Cada vacío de poder pide a gritos que lo llenen, aunque no hace falta que insista, pues los candidatos gozan de buen oído y, con presteza inusitada, acuden a la llamada; no vaya a sentir desplante o que otros lo abracen primero. La muerte de Stalin, en marzo de 1953, no iba a detener este relevo, por otra parte esperado por muchos. Su vacío no tardó en ser ocupado por varios altos cargos del Partido. Fue un instante breve, puesto que el poder rechaza repartirse e invita a intrigas "palaciegas" y a movimientos en la sombra, quizá como los que habían aupado al propio Stalin al puesto vacante, y después a Kruschev. Pero si el relevo de poder se cumple, sí o sí, no siempre se producen cambios en el devenir de los hechos históricos. Sin embargo, con el nuevo líder, sí se produjo un giro en la política soviética. El nuevo enfoque...