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Mostrando las entradas etiquetadas como henrik galeen

El estudiante de Praga (1926)

Debido a su mítico Cesare en El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1919), al instante se asocia a Contad Veidt con el fantástico alemán silente, pero esa asociación se amplía y enriquece en otros títulos imprescindibles del género. Pero no fue la primera estrella del cine fantástico alemán, ese “puesto” quizá lo ocupe Paul Wegener, quien resultó vital en los orígenes genéricos junto a Henrik Galeen, el director y guionista de la segunda versión de El estudiante de Praga (Der Student von Prag, 1926) —la primera había sido dirigida en 1913 por Stellan Rye, escrita por Hanns Heinz Ewars y producida y protagonizada por Wegener—. En esta segunda versión, Veidt hace suyo el papel interpretado por Wegener en 1913 y da vida y presta su inquietante rostro a Balduin, el estudiante pobre con fama de ser el mejor espadachín de Praga, que se ve obligado a luchar consigo mismo o, siendo fiel a lo que nos muestra la pantalla, con su otro yo: su reflejo en el esp...

Nosferatu, el vampiro (1922)

Deseos y miedos salen con mayor fuerza en las sombras nocturnas, en la oscuridad de la noche que protege de miradas intrusas. Alejados de la luz diurna, que alimenta la idea de ser observados, quizá descubiertos en aquellos aspectos que desean ocultos, las figuras vampíricas que habitan el cine —exceptúo aquellas que solo son fachadas— están condenadas a ser en la noche y a hacer de la oscuridad su medio natural. Fuera de ella, su existencia es imposible porque esa misma existencia, al ser desvelada por la luz, implica su inexistencia. No pueden soportar la iluminación diurna, luminosidad que espanta los fantasmas que habitan en los mortales; pero esta protección solar no es para los vampiros, llámense Drácula o Nosferatu. Carecen de la capa protectora de los seres diurnos, la que oculta por convenio nunca escrito, pero heredado y establecido milenios atrás en nuestro gen social. Para bien o para mal, dicha herencia destierra al “yo” nocturno a la sombra, incluso a veces ocultándol...