Gamberrada y pop, satírica y dividida en dos partes bien diferenciadas, la inglesa y la italiana, Un trabajo en Italia (The Italian Job, 1969) acelera al máximo el atractivo de las persecuciones automovilísticas. Lo hace abordo de tres “minis” que escapan por las galerías comerciales y las calles de Turín en las que el colapso automovilístico sirve de vía de escape para el equipo liderado sobre el terreno por Charlie Crocker (Michael Caine); pero, en la distancia, quien manda es Mister Bridger (Noël Coward), un distinguido preso, jefe de una organización delictiva y monárquico isabelino a ultranza. Coward dota de credibilidad e ironía a la imagen que asume su personaje: adicto a la vieja Inglaterra, elegante, altivo, esnob. Por su parte, Caine asume el rostro del caradura inteligente y mujeriego. Son dos personajes que aparentemente se sitúan en polos opuestos, algo así como un aristócrata y un “cockney” del robo, pero a ambos les gusta el dinero y ese gusto les une para dar el golpe e...