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Mostrando las entradas etiquetadas como guionistas

László Krasznahorkai y los premios

Cuarenta años después de su primera novela publicada, Tango satánico , el que fuera guionista de Béla Tarr desde La condena (1987), largometraje que implica un antes y un después en la obra del reconocido cineasta húngaro, hasta El caballo de Turín (2011), recibe en 2025 el premio Nobel de Literatura. Aunque su obra siga siendo la misma, ahora le conocerán y le alabarán más personas, también algunas lo criticarán sin haberlo leído, por el arte de hablar por hablar sin que la vergüenza les frene. Por otra parte, soy de los que piensa que los premios tampoco dicen mucho, que solo son galardones que le hacen a uno mediático, sobre todo si se trata de uno como el Nobel o, en menor medida, el Formentor, que ganó en 2024. Otra consecuencia inmediata es que empezará a sonar en boca de muchos su nombre László Krasznahorkai. Lo mejor para él, al menos a priori y en un aspecto económico, que le reportará beneficios. Espero que los disfrute, como él ha hecho disfrutar a otros con sus trabajos lit...

Charles Brackett, el tranquilo de una pareja genial

Charles Brackett, Billy Wilder y Doane Harrison <<El director del departamento de guionistas de Paramount tuvo la brillante idea de emparejarme con Charles Brackett, un distinguido caballero de la Costa Este que había estudiado Derecho en Harvard y tenía unos quince años más que yo. Me gustaba trabajar con él. Era una bellísima persona. Formaba parte de la mesa redonda del Algonquin y había sido crítico de cine —o de teatro— de The New Yorker en los años veinte, en los primeros tiempos de la revista>>, le explica Billy Wilder a James Linville, que le entrevista para The Paris Review . Brackett, procedente de una familia de la alta sociedad, era todo un caballero, conservador, culto, tranquilo, que llegó a Hollywood antes que Wilder y después de haber trabajado en el bufete de su padre, que aparte de abogado y banquero también había sido senador republicano, y en el New Yorker , como crítico teatral. Tras su paso por la prensa y la publicación de sus primeras novelas, deci...

Jacques Tati, héros Hulot

Fotografía de Jacques Tati, tomada por André Cros (fuente: wikipedia) Me reconozco en Jacques Tati, tal vez porque su humor me sepa subversivo, al mandar a “tomar por ahí” al supuesto progreso, que el cómico comprende que solo es tecnológico, ni social ni humano (en un sentido humanitario y humanista). Me gusta su personaje Monsieur Hulot, que crea “involuntariamente” el caos para llamar la atención sobre la superficialidad y el esnobismo, sobre la modernidad y su velocidad de escape hacia no se sabe muy bien dónde; ese movimiento de huida constante que espanta la quietud y relega al olvido el tiempo para pensar e incluso el destinado a disfrutar de aquellas cosas en las que los sentidos ya no se detienen o lo hacen (hoy) con la finalidad de crear contenido audiovisual que compartir y con el que llamar la atención. La crítica a la vida a plena carrera, sin mirar atrás, ni a los lados, ni al frente, ni detenerse a saborear el instante, ni a quien te sale al encuentro, ya asoma en Día de...

Terence Malick, en unas pocas líneas

Imagen de Michael Brown:  https://commons.m.wikimedia.org/wiki/File:Terrence_Malick.jpg#mw-jump-to-license Las películas que más disfruto de Terrence Malick son sus tres primeras:  Malas Tierras ( Badlands , 1973), Días de cielo ( Days of Heaven , 1978) y La delgada línea roja ( The Red Thin Line , 1998). Tras esta, tal vez aún no tanto en El nuevo mundo ( The New World , 2005) y en El árbol de la vida ( The Tree of Live , 2011), su cine me invita a irme de sus no historias. Ya no se trata de que prescinde de tramas, lo cual me parece perfecto, sino de que no conecto con las existencias que esboza en sus personajes. Las dudas y las reflexiones que les escucho lo tomo como prolongaciones del pensamiento de Malick y de sus intenciones e intereses. Esto no deja de ser normal, incluso lógico y necesario, en alguien que quiere expresarse; y él lo desea, lo busca y, aventuraré, que lo consigue a su manera, aunque su modo de hacerlo ya no va conmigo. Me cansan sus planos, las re...

María Teresa León, contra viento y marea

<<La verdad es que yo guardo con cariño dentro de mí tantas cosas como me transmitieron. Creo en esa cadena que nos enlaza. Creo en la canción que teje con las canciones que llegan de tan lejos. Creo en la memoria ancestral. Me gusta la palabra creer. Es la afirmación más rotunda que usamos los mortales. No me gusta la palabra pensar. Hay que pensar. Piense usted. Se debe pensar bien todo… Nos hemos pasado siglos pensando. ¿Qué hemos pensado? Menos mal que hemos dividido los pensamientos en buenos y malos. Los malos pesan más que los buenos. Así lo decía otra María que influyó en mi infancia. ¿Pensar? ¡Para lo bien que lo han hecho los hombres pensando! Eran sus palabras>>, se explica, o cree hacerlo, María Teresa León en Memoria de la melancolía (1), su recorrido literario por los recuerdos y quizá su mejor libro. Su primera novela, Contra viento y marea , también fue su primer libro publicado. Se editó en el exilio, en Argentina, en 1941, y su autora lo define como Episo...

Pemán y el almuerzo

Lo mejor de la obra de José María Pemán (1897-1981), escritor gaditano cuyos poemas, novelas y obras teatrales han caído en el olvido debido más que nada a su mediocridad literaria, al inevitable paso del tiempo y, en su caso, también al devenir histórico, son sus artículos. En ellos, el tono resulta más irónico que el que se pueda descubrir en el resto de su copiosa bibliografía, la cual desvela su talante conservador y su ideología reaccionaria —si le hubieran atrapado en zona republicana, tras la sublevación del 17 y 18 de julio de 1936, probablemente habría corrido la suerte de Ramiro de Maeztu o se vería obligado a ocultarse como hizo Wenceslao Fernández Flórez para no correrla—, pero también apunta la evolución que puede observarse en una obra tardía como Mis almuerzos con gente importante , título que me suena estúpido, aunque no fue a mí a quien correspondió ponerlo. De haber sido así, hubiera sido otro, por ejemplo: La importancia de llamarse Ernesto o, mejor aún, que el ante...

Robert Bresson y el cinematógrafo

Cambió el pincel por la cámara y se alejó de la plasticidad para crear narrativa, poesía, fragmentos de vida. Robert Bresson llegó al cine con la idea de ser autor y artista. Sentía el audiovisual como arte y asumió la responsabilidad absoluta de sus películas. Quiso ser y fue el creador total de su obra, quien asume el control desde la escritura hasta el montaje, aunque para algunas de sus películas se inspirase en ideas de novelas y cuentos de escritores como Tolstoi, Bernanos o Dostoievski. Ante una película de Bresson, solo queda aceptar que cuanto se ve en la pantalla nace en él, salvo en sus dos primeros largometrajes, en los que contó con la colaboración de Giradoux y Cocteau, respectivamente. Como la de todo artista, la obra de Bresson es única, reconocible, abierta al estudio crítico y a la fuga de la explicación; pues el arte puede explicarse racionalmente hasta cierto límite, tras el cual queda el nudo emocional entre la obra y quien la siente. En ese punto, la obra se vuelv...

Tomás Gutiérrez Alea, por un cine cubano

Cineastas de distintos países de Latinoamérica de finales de los cincuenta y de los años sesenta tenían algo que decir y crearon un cine combativo, en ocasiones revolucionario, que se alejaba del comercial Hollywoodiense y de autoral europeo. El nuevo cine latinoamericano, desde la “Estética del hambre” de Glauber Rocha hasta el “Tercer cine” de Fernando Solanas y Octavio Getino, nacía con la intención de transformar y avivar las conciencias. Buscaba expresar su identidad, al tiempo que denunciaba el neocolonialismo. Uno de los grandes destacados de ese momento que se sitúa tras la revolución cubana (1959) fue Tomás Gutiérrez Alea, quien, junto a Julio García Espinosa  (y ya andado el decenio: Humberto Solás, Fausto Canel y Sara Gomez, entre otros), se erigió en la figura clave de la renovación y desarrollo del cine cubano  que siguió a la victoria castrista. Gutiérrez Alea, también conocido como Titón, inició su carrera realizando una serie de cortometrajes aficionados que ti...

Mel Brooks, ganas de (hacer) reír

La primera película que Mel Brooks vio en el cine fue El doctor Frankenstein (Dr. Frankenstein, James Whale, 1931). Le impactó tanto que cuarenta y tres años después realizó El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), su cuarto largometraje como director y la primera que recuerdo haber visto de las suyas; ¿o fue El misterio de las doce sillas (The Twelve Chairs, 1970)? El cine había irrumpido con fuerza en aquel niño de cinco años, natural de Brooklyn, feliz en su vecindario y con ganas de hacer reír y, probablemente, de dejar atrás la pobreza que vivió durante la Depresión que disparó el paro, los precios, el hambre y algún totalitarismo. Con muchas ganas, suerte, talento y humor de patio de colegio llegó a triunfar como cómico; más adelante lo haría como actor, guionista, productor y director de cine y televisión, medio este último para el que creó junto con Buck Henry  Superagente 86 (Get Smart, 1965-1970). Aunque la cosa no sería tan fácil. Necesitaría encontrarse...

David Wark Griffith, construyendo Hollywood

Como los días en la infancia y la adolescencia, el cine en su época juvenil era una experiencia continua, una aventura diaria, en el que cada jornada podía traer novedad y un nuevo paso hacia la madurez. Era más libre, más ingenuo y caótico. Mientras se divertía, buscaba definirse y encontrar cómo expresarse. Asentada la costumbre y la rutina, en la madurez de su lenguaje, el cine (su industria, su publico, incluso sus estudiosos) olvidó su niñez y a aquellos que entonces abrieron el camino. Fueron tantos que algunos solo son anónimos, otros son nombres recuperados del olvido y también los hay que han resistido en su leyenda. David Wark Griffith estuvo en aquella niñez, la vivió y la protagonizó; de hecho fue uno de sus grandes protagonistas, aunque luego cayese en el olvido del que sería rescatado para la Historia. <<La aportación que hizo Griffith al cine que nacía no puede medirse hoy, cuando todas sus creaciones han sido asimiladas por sus alumnos y se han convertido en el fo...

Dudley Nichols, la importancia del guionista

<<Nuestro primer amigo en Hollywood fue Dudley Nichols, el guionista de Swamp Water . Dudley Nichols era un caballero. No toleraba la injusticia, de ahí sus constantes conflictos con los “ejecutivos”. Recuerdo cuando estábamos los dos en el despacho de uno de aquellos magnates y escuchábamos los consejos que nos prodigaba. “Lo que falta en el guion —decía—, es esa bella y tradicional escena de amor: la orilla de un río, árboles en flor y la chica en los brazos de su amado, y todo eso, evidentemente, bajo un claro de luna romántico.” Dudley Nichols, a lo largo de la enumeración, había pasado del rojo al escarlata. Se levantó con tranquilidad de la silla, dio la espalda a su interlocutor y dijo simplemente: “Está saliendo la luna”. Después me sacó del despacho.>> El recuerdo de Jean Renoir (1) me pareció ideal para confirmar que cualquiera puede opinar, pero no toda opinión resulta acertada, algunas son clichés o hablar por hablar, más si cabe cuando alguien ajeno se mete en...