A veces el cine me hace verme proyectado, no en la pantalla, pero sí en una situación en la que me recuerdo y me comparo en distintas épocas. Esto me sucede con una película como Twister (Jan de Bont, 1996), que ya en el momento de su estreno no me aportó nada, salvo aburrimiento. Pero fui a verla tras Speed (Jan de Bont, 1994), que me había gustado —ya no—. Siendo más claro, acudí al cine porque en ese instante de mi vida era otra persona, y miraba, buscaba y encontraba otras cosas, las de aquella otra mente en evolución-involución. Eso es todo, no es que fuese mejor ni peor, ni la época ni yo mismo, es que éramos otros, aun siendo los dos la misma persona. No se trata de desdoblamiento, sino de ser; y ser implica no ser, porque a cada momento nos construimos y nos destruimos para seguir siendo uno mismo. Hoy, al volver a verla solo me quedé eso, pues mi valoración de la pelicula sigue siendo si no la misma, sí una similar… Pero también me dije que la introducción estaba más que prep...