines La muerte paterna despierta a Hamlet a su propia mortalidad. Entonces deja de ser un niño y se convierte en adulto e inicia su caminar por una existencia en conflicto. Ahora asoman las ideas de finitud, del olvido, de vivir en la pérdida: de la infancia, de la juventud, de los seres queridos, de aquellas cuestiones e impresiones que creía verdades inalterables, incluso de quien creyó ser. Ante él y en él, la pérdida se le destapa sin concesiones; y Hamlet debe aprender a vivir en ella y con ella. Por eso duda; por eso este príncipe que vivió días dichosos en Elsinor —su paraíso infantil y protegido de los claroscuros que se presentan tras el impacto— siente que su mundo se viene abajo. Aquellos días de felicidad y seguridad, en los que idolatraría a la figura paterna sin pensar en <<los turbios delitos que cometió en sus días naturales>>, dan paso a la desprotección y al duelo. Despierta a una realidad desconocida, en la que se ...

Enrique V (1944)

En dramas históricos como Enrique V , menos brillante, más conservador y patriótico que sus tragedias Macbeth , El rey Lear , Hamlet u Otelo , William Shakespeare no se plantea el orden político-social. Lo asume inalterable. En todo caso, es comprensible, ya que Shakespeare, como empresario y autor popular entre el público burgués de su época, quiere entretener, emocionar, conquistar y llenarse los bolsillos. Eso forma parte de su grandeza: saber combinar lo comercial y lo creativo, sentando las bases del teatro moderno, plantando semillas emocionales en sus protagonistas y recogiendo tempestades. Pocos como él han logrado tal equilibrio y, quizá, sin contar a los tres grandes del teatro clásico griego, ninguno su influencia posterior en el mundo de las artes escénicas. En varias de sus obras, el autor isabelino encuentra en la monarquía y la aristocracia a sus personajes principales, cuyos motores existenciales difieren para crear tipos más allá del héroe y del villano, aunque alguno...

Ricardo III (1955)

La tercera y última adaptación cinematográfica que Laurence Olivier realizó a partir de dramas shakespearianos, Ricardo III ( Richard III , 1955), es también la más aburrida y teatral de las tres, teatralidad cansina que se agudiza en su versión completa, que arrastra su ritmo pesado por los decorados donde Olivier intenta lucirse dando vida al ambicioso arribista y protagonista de la película. <<Me temo que cuando alguna vez vuelven a ponerla, por culpa de un respeto mal entendido, dan siempre la versión completa, aunque yo ahora la prefiero cortada, sobre todo las escenas de la batalla.>> (1) La batalla referida por el británico solo ocupa una mínima parte del conjunto, la final, pero el resto se desarrolla en espacios que insisten en el origen teatral de las imágenes que se proyectan en la pantalla; la representación que se escenifica en Ricardo III resulta menos inspirada que la más imaginativa y descarada de Enrique V ( Henry V , 1944), la primera de las tres adapta...

El sueño de una noche de verano (1935)

Treinta años antes del rodaje de El sueño de una noche de verano ( A Midsummer Night’s Dream , 1935), Max Reinhardt estrenaba su famosa puesta en escena de la comedia de William Shakespeare en Berlín. El éxito fue descomunal y, desde aquella, los aplausos y las críticas favorables se sucedieron por las diferentes ciudades y países donde exhibió su espectáculo, que llegó a Nueva York en 1927 y a California en 1934. La magnífica acogida de la obra teatral en su gira californiana fue una de las razones que William Dieterle expuso a los ejecutivos de la Warner para que produjesen una versión cinematográfica con Reinhardt al frente. Tras sus dudas iniciales, Jack Warner acabó cediendo. La posibilidad de contar con la fama de uno de los nombres más populares e importantes del panorama cultural mundial —cuyo nombre se uniría en el cartel promocional al de Shakespeare y Mendelssohn —, a ojos de alguien como Warner , desinteresado en la cultura, pero interesado en el negocio, significaba...

Othello (1951)

En la tragedia de Shakespeare , tras convencer a Rodrigo de la posibilidad de conquistar a Desdémona, recién desposada con Otelo, y de repetirle ocho veces que meta dinero en su bolsa, Iago se queda solo y exterioriza su pensamiento para que el público pueda escucharle decir: <<Así hago siempre de mi loco, mi bolsa; pues profanaría mi propio conocimiento adquirido si gastara el tiempo con tal idiota si no fuera para mí diversión y provecho. Odio al Moro, y por ahí se piensa que ha ocupado mi función entre mis sábanas. No sé si es verdad, pero yo haré, por una mera sospecha de esa especie, como si estuviera seguro. Cassio es un hombre decente. Voy a ver ahora, cómo ocupar su lugar y empenechar mi voluntad con doble villanía. ¿Cómo, cómo? Vamos a ver. Al cabo de algún tiempo, insinuar en los oídos de Othello que tiene demasiada familiaridad con su mujer. Tiene un aspecto y un carácter suave, del que hay que sospechar; está hecho como para hacer traidoras a las mujeres. El Moro es d...

Mi Idaho privado (1991)

Si la vida es sueño y pesadilla, ¿qué es real o a qué llamamos realidad? ¿Es para todos la misma o depende del lugar que ocupe el sujeto? ¿O de un punto de partida del que uno apenas se distancia, por mucho que se aleje o crea alejarse? “Hacia dónde vamos” es una pregunta sin respuesta única, incluso es una pregunta que, en la mayoría de vidas, se antoja innecesaria, si aceptamos como válidos los versos de Antonio Machado , <<Caminante no hay camino, se hace camino al andar>>. Pero ¿qué sucede si el andar te lleva a ninguna parte o de regreso al punto de partida? Eso parece que sucede al drogadicto de Drugstore Cowboy (1989), que, tras decidir desintoxicarse, irónicamente concluye sus andanzas camino de un hospital donde sabe que lo atiborrarán de drogas, y al joven narcoléptico interpretado por River Phoenix en Mi Idaho privado ( My Own Private Idaho , 1991), quien, condenado al eterno retorno, regresa una y otra vez a la carretera donde, según quien mire, duerme o desp...

El rey Lear (1970)

La Locura se elogia a sí misma en un tratado sin desperdicio en el que satiriza a la sociedad contemporánea de  Erasmo y Tomás Moro . En uno de los apartados hace alusión a la figura del bufón, de quien dice que <<mantienen la alegría, gracias a su ingenio y a sus pasatiempos, en cuantos le rodean; por eso se los estima tanto en los palacios, y hasta, a fuer de locos, se les consiente que sean sinceros...>> 1 A buen seguro, este apunte de la locura no pasó desapercibido para William Shakespeare cuando escribió El rey Lear , obra en la que pocos son los personajes que dicen la verdad sin pagar por ello —véase el caso de Kent, cuya recompensa es el destierro. Solo el bufón parece poseer tal privilegio: el de hablar con la lucidez de aquel a quien toman por tonto, pero que, entre tonterías y risas, reflexiona con sentido y, protegido por la imbecilidad que le atribuyen, apunta v...

Hamlet (1964)

Las emociones en los personajes de  William Shakespeare  están a flor de piel. Nacen en sus luces y sombras, en su humanidad. Desvelan su existencia, ese ser y no ser en el que Hamlet se debate porque la duda y el conflicto pertenecen a su naturaleza humana. Son psicologías complejas, tienen apariencia y sobre todo tienen esencia y, como consecuencia, actúan condicionados por el torrente emocional que encierran en sus mentes y fluye imparable en sus actos. Esa fue y es la grandeza de Shakespeare , conferir complejidad y contradicción a las emociones e impresiones de sus personajes, concederles alma y vida más allá del estereotipo y del paso del tiempo. Sobreviven a las modas, las vencen, y sin perder su capacidad de sorprender e influir en otros autores, como corrobora que los cineastas, sin importar su procedencia, regresen a ellas porque encuentran en los dramas y comedias shakespearianos abstractos propios del hombre y de la mujer, intangibles que se repiten o se intercamb...

Hamlet (1948)

Han sido muchas la veces que en la pantalla del cine o de la televisión hemos visto a Hamlet representar la mascarada con la que muestra su despecho a la podredumbre que le rodea mientras se debate entre <<ser o no ser>>, pero, de todos ellos, quizá sea el de Laurence Olivier el más famoso y prestigioso, gracias a los numerosos premios que cosechó su película, aunque esto no implica que se trate de la mejor adaptación cinematográfica de la obra de William Shakespeare , cuestión discutible si recordamos la poética Hamlet  ( Gamlet , 1964) de Grigori Kozintsev o la descarada comedia negra Hamlet va de negocios  ( Hamlet liikemaailmassa , 1987) que  Aki Kaurismäki  realizó inspirándose en el texto original.  Hamlet  (1948) de Olivier es al tiempo narcisista y fiel al texto del autor isabelino, lo cual genera cierto desequilibrio entre el afán del cineasta por dejarse notar (tanto delante como detrás de la cámara) y su intención de romper las ...

Campanadas a medianoche (1964)

Desde su infancia hasta su muerte en 1985, Orson Welles siempre tuvo presente a William Shakepeare , ya fuese en sus montajes escolares, en los profesionales, en las adaptaciones radiofónicas o en sus proyectos cinematográficos, algunos de los cuales nunca pudo llevar a cabo, como sería el caso de El rey Lear  que tenía en mente cuando falleció. Pero de los que sí filmó,  Campanadas a medianoche  se descubre como la más libre y personal de sus aproximaciones al dramaturgo inglés, no solo porque en ella mezcló varias de las obras de Shakespeare  de un modo similar al montaje teatral que había estrenado cuatro años antes de convertirlo en película, sino porque su Falstaff, el protagonista de la historia, refleja parte de su sentir sin perder de vista la esencia del autor de Hamlet . En este personaje  Welles  expuso la evolución de una relación de amistad, que se inicia desde la comicidad, en la que se describe a Falstaff como un juerguista borrachín con ...

Cleopatra (1963)

Se puede adornar de muchas maneras, pero la ambición es uno de los motores principales de los actos humanos. Esto en sí no tiene nada de particular ni de negativo; solo cuando la ambición sobrepasa los límites de lo razonable, y se convierte en obsesión enfermiza, se podría decir que deja de formar parte del individuo y pasa a controlar sus actos, deparando conflictos como los desarrollados en  Cleopatra (1963), una de las producciones más caras de la historia del cine y un fracaso comercial que cambió el rumbo de la industria cinematográfica. La película se inicia a la conclusión de la guerra civil que asola a la República de Roma, una guerra que se individualiza en Pompeyo y Julio César ( Rex Harrison ). En ese instante se observa a César como un hombre a punto de entrar en la vejez, obligado a perseguir a su enemigo y conciudadano hasta suelo egipcio, adonde el primero, derrotado en la batalla, acude en busca de la protección de un país al que prestó servicios en el pasado. Pe...

Planeta Prohibido (1956)

La exploración de nuevos mundos es un tema que se ha desarrollado desde los albores de la ciencia-ficción cinematográfica. En Viaje a la Luna (1902),  Georges Melies  tomó como punto de partida a  Julio Verne  ( De la Tierra a la Luna ) y a  H.G.Wells  ( Los primeros hombres en la Luna ) para recrear la primera expedición espacial de celuloide. Posteriormente, siguiendo la estela del ilusionista francés, el aragonés  Segundo Chomón  sería otro de los pioneros del cine en lanzarse al espacio en  Excursión a la Luna ,  Viaje a Júpiter  o Viaje a Marte . También los daneses y los soviéticos llegarían hasta el planeta rojo en Viaje a Marte ( Holger-Madsen , 1918) y  Aelita ( Iakov Protazagei Kozlovski , 1924). Y tres años después de la exploración rusa,  Fritz Lang ofreció un nuevo ejemplo de alunizaje en La mujer en la Luna  (1927). Pero en Hollywood los viajes espaciales solo despertaron el interés de los seriales...