A veces somos en exceso egoístas, tanto que nuestro ombliguismo nos impide ver más allá de nuestra barriga; cómo para detenernos un instante y preguntarnos quién es la persona que vende en la calle o en los locales nocturnos como el que asoma en Las cartas de Alou (1990). Cierto que todo el mundo tiene sus problemas, tópico en el que incluyo también a los matemáticos y a los menos problemáticos, y que los movimientos migratorios son constantes a lo largo de la historia (y seguirán siéndolo), pero ¿quién se pregunta por ese ambulante? ¿Qué y quién le obliga a vender mientras tantos disfrutan o no de su ocio? ¿Cuáles son las causas que le han empujado a dejar su tierra o cómo es su vida en un país que, debido a sus particularidades políticas, económicas e industriales, obligaba a los suyos a buscar en otros lares (dentro y fuera de sus fronteras) lo que se le negaba en el hogar? Hoy, en España, aunque se vean obligados a desplazarse, sus hijas e hijos sueñan y aspiran a las mayores com...