Espías ante la inflación Por Antonio Pardines El cine es ante todo un negocio que apuesta sobre lo que considera seguro y esa seguridad se sostiene en no pocas ocasiones sobre un éxito comercial probado con anterioridad. Más o menos, así se explican las imitaciones, las series, las parodias, las secuelas y precuelas de una película o de un personaje popular como James Bond, cuyo paso de la literatura a la gran pantalla vino influido por el deambular irónico de Cary Grant en Con la muerte en los talones ( North by Northwest , 1959). Esta, a su vez, encuentra su semilla en otro film de Alfred Hitchcock: Los 39 escalones ( The 39 Steps , 1935). Pero el agente a imitar en los años 60, momento dulce de la cultura Pop, fue el 007, al que Ralph Thomas, en Demasiado cálido para junio ( Hot Enough for June , 1964), da por muerto al inicio del film. Se trata de un instante de guiño y de burla hacia el agente más famoso del servicio secreto británico, el mismo servicio que engaña a Dirk Bogard...