Sus labores diplomáticas en Washington no impidieron que Edgar Neville tuviese vacaciones y viajase hasta Hollywood para comprobar qué se cocía por allí, quizá un buen cocido madrileño. Lo cierto es que por allí se cocía mucho, por ejemplo su amistad con Chaplin , Pickford y Fairbanks y, tras un breve regreso a España, su experiencia como supervisor (director en la práctica) de la versión castellana de El presidio ( The Big House , George Hill , 1930), así como un cameo en la magistral Luces de ciudad ( City Lights ; Charles Chaplin , 1931). Pero, además, observó que los estudios cinematográficos necesitaban escritores, actrices, actores y cualquiera que, conociendo la lengua materna de Conchita Montenegro -que también andaba por allí-, contribuyese en la elaboración de las versiones en castellano de sus películas habladas. Por aquel entonces el doblaje no entraba en los planes de los Mayer y compañía, y los subtítulos, o cansaban o no se leían,...