Mi memoria me dice que la primera película que vi de Edgar Neville fue Domingo de Carnaval (1945), aunque bien podría estar errada y haber sido otra la que ocupa dicho puesto, pero, diga verdad o mentira, no es momento para contradecirla y dejaré que me guíe durante los primeros compases de estas líneas, y a ver hacia dónde me conduce. A partir de aquel (supuesto) primer y afortunado encuentro intenté ver cuanto pude de un cineasta de buen vivir y manifiesto humor que me atrajo más si cabe con La vida en un hilo (1945), dicen que su obra maestra, y La torre de los siete jorobados (1944), para mi memoria la más memorable. También despertó mi entusiasmo con El crimen de la calle de Bordadores (1946) y sobre todo con las andanzas de Fernando y El último caballo (1950). Mas ahí no terminó mi idilio cinematográfico con Neville , pues, más serio y menos costumbrista, me sorprendió con la biográfica El marqués de Salamanca (1948) y con el melo...