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Mostrando las entradas etiquetadas como dirk bogarde

Demasiado cálido para junio (1964)

Espías ante la inflación Por Antonio Pardines El cine es ante todo un negocio que apuesta sobre lo que considera seguro y esa seguridad se sostiene en no pocas ocasiones sobre un éxito comercial probado con anterioridad. Más o menos, así se explican las imitaciones, las series, las parodias, las secuelas y precuelas de una película o de un personaje popular como James Bond, cuyo paso de la literatura a la gran pantalla vino influido por el deambular irónico de Cary Grant en Con la muerte en los talones ( North by Northwest , 1959). Esta, a su vez, encuentra su semilla en otro film de Alfred Hitchcock: Los 39 escalones ( The 39 Steps , 1935). Pero el agente a imitar en los años 60, momento dulce de la cultura Pop, fue el 007, al que Ralph Thomas, en Demasiado cálido para junio ( Hot Enough for June , 1964), da por muerto al inicio del film. Se trata de un instante de guiño y de burla hacia el agente más famoso del servicio secreto británico, el mismo servicio que engaña a Dirk Bogard...

Providence (1977)

<<En los términos más sencillos posibles, Providence trataba de una larga noche en la vida de un novelista agonizante que, agobiado por el dolor, se atracaba de píldoras y bebidas, luchando para crear una nueva obra. Utiliza a los miembros de su familia como personajes; confunde el pasado, aterrorizado por el futuro, lleno de ira, melancolía y culpa, consciente de que la muerte se acerca rápidamente>>. (1) Este resumen de Dirk Bogarde, que daba vida a Claude Langham en Providence (1977), aproxima la superficie de la película de Alain Resnais, cuyo guion corrió a cargo de David Mercer, e introduce su fondo: la memoria del subjetivo que recuerda, inventa y olvida, quien da forma a la realidad imaginada. En ella, Clive Langham (John Gielgud), <<el novelista agonizante>>, introduce a los miembros de su familia; crea la imagen que tiene de ellos o la que desea, pero sin poder impedir la intervención del subconsciente que, de cuando en cuando, asoma en el consciente...

Portero de noche (1973)

La casualidad llevó a Dirk Bogarde a ver Galileo (Liliana Cavani, 1968), la película que aquella noche estaban emitiendo en una cadena de televisión francesa. Las imágenes llamaron su atención y removieron su memoria. Conocía el nombre que estaba leyendo en los títulos de crédito. Lo había visto con anterioridad en alguna parte. ¿Dónde? De pronto, recordó la pila de guiones recibidos y desechados, sin apenas ojearlos, durante los últimos dos años. Había decidido apartarse del cine y de su ritmo estresante de vida, pero en aquel instante, la necesidad económica apuraba y lo que vio en la pantalla le convenció de que era el momento de regresar a la actuación. Habían pasado dos años desde el rodaje de Muerte en Venecia ( Luchino Visconti , 1971) hasta aquel momento en la soledad de su salón y de su búsqueda entre los guiones rechazados e ignorados. Como sospechaba, allí encontró aquella historia que a simple vista le había parecido una más sobre individuos raros. Temía que le encasillas...

El copión, por Dirk Bogarde

El título elegido para el siguiente fragmento puede deparar confusión o el chiste fácil, lo cual tampoco es extraño, ya que la relación de “copión” con “el que copia” es evidente. No obstante, no se trata de este significado, el más corriente y arriesgado en las aulas donde Bogarde quizá copiase en algún momento de su etapa escolar; pero lo dudo, ya que apenas mostró interés en la vida académica, de la que quiso escapar lo antes posible para dedicarse al teatro, medio en el que descubrió que carecía de formación cultural, educativa y literaria. Por entonces, le gustaba leer literatura de consumo, novelas que no le exigiesen esfuerzo; y así, tan contento, rechazaba a Shakespeare , Ibsen, Chéjov o George Bernard Shaw. La verdad, con esa dificultosa relación con autores teatrales que se encontraría hasta en la sopa, su futuro laboral peligraba. Por fortuna para su formación y posiblemente para su posterior carrera teatral y cinematográfica, la administración, más que el destino, deparó qu...

El sirviente (1963)

Aunque mitigadas por los convencionalismos sociales y por los códigos de conducta, las relaciones humanas se establecen en el dominio-sometimiento que Joseph Losey apunta en el restaurante donde Tony ( James Fox ) y Susan ( Wendy Craig ) pierden su protagonismo en beneficio del espacio humano donde son dos entre tantos. Lo muestra en la relación entre el obispo y su secretario o en la madre y su hija. En ambos casos, parece innegable que se establecen en un orden aceptado. Pero hay modelos menos evidentes, ciertas formas de tira y afloja que, perdida la posibilidad del equilibrio convenido, se desequilibran y la dominación y el servilismo se disparan y alcanzan grados tan extremos y enfermizos como el escogido por Losey para establecer la ambigua relación entre los dos personajes masculinos de El sirviente ( The Servant , 1963), el primero de los tres largometrajes en que el director estadounidense colaboró con Harold Pinter , que sería el autor de los guiones de Accidente ( Accide...

El faro azul (1949)

Cuatro nombres fundamentales de la Ealing , aportaron talento creativo a El faro azul ( The Blue Lamp , 1949), un espléndido policiaco urbano dirigido por Basil Dearden , en el que inicialmente detalla y alaba la cotidianidad de los bobbys londinenses por calles donde el malestar social agudiza la violencia en hogares y zonas deprimidas donde proliferan jóvenes delincuentes como Spud ( Patric Doonan ) y Tom Riley ( Dirk Bogarde ), cuyo comportamiento, por momentos, apunta el rechazo, menos violento, asumido por los airados protagonistas de los títulos más celebrados del free cinema. Cuatro nombres, apunté arriba, Dearden es el primero, los otros tres son los del productor y director artístico Michael Relph , el guionista y ex-agente de policía T. E. B. Clarke y el futuro realizador Alexander Mackendrick , que aportaba su grano de arena en los diálogos adicionales y en su función de ayudante de Dearden , un cineasta que, al contrario que Charles Crichton o el propio Mackendrick , n...

A las nueve, cada noche (1967)

El primer largometraje de Jack Clayton , Un lugar en la cumbre ( Room at the Top , 1957), se desarrolla en un entorno adulto, gris, cruel e igual de sombrío que los ambientes infantiles y claustrofóbicos donde, posteriormente, desarrollaría sus producciones con niños y niñas de protagonistas. Pero más que historias,  ¡Suspense! ( The Innocents , 1961), A las nueve, cada noche ( Our Mother's House , 1967) y La feria de las tinieblas ( Something Wicked This Way Comes , 1983) narran sombras psicológicas, miedos, fantasías y pesadillas. Indaga en la naturaleza infantil, quizá desprotegida, en desarrollo y condicionada por lo desconocido. Al tiempo, comprenden y no comprenden, sienten confusión ante hechos e ideas complejas. Aún no se encuentran preparados para enfrentarse a la complejidad que implican los abstractos a los que se enfrentan antes de tiempo. La situaciones se precipitan...

Rey y patria (1964)

En su Declaración de un soldado  (julio, 1917), <<en un acto de desafío consciente a la autoridad militar...>>, el capitán y poeta británico Siegfried Sassoon  razonaba que no podía continuar ni apoyando ni luchando en una guerra de liberación que había pasado a ser una guerra de agresión donde los hombres morían sin más sentido que la imposición de dirigentes que no buscaban alternativas que pusieran fin al conflicto, alternativas que por otra parte podrían perjudicar sus intereses y su autoridad. <<...A mi juicio, aquellos con el poder necesario para poner fin a la guerra están alargándola intencionadamente...>>,  Sassoon se acercó a la cuestión, señaló la agresión que los propios mandatarios realizaban sobre los mandados, y como estos jóvenes, voluntarios —que con la duración de la guerra hubieran sido enviados al frente igualmente— o reclutados forzosos, se vieron lejos de sus hogares, de su familia y de su futuro y se adentraron en un present...

Víctima (1961)

El cine puede ser arte, entretenimiento, una combinación de ambos, ninguno de los dos, indiferencia, pasión, sorpresa, novedad, repetición, fuente de pérdidas o de beneficios económicos,... pero, como medio de expresión, también puede ser una voz disonante entre la aceptación, una voz que pone en tela de juicio la denominada normalidad. Dicha voz llama la atención sobre cuestiones que afectan a la realidad social y, desde esta perspectiva, el cine y los cineastas plantean hechos incómodos o silenciados, a veces con un posicionamiento evidente y directo, otras desde preguntas con o sin respuestas, que invitan a reflexionar sobre las circunstancias que abordan en las películas. El inicio de Víctima ( Victim , 1961) atrapa al espectador como entretenimiento, lo hace mediante los planos de la huida de un hombre desesperado, mientras, los títulos de crédito nos van mostrando los nombres de los actores, actrices y equipo técnico que aceptaron colaborar con Basil Dearden en este valiente,...

La caída de los dioses (1969)

Si en  Rocco y sus hermanos   el nexo familiar se encuentra en la madre, que ve como a su llegada a Milán la unidad se ve afectada por el nuevo entorno,  y en  El Gatopardo  es  el príncipe Salina quien observa como su estirpe y su posición peligra con la unificación de Italia, en  La caída de los dioses ( La caduta degli dei , 1969) ese pilar se descubre en  Joachim Essenbeck ( Albrecht Schönheln ), quien, durante la celebración que los reúne, informa a los suyos de su intención de mantener buenas relaciones con un gobierno que no le agrada, pero al que se ve obligado a aceptar para que su empresa y su familia sobrevivan a los nuevos tiempos que se imponen. Con la muerte de este soporte familiar, la fundición cae manos de Friedric ( Dirk Bogarde ), su asesino, que la convierte en una fábrica armamentística al tiempo que intenta asumir el mando de un núcleo al que pretende acceder por vía matrimonial, y en el que, sin el referente que lo h...

Un puente lejano (1976)

Los atractivos de Un puente lejano ( A Bridge too Far , 1976) no se reducen a su espectacular reparto, ni a la partitura de John Addison —que había formado parte del XXX Cuerpo del Ejército durante la operación real que desarrolla el film—, sino también a una dirección más ágil y homogénea de lo que podría esperarse de una superproducción plagada de estrellas a las que contentar y dar protagonismo, así como cubrir los frentes abiertos para detallar los hechos. Richard Attenborough realizó un bélico compacto que báscula entre la épica y la crítica, entre la admiración y la compasión hacia esos soldados que marchan convencidos de su victoria, hasta que comprenden que forman parte de una carnicería evitable. Sin perder de vista la recreación histórica del momento y del hecho que expone durante más de ciento sesenta minutos, Un puente lejano se inicia explicando brevemente cómo era Europa en 1944 para poco después introducir Market Garden y así entrar de lleno en una operación milita...