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Mostrando las entradas etiquetadas como fantástico

El mundo perdido (1960)

Mundos encontrados y fantaseados Por Antonio Pardines  Me resulta complicado pensar perder un mundo que nunca se ha poseído, más sencillo es fantasear que se ha encontrado uno que dista del conocido. Respecto a estos mundos de fantasía hay unos cuantos en cine y literatura, quizás siendo el más popular de los cinematográficos el de King Kong (1933), que inicialmente iba a ser una película documental. Pero hubo más viajes a lugares remotos para los viajeros, a espacios «perdidos» antes y después del pisado por Merian S. Cooper y Ernest B. Schoedsack en la isla de la Calavera donde el gran gorila se enfrentaba a algún gigantesco prehistórico por la supremacía del lugar. Otro de esos mundos, de los más populares en su momento junto al de Viaje al centro de la Tierra ( Journey to the Center of the Earth , Henry Levin, 1959), La máquina del tiempo (The Time Machine , George Pal, 1960) y La isla misteriosa ( Misterious Island , Cyril Endfield, 1961), fue la Amazonia que sirve de escen...

Piel de asno (1970)

Bajo el síndrome de Orfeo Por Antonio Pardines Como todo cuento de hadas clásico, el narrado por Jacques Demy se inicia con el cansino y remoto «Érase una vez…». Pues sí, lo fue y todo comenzó de la pluma del cuentista Charles Perrault, autor del cuento que inspiró a Demy su Piel de asno ( Peau d’âne , 1970). El cineasta logra una de sus películas más emblemáticas, creativa y, visualmente, ambiciosa, aunque Los paraguas de Cherburgo ( Les parapluies de Cherbourg , 1964) quizás sea de las suyas la más aplaudida y ensalzada; valoración de la que tampoco discrepo. Pero esta logra algo distinto: consigue envolverte en una atmósfera de fantasía colorista y musical, de magia cinematográfica que el cineasta francés maneja con elegancia para llevarnos por un reino donde el rey vive en el cuerpo de Jean Marais, el protagonista de dos de las fantasías cinematográficas francesas más poéticas. Me refiero a las rodadas por Jean Cocteau: La bella y la bestia ( La Belle et la Bête , 1947) y Orfeo ...

Una invención diabólica (1958)

La imaginación: una invención diabólica Por Antonio Pardines Presumo sencillo responder un interrogante como por qué el imaginario popular se queda con la aventura y olvida el didactismo y magisterio perseguido y exhibido por Julio Verne en sus novelas. La explicación que me doy sería algo así: a la gente le gusta más la diversión y la evasión que el atender y profundizar en explicaciones que amenazan su tiempo de ocio, su divertimento. Claro que hay otros motivos, por ejemplo el cine, la constante repetición de la inventiva (que no niego) del autor de 20.000 leguas de viaje submarino y la memoria personal de quienes lo leyeron en su ya lejana juventud. En el cine, ya el avispado y osado Georges Méliès tomó lo lúdico de Verne, prescindiendo de la ciencia que el autor de Nantes priorizaba en sus aventuras literarias, para viajar a la fantasía desvergonzada, aquella que no debe ninguna explicación para existir. Un discípulo aventajado de ambos, lo encuentro en el checo Karel Zeman, quie...

Verne lee el mundo

Verne lee el mundo   Por Antonio Pardines Dédalo e Ícaro volaron tan alto que el segundo quemó sus alas y cayó al vacío, pero había sembrado la ambición de volar. El mito era y es fantasía, incluso una lección moral sobre la posibilidad, la ambición, la liberación y la mortalidad humana, pues se trataba de una invitación a aspirar a más, a ese más que unos pocos, a menudo calificados de locos por sus contemporáneos, han sentido siempre como motor existencial. Tal empuje vital se descubre en las imágenes documentales que abren El amo del mundo ( Master of the World , William Witney, 1961). Son apenas cinco minutos de slapstick real, de golpes y porrazos de individuos que se echan a volar con los artilugios más extraños o ridículos (vistos hoy), mismamente unas simples alas a lo Ícaro. Pero los nuevos alados no son mitológicos, no son ideas morales. Son pioneros que, vistos fuera de contexto, resultan graciosos o más bien parecen payasos. Esas imágenes son empleadas por William Wit...

La bella y la bestia (1978)

Julie y el cuervo Por Antonio Pardines Jean Cocteau y el gigante empresarial Disney, así como la serie televisiva protagonizada por Linda Hamilton y Ron Perlman, optaron por una bestia regia, cuya cabeza de león, envuelta en su hermosa melena, genera la idea de estar ante alguien mitad humano, mitad rey de la selva. En todo caso, asoman más aristócratas que la exhibida por la bestia de Juraj Herz en su adaptación del cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. El maldito de La bella y la bestia ( Panna a netvor , 1978) presenta rostro avícola, quiero pensar que de cuervo porque es un ave que trae a la mente la oscuridad que tanto se relaciona con el terror y la literatura gótica decimonónica. Pero sea de cualquier tipo, sí resulta una cabeza más gótica que las de las versiones arriba señaladas. Tal vez incluso pueda verse como un homenaje a Edgar Allan Poe, pues lo gótico en manos del autor de Boston es el reflejo oscuro del romanticismo, de las emociones y de los sentimientos que da...

El barón fantástico (1961)

La fantasía del arte Por Antonio Pardines Frente a la pared en blanco se empieza a dibujar una figura que no logro reconocer. Alguien invisible está pintando, pero sus líneas nada me dicen. ¿Qué sucede? Hay desconexión entre el sujeto activo (el pintor invisible) y el paciente (el observador). Así, tras un instante de silencio para contemplar el resultado, me digo que cae de cajón que el gusto no obedece al arte ni al espectáculo, ni a quienes pretenden crearlo e imponerlo o vender un show que de artístico solo tenga la presunción. Cualquier gusto, más o menos refinado y educado, responde a la sensibilidad, a la educación artística y a la interpretación subjetiva que el consumidor posea y se haga de lo artístico, o de la escenificación que observa. Lo dicho es una de las ideas más obvias sobre la reacción de cualquier individuo frente a la obra en cuestión. Y que una mano invisible pinte un muro no es tan extraño, si uno tiene en cuenta que nunca ve las distintas fases de la creación, ...

La serpiente voladora (1982)

Serpenteante vista aérea neoyorquina Por Antonio Pardines Situar a George A. Romero como punto de partida de un cine de terror independiente y barato, quizás sea excesivo, pero tampoco lo sería tanto si pienso en el grupo que siguió esa intención de hacer cine de género sin pasar por el aro de la industria hollywoodiense (aunque algunos acabasen pasando por él). El resultado de aquel terror era algo así como una evolución sinvergüenza (y sin la sutileza psicológica) de la serie B de Val Lewton y de la factoría Corman, heterogéneo, entretenido, de bajo presupuesto, rebelde, cargado de mala leche y con aparente libertad a la hora de exponer la apariencia y lo que se escondía tras ella. Nacido en Nueva York en 1936 y formado en la televisión en los años cincuenta, Larry Cohen formó parte de esta hornada de directores de cine de terror de serie B que debutó en la dirección entre finales de los sesenta y los setenta. No iban a cambiar el cine, no era su intención, tampoco se fijaban en las ...

Megalópolis (2024)

No me hables de futuro, es una ilusión, cuando la creación conquistó mi corazón   por Antonio Pardines ¿Visión de futuro? ¿Quién la tiene? Nadie y todos, lo que nos deja en una situación desértica. Pero sí hay quien ve mejor y peor, más y menos probabilidades que la mayoría de sus contemporáneos. Y a Francis Ford Coppola lo ubico entre quienes, sin poder abandonar su presente, buscan algo nuevo en lo viejo o utilizando lo ya existente, que es como se llega a la novedad y a ser original, lo cual resulta más difícil que alcanzar lo novedoso. Ni en arte ni en cine existe la generación espontánea. Existen las influencias y las obsesiones, la búsqueda de la expresión y de la perfección que todo artista pretende aun sabiendo que jamás podrá alcanzarla. Pero en eso consiste el juego de construir de la «nada», al menos parte de él. Consiste en soñarla e intentar llevar el sueño al mundo «despierto». Coppola lo hizo en varias ocasiones, la más sonada, debido a la ruina financiera que le sup...

La niebla (1980)

Hay fenómenos atmosféricos como la bruma y la niebla que no permiten ver con nitidez a través de ellas o que te invitan a ver más allá de lo que ocultan, ya que sus formas indefinidas posibilitan la fantasía, incluso sentir como esta se transforma en terror. ¿Qué puede llegar con la niebla? ¿Qué oculta? ¿Y nuestra historia y memoria? ¿No son algo así como espacios envueltos en la niebla del tiempo y de la ilusión “óptica”? ¿Qué vemos? Lo impreciso. En el film de John Carpenter la amenaza, el miedo y la venganza, el crimen y la maldición que conlleva el fenómeno que se acerca a la costa donde ya no se sabe si los sentidos nos acercan o nos separan de la realidad, pues esta ya es otra distinta a la de cualquier día despejado. Carpenter sabe generar atmósferas donde atrapar a sus personajes. No precisa grandes efectos para lograrlo, sino desenfado, falta de pretensiones de transcendencia, y realizar lo justo para que no se note que esta jugando con nosotros para asustarnos, pero también...

Videodrome (1982)

El siglo XX entero fue un campo de desarrollo para los mass media , convirtiendo a las distintas sociedades “desarrolladas” en mediáticas. No cabe duda que el más potente a la hora de hacerlo fue la televisión, que siempre estaba, y está ahí, transformada en mil aplicaciones para llenar la smart tv  y en canales de YouTube que funcionan en las pantallas que la mayoría lleva en el bolso o en los bolsillos, por la mañana, por la tarde, por la noche, al mediodía, incluso mientras duermes. Para conquistar los hogares, los distintos tipos de público que en ellos habitaban, había que generar contenido dispar y crear canales mediáticos y temáticos (hoy plataformas) para obtener beneficios, pero también para controlar y condicionar la mayor cantidad de mentes y de gustos posibles. Hoy, gracias al uso de algoritmos, el control y guía del consumidor resulta más fácil. Aunque ya se había hecho un nombre, David Cronenberg no perdía su toque underground , marginal y subversivo, con el que explo...

Teen Wolf (De pelo en pecho) (1985)

Tras la enésima y simpática variante del hombre-lobo que John Landis realizó en Un hombre lobo americano en Londres ( An American Werewolf in London , 1981), Rod Daniel, en el que fue su primer largometraje para la gran pantalla, infantilizó en Teen Wolf (1985) la imagen del licántropo (con un toque de Jekyll y Hyde) exprimida hasta la saciedad por la Universal en la década de 1940, animada por el éxito de sus otros ciclos de terror. Pero en aquellas producciones en blanco y negro escritas por Curt Siodmak había una intención no disimulada de fabricar en cadena, de no tener ideas nuevas, de mezclar monstruos populares y aceptarlo sin intentar revestirlas de florituras. Eran austeras, más que cutres, esforzadas en su imposibilidad de dar más de sí, lo cual deparaba que fuesen risibles, es decir, que tuviesen algo de gracia porque para verlas había que partir del hecho de que se trataba de un cine de diversión más que de terror, puesto que a aquellas alturas ni Frankenstein, ni Drácula...