Los hermanos Paolo y Vittorio Taviani realizan en Good Morning Babilonia (1986) su personal y peculiar viaje cinematográfico a los orígenes de Hollywood, que se convertiría en la fábrica de sueños, de elefantes blancos, por antonomasia —y por su visión comercial y del espectáculo—, un espacio de fantasía donde rinden homenaje al cine, al arte de la Italia renacentista y a la familia. Lo hacen acompañando a esos dos hermanos, hijos de hijos, de hijos de maestros constructores de catedrales, artesanos que llevan en sus genes, en el alma, el “Renacimiento”. Son hijos y serán padres, pero hablar de paternidades cinematográficas es más osado, pues antes del supuesto padre hubo otros previos, hasta alcanzar el origen que en el cine se asume oficial con los hermanos Lumière , que, al igual que los Taviani y los protagonistas del film, eran dos: Auguste y Louis . Con frecuencia, se escucha o se lee que David Wark Griffith inventó tantos recursos que se le atribuye el lenguaje cinematográf...