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Mostrando las entradas etiquetadas como mary pickford

Pickford, la pequeña gran Mary

Al principio no había nombres en la pantalla, solo aquellos cuerpos y rostros proyectados en sabanas y paredes. Las voces, gritos, pellizcos, guantazos, alguna ventosidad en fuga y el humo tabaco procedían de los espectadores; la mímica y las caídas solían proceder del otro lado. Así fue durante años, hasta que aquellas anatomías planas se hicieron familiares para el público que acudía a las barracas y, posteriormente, a locales adaptados para una mejor proyección. En los primeros tiempos no existía el star-system , ni el sistema de estudios, ni el sensacionalismo ni la pomposidad de alfombras rojas, ni historias con argumentos ni publicistas que creasen ídolos. Había buscavidas, granujas de medio pelo, calvos y de melena, soñadores de entretenimiento y empresarios en busca de negocio; y este se encontraba en las imágenes y las situaciones, en payasadas, fantasías, westerns... También en las estrellas. Qué decir tiene que, por entonces, el cine andaba en pañales y aprendía a caminar al...

Rosita, la cantante callejera (1923)

Su imagen infantil y angelical, de niña inocente e ingenua, menuda y con bucles en el cabello, le había llevado a lo más alto del firmamento del celuloide, pero también la había encasillado. Para poder avanzar en su carrera, pues el paso de los años no perdona ni a las “novias de america”, Mary Pickford buscaba un cambio de imagen que le abriese nuevas posibilidades dramáticas para seguir luciendo. Así que decidió traerse a Ernst Lubitsch a Hollywood para que lo hiciese posible. Por entonces, 1922, el berlinés ya era un cineasta reconocido a nivel internacional y un director estrella en su país, pero no por las comedias que le convertirían en una de las grandes leyendas del cine. Lo suyo venía siendo dramas históricos tal Ana Bolena (Anna Boleyn, 1920) o ambientados en la Historia como Madame Du Barry (1919), o joyas inclasificables como El gato montés (Die bergkatze, 1921). Más o menos eso era lo que Pickford se esperaba de su asociación con Lubitsch ; esperaba un cineasta elegant...

Tess en el país de las tempestades (1914)

En 1914, Mary Pickford, que había trabajado en la Biograph, firmó contrato con la Famous Player de Adolph Zukor. Ese mismo año rodó para la compañía de Zukor las dos películas que definitivamente la consagraron como la gran estrella del cine estadounidense. Un buen diablillo (A Good Little Devil, 1914) y Tess en el país de las tempestades (Tess of the Storm Country, 1914) fueron dirigidas por Edwin S. Porter, auténtico pionero cinematográfico que había iniciado su andadura profesional en la Edison, cuando el cine apenas era más que una curiosidad que nadie sabía hacia dónde se dirigía. Él fue de los primeros en saberlo. Se dedicó a buscar posibilidades expresivas y fue el artífice de uno de los primeros hitos cinematográficos: Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), film que sorprendió por el primer plano con el que Porter rompía la distancia entre la pantalla y el público. Ahora, en ese 1914, un año antes de retirarse, en el que el celuloide avanzaba y se desarrol...

La pequeña vendedora (1927)

En el cine todo es posible mientras se pueda imaginar, incluso que una “pretty woman” silente encuentre a su príncipe azul en unos almacenes de todo a cinco y diez centavos, y que resulte que este sea el hijo del millonario dueño de la superficie comercial donde ambos se conocen y enamoran. Aunque no es allí donde se desarrolla la mejor escena cómica de La pequeña vendedora (My Best Girl, Sam Taylor, 1927), sino en la calle, cuando la chica viaja en la parte trasera de una camioneta y el joven corre tras ella para devolverle el bolso caído y otras cosas que ella va tirando con disimulo. Evidentemente, se trata de una comedia romántica, género que se puso de moda durante el último periodo del cine mudo, el que va desde la posguerra hasta el triunfo del sonoro. Fue entonces, entre finales de la década de 1910 y parte de la siguiente, cuando las grandes estrellas femeninas de la época se dejaron caer por la combinación romance y humor, incluyendo en la receta un toque melodramático y alg...

Gorriones (1926)

Producida e interpretada por Mary Pickford, Gorriones (Sparrows, William Beaudine, 1926) es una de las grandes películas de la estrella durante el último tramo del silente. Sin ser novedosa su propuesta, pues apenas aporta novedad desde una perspectiva técnica ni argumental, resulta una película entretenida, por momentos brillante, que funciona en todo su metraje. Gorriones es Pickford; ella la hace posible, ya sea como productora o en su rol de joven inocente que lucha por los niños a los que protege; también es un ejemplo de narración cinematográfica, del uso de los espacios narrativos, sobre todo del pantano, y un alarde en el uso de la iluminación, que se ajusta y distingue sus tres marcos espaciales, no en vano contó con tres grandes de la fotografía: Charles Rosher, Hal Mohr y Karl Struss. La ligereza con la que Beaudine expone el drama al servicio de la actriz, quizá junto a Lillian Gish y Gloria Swanson, la más popular del Hollywood mudo, es gratificante. Su ritmo solo se ve ...