Los setenta fueron sus años dorados; todo lo que tocaba lo convertía en oro, ya fuese desde una perspectiva de negocio o una artística. Así, éxito tras éxito, premio tras premio, Llueve sobre mi corazón ( Rain People , 1969), El padrino ( The Godfather , 1972), El padrino parte II ( The Godfather part II , 1974), La conversación ( The Conversation , 1974), Apocalypse Now (1979), Francis Ford Coppola llegó a la cima del mundo y desde ella creyó dominarlo. No buscaba el aplauso masivo ni el consumo de palomitas, sino que pretendía ser un artista que, cual Miguel Ángel o cualquier otro creador que sueña grandeza para su obra y para su ego, se anteponía al sistema que le dio alas, que luego buscó cortárselas, y que le daba de comer mientras se dejase guiar o produjese beneficios. El cine, como medio de expresión artística, era y es para Coppola su modo de crear una obra que le refleje —que, al fin y al cabo, es la búsqueda consciente o inconsciente de todo artista—. Es de los pocos ci...