La primera vez que vi El señor de La Salle (1964) no fue una elección, sino una obligación escolar con la que los lasalianos a cargo del colegio donde por decisión ajena cursaba EGB querían deleitarnos, supongo que orgullosos de su hermandad, con la historia del fundador de su compañía de maestros. Siempre me ha gustado la Historia, por lo que tiene de cuento para la fantasía infantil y lo que tiene de viva para la mente adulta despierta y crítica, por su disposición al cambio, a mostrar y exponer aspectos de lo ya vivido que pueden, si no explicar los actuales, dar pistas. La historia no es un pasado muerto, es la suma de periodos que concluirán cuando nos hayamos extinguido. Las civilizaciones, los mapas, los idiomas, la cultura cambian, lo que era dejará de ser para ser algo distinto. La humanidad se abre paso y la historia lo recoge, rellena y olvida, lo recupera y lo replantea. Se corrige, vuelve a olvidar y descubre aquello que nunca antes apareció en sus líneas. Pero volviendo ...