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Mostrando las entradas etiquetadas como dudley nichols

Diez negritos (1945)

A partir del súper ventas de Agatha Christie, Dudley Nichols escribió el guion con el que René Clair abandonaba (aparentemente) la comedia y la fantasía de Me case con una bruja (I Married a Witch, 1942) y Sucedió mañana (It Happened Tomorrow, 1944), sus otros dos grandes títulos estadounidenses, y se adentraba por primera vez en la intriga y el suspense. Con Diez negritos (And Then There Were None, 1945), el francés transitaba un género cuyas pautas, características, giros, trucos y rincones secretos conducen a una solución que ha de sorprender, contentar y recompensar la atención y complicidad del público, pero sus caminos parecen reducir libertad a la imaginación y a la inventiva. Se trata de un género que supongo menos generoso que la comedia, vista esta como espacio abierto al caos, al absurdo, a dar un paso más allá, tropezar y caerse o lograr mantener el equilibrio y continuar avanzando burlándose de sí misma, de su época y también de nosotros, que nos damos excesiva importan...

El juez Priest (1934)

La entrada tres mil trescientos noventa y ocho de vadevagos es especial por lo redondo que tiene la cifra si la elevo a 0 y sumo al resultado -1; y de ahí que la celebre como cuando de adolescente me burlaba de tal redondez coronando en color rojo la parte superior derecha de mis exámenes de lengua castellana, lingua galega e inglés. Me burlaba porque aquello solo era un número y, por tanto, no me definía, por mucho que ya entonces todo pareciese intentar reducirse a meras cifras para acelerar el proceso; pero el proceso de qué. ¿El anunciado en un título de Kafka? Además, lo mío era la historia, la que me estaba construyendo y destruyendo, la física, las matemáticas y la ausencia. Todavía hoy no sé si estoy, pero lo intento mientras recuerdo que aquellos ceros académicos no me preocupaban lo más mínimo, pues ya los cambiaría. Mas ese no es el tema, lo que aquí trato de celebrar es que esta entrada de cifra a la fuerza redonda coincide con líneas dedicadas a John Ford, cuyo cine sí le...

Dudley Nichols, la importancia del guionista

<<Nuestro primer amigo en Hollywood fue Dudley Nichols, el guionista de Swamp Water . Dudley Nichols era un caballero. No toleraba la injusticia, de ahí sus constantes conflictos con los “ejecutivos”. Recuerdo cuando estábamos los dos en el despacho de uno de aquellos magnates y escuchábamos los consejos que nos prodigaba. “Lo que falta en el guion —decía—, es esa bella y tradicional escena de amor: la orilla de un río, árboles en flor y la chica en los brazos de su amado, y todo eso, evidentemente, bajo un claro de luna romántico.” Dudley Nichols, a lo largo de la enumeración, había pasado del rojo al escarlata. Se levantó con tranquilidad de la silla, dio la espalda a su interlocutor y dijo simplemente: “Está saliendo la luna”. Después me sacó del despacho.>> El recuerdo de Jean Renoir (1) me pareció ideal para confirmar que cualquiera puede opinar, pero no toda opinión resulta acertada, algunas son clichés o hablar por hablar, más si cabe cuando alguien ajeno se mete en...

A Electra le sienta bien el luto (1947)

De los más grandes guionistas que ha pisado Hollywood, Dudley Nichols también hizo sus pinitos como director y productor. Juntando las tres facetas, fue el responsable de A Electra le sienta bien el luto (Mourning Becomes Electra, 1947), el último de los tres largometrajes que dirigió —los dos anteriores habían sido: La chica del gobierno (Government Girl, 1943) y Amor sublime (Sister Kenny, 1946)—. Pero Nichols no es John Ford , ni Howard Hawks , ni Jean Renoir o Fritz Lang , tampoco le hacía falta serlo, ni probablemente querría serlo. Era su propia historia, la que le llevó a escribir para la pantalla y para los cineastas arriba nombrados y otros cuyo natural cinematográfico era igualmente inimitable. Respecto a su faceta de guionista,  <<Dudley Nichols dijo —y creo que es una de las cosas básicas que hay que decir en el cine—: “Un guion es solo un esquema, el director es quien hace la película”.>> (1). Y en  A Electra le sienta bien el luto , Nichols toma s...

El príncipe Valiente (1954)

Hubo un tiempo durante el cual una aventura sencillamente ofrecía evasión y fantasía. Este tipo de historia fue una de las grandes bazas de Hollywood, lo fue desde los orígenes y llegó hasta que los nuevos tiempos cambiaron la mirada del público y las necesidades del negocio cinematográfico. Henry Hathaway creció como cineasta en los viejos tiempos y en ellos se convirtió en el director todoterreno que, como mínimo, aseguraba entretenimiento y ofrecía un plus solo al alcance de aquellos realizadores que conocían los trucos y los entresijos del medio mejor que una brújula conoce dónde se encuentra el norte. Esta sabiduría, llamada experiencia o “yo ayudé a evolucionar esta historia“, le permitía hacer de cualquier material insustancial algo que valiese la pena ver. Por otro lado, estaba el Hathaway que igualaba a los más destacados realizadores de Hollywood, pero este, el responsable de Niágara (1953), El jardín del diablo ( Garden of Evil , 1954), de varios policiacos semidocumenta...

Huracán sobre la isla (1938)

La primera escena de Huracán sobre la isla ( The Hurricane , 1938) encuadra al doctor Kersaint ( Thomas Mitchell ) en la cubierta de un barco que navega por los mares del sur. En ese instante, se desconoce que es el personaje  fordiano del film —también el más afín al guionista Dudley Nichols —, aquel que, entre borracheras, asume lucidez y espíritu crítico, mediador y humano. Este doctor, que apunta al que un año después el propio Mitchell  llevaría a su mejor versión en La diligencia ( Stagecoach , 1939), contempla desde la distancia un islote desierto, sin prestar atención a la mujer que se le acerca y le habla, e interrumpe sus pensamientos. Ahora es él quien toma la palabra y la irrupción femenina en la pantalla adquiere sentido. Su aparición obedece a la intención narrativa de hacer audible la evocación de Kersaint, quien...

Peregrinos (1933)

En sus películas hay un pasajero, un soldado, un pionero, un marino mercante, un peregrino a quien nunca veo, pero a quien siempre intuyo y encuentro en sus tradiciones irlandesas, en su humor costumbrista, en sus relaciones materno filiales, en la inocencia de la infancia, en la familia y su derrumbe o en el final de una época. Es  John Ford , no tengo dudas, el guía excepcional, único en su género, que comparte su compleja sencillez cinematográfica mientras me dice que ya será menos. No pretende el protagonismo, aunque es consciente de que cae en una contradicción, pues se sabe protagonista y maestro de ceremonias. Me conduce a donde desea ser acompañado, allí donde su cámara y sus encuadres me convierten en cómplice y en compañero de viaje. Bajo su dirección transito espacios físicos y humanos reconocibles, porque son los suyos, los que se repiten y escapan de lo real para evocar la vieja Irlanda de sus padres, su Monument Valley, los destacamentos de caballería o entornos ru...

La batalla de Midway (1942)

Lenin tenía claro que el cine era un medio esencial para adoctrinar a las masas. Las propagandas fascista, nazi y japonesa también lo sabían y se hicieron con todos los medios de comunicación (prensa, radio, cine) para enmascarar sus intenciones y tergiversar la realidad. No es extraño que ante esto las fuerzas armadas estadounidenses empleasen la propaganda cinematográfica para combatir a los totalitarismos desencadenantes de la Segunda Guerra Mundial, elevar la moral o explicar a sus jóvenes soldados por qué y contra quiénes luchaban. Para ello nada mejor que ofrecer el mando a nombres claves de Hollywood que, como George Stevens ,  John Ford   o  William Wyler , no dudaron en trasladarse a los distintos teatros de operaciones y filmar los hechos que allí se desarrollaban.  John Ford fue el primero en filmar una batalla, también una victoria estadounidense, y lo hizo en La batalla de Midway ( The Battle of Midway , 1942). En el momento de aterrizar en la isla,...

Aguas pantanosas (1941)

La introducción de Casablanca ( Michael Curtiz , 1942) nos ubica en una ciudad atestada de individuos anónimos que, huyendo de los nazis, aguardan en suelo norteafricano el momento de viajar a Estados Unidos. Cualquiera de aquellos personajes de ficción que se reúnen en Rick's no serían muy distintos del Jean Renoir real, quien, como tantos otros, se vio obligado a abandonar Francia, en su caso, vía Marsella, para aguardar en el norte de África el visado que posibilitase su salida hacia Estados Unidos. El 31 de diciembre de 1940, después de su travesía desde Lisboa, Renoir arribó a Nueva York, donde observaría los rascacielos y las luces, pero también las primeras diferencias entre el país norteamericano y la Europa que él conocía, diferencias que se ampliarían cuando, contratado por la 20th Century Fox de Darryl F. Zanuck , se trasladó a Hollywood. <<Rápidamente comprendí que la Fox no esperaba que le ofreciera mis métodos personales, sino que adoptara los métodos hollyw...

Tragedia submarina (1930)

Los primeros minutos de Tragedia submarina ( Men without Women , 1930) apuntan que se trata de una película de transición que combina los rótulos del cine mudo con los escasos diálogos hablados (y el abuso de canciones) del primer sonoro. Pero este primer momento de Tragedia submarina  también introduce la comicidad característica en el cine de  John Ford . En ese instante enfatizada por los comportamientos de los marineros estadounidenses, que disfrutan del alcohol y se entretienen con las mujeres que trabajan en el local de Shanghai donde pasan sus últimas horas de permiso. Ellos forman la tripulación del submarino y <<a veces son un poco brutos y ruidosos, pero lo pasamos por alto porque su misión es muy peligrosa>>, como explica el capitán del navío al alférez recién enrolado. Es nuevo en el grupo, desconoce las costumbres, pero en esa charla nocturna, sobre la cubierta de la embarcación, las palabras de oficial al mando confirman el carácter de la dotación y...

Sucedió mañana (1944)

¿Qué es el futuro si no ese desconocido que a menudo implica la ensoñación en tiempo presente de aquello que aún está por materializarse, aunque siempre lo hará de manera distinta a la soñada? ¿Por qué el mañana hipotético ocupa parte del pensamiento del momento que se escapa sin aviso para convertirse en recuerdo u olvido? Existen infinidad de preguntas sobre el futuro, cada quien tiene las suyas, sin embargo nadie puede negar que, desde la toma de conciencia racional, en mayor o menor medida ese tiempo de promesas, fantasías y esperanzas forma parte de su pensamiento, incapaz este de prever factores desconocidos e imprevistos, y de conjugaciones verbales que escapan del hoy para adentrarse en el mañana que se convertirá en el ahora de respuestas que no siempre resultan satisfactorias. Pero existen excepciones como Benson ( John Philliber ), individuos que no precisan más que indagar en el pasado para conocer qué "sucedió" mañana. Para corroborar sus palabras, el bueno de Be...

Por quién doblan las campanas (1942)

Si no lo expresase la leyenda, y aún así, haría falta mucha imaginación para ubicar Por quién doblan las campanas  ( For Whom The Bells Tolls , 1943 )  en la guerra civil española. La ubicamos porque así nos lo dice el film y porque la famosa novela de que  Ernest Hemingway , publicada en 1940, sitúa a su héroe en España y lo convierte en brigadista que lucha contra el ejército “nacional”. Pero se trata de una novela que se aleja de la realidad. Bien es cierto que todas las novelas se alejan para crear un espacio propio, novelístico, pero el caso es que Hemingway creó uno al estilo Hollywood. Finalizada la española, otra guerra, una a escala mundial, tomaba el relevo para continuar enfrentando a ideologías que venían peleando desde años atrás. Por aquel entonces, nadie sabía cuál iba a ser el resultado de un conflicto internacional que, desde los estudios de Hollywood, se mostró en producciones de cine bélico y de propaganda que pretendían animar, advertir y posicionar ...