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Mostrando las entradas etiquetadas como richard fleischer

El estrangulador de Rillington Place (1970)

Los motivos que empujan al joven consentido interpretado por Farley Granger en La muchacha del trapecio rojo (The Girl in the Red Velvet Swing, 1955), a los estudiantes de Impulso criminal (Compulsion, 1959) y a Albert DeSalvo en El estrangulador de Boston (The Boston Strangler, 1968) a asesinar es su psicología, diferente en cada uno de los casos, pero con la coincidencia de que no encuentran una explicación lógica (un móvil) para sus actos; lo mismo podría decirse del señor Christie (Richard Attenborough) en El estrangulador de Rillington Place (10 Rillington Place, 1970), cuya apariencia retraída, como insegura y sospechosa, le hace parecer como si temiese que descubriesen algo que desea mantener oculto; y así es. La introducción del personaje en 1944, en plena II Guerra Mundial, mostrándose amable con una inquilina a la que no tarda en asesinar, valiéndose de monóxido de carbono, y enterrar en su jardín, marca la siguiente parte del relato, que se desarrolla en 1949. Entonces, ...

La muchacha del trapecio rojo (1955)

Existe un espacio físico en La muchacha del trapecio rojo ( The Girl in the Red Velvet Swing , 1955) que sustituye la realidad por la fantasía. Se trata de la habitación donde cuelga el columpio rojo del título. Es el jardín de los sueños, el único lugar donde Evelyn ( Joan Collins ) y Stanford White ( Ray Milland ) acarician el paraíso y viven el suspiro idílico que comparten e interpretan de distinta manera. Allí, ambos son felices, la realidad queda fuera del interior donde ella siente la protección de la figura madura —con la que quizá pretenda llenar el vacío de la paterna ausente, vacío que su madre ( Glenda Farrell ) ha intentado ocupar hasta entonces—, y la del príncipe azul, rico, elegante y famoso, con el que ha fantaseado, y que en ese instante es quien la balancea hasta tocar la Luna simbolizada en el techo. Por su parte, mitigado durante ese paréntes...

Impulso criminal (1959)

Si por un instante volvemos nuestra mirada hacia Borzage ,  Ford , Hawks , Hitchcock , Vidor ,  Wilder y tantos otros que realizaron toda o gran parte de su carrera dentro de la industria cinematográfica, con éxitos y fracasos comerciales, algunos nos quedaríamos un buen rato disfrutando una vez más de sus películas, pero no se trata de eso, si no de comprobar que una buena película no necesita la aceptación popular ni la especializada para serlo, aunque sí es indispensable que posea personalidad. Esta se encuentra en sus responsables, en qué pretenden contar y en cómo lo cuentan, porque, más allá de que se hable del montaje o del guion como partes fundamentales, son los cineastas quienes deben responder a las múltiples preguntas que surgen antes, durante y después de cada jornada de rodaje y son quienes convierten las diferentes historias en imágenes (y sonidos) y no la sala de montaje, donde nunca se podría descentrar el encuadre como hace  Richard Fleischer  para...

Sábado trágico (1955)

<<La composición visual de cada plano tiene que estar en función de lo que quieres decir, o de lo que quieres contar. No debe ser un fin en sí mismo, digamos que no se debe componer por componer, sino que debe estar en función de un sentido dramático>> Richard Fleischer (de la entrevista publicada en "Dirigido por", nº 154. Enero, 1988) Consciente de su existencia, omito en estas líneas la parte final y los títulos de relleno que existen en la filmografía de Richard Fleischer , relleno que prácticamente se puede encontrar en la de cualquier cineasta. Partiendo de esta omisión, el resto de la obra de Fleischer me resulta de las más estimulantes e interesantes de los realizadores hollywoodienses que debutaron en la década de 1940. Tanto en su forma como en su fondo las mejores películas del realizador de Impulso criminal ( Compulsion , 1959) desvelan a un cineasta que compone con la cámara para ahondar en personajes que se alejan de estereotipo del héroe. No s...

Testigo accidental (1952)

¿Es consecuencia de desconocimiento o de inmediatez irreflexiva afirmar que el cine de hoy es peor o mejor que el de ayer? El tiempo nos ha desvelado (y lo seguirá haciendo) que en cualquier periodo (silente, sonoro, hablado, digamos también colorista, panorámico... hasta la actualidad) se han realizado buenas y malas películas. La diferencia entre las distintas etapas son las personas que las han vivido, los hechos que las han caracterizado, los diferentes adelantos técnicos y su uso, entre otras cuestiones fruto de intereses económicos y de la evolución (o en ocasiones podríamos hablar de involución) exigida por un medio de expresión y de entretenimiento que, salvo excepciones, siempre ha estado condicionado por su alto coste de producción. Esto ha permanecido inalterable y quien pone el dinero, lo hace para obtener beneficios e incluso, para lograr su fin, se entromete en aspectos creativos y técnicos que desconoce. Su máxima parece ser: recupera la inversión y obtén el máximo de b...

Fuga sin fin (1971)

Su primera aparición en la pantalla delata el carácter meticuloso de Harry Garmes ( George C. Scott ) a la hora de preparar (mimar) el descapotable que pone a punto para probarse que todavía continúa vivo, aunque consciente de que la muerte le ronda en la tumba de su hijo, en la ausencia de su mujer o en su retiro en el pueblo pesquero del Algarve donde, nueve años atrás, pretendía iniciar una nueva vida que se quedó en nada. Su decepción vital es evidente, también lo es su necesidad de recuperar aquella parte de sí mismo que regresa por última vez a raíz del encargo de transportar a un fugitivo de la justicia española hasta tierras francesas. Garmes sabe que e l tiempo es su enemigo, que agudiza su soledad y la monotonía que acaba por convencerlo para retomar su antigua ocupación al servicio de quien le pague por pilotar. Esto lo sabremos más adelante, aunque durante los títulos de crédito de Fuga sin fin ( The Last Run , 1971)   Richard Fleischer nos presenta a su protagonista...

Los nuevos centuriones (1972)

La transformación sufrida por la industria cinematográfica hollywoodiense durante la década de 1960 encuentra parte de su explicación en el desencanto y en las circunstancias político-sociales que afectaban al país por aquel entonces. Atrás quedaban el sistema de estudios, las coloristas comedias musicales o las grandes superproducciones, que encontraron su canto de cisne en Cleopatra ( Joseph L.Mankiewicz , 1963). Aquel Hollywood, para algunos dorado, dejó paso a otro más sombrío donde el pesimismo y la violencia, que ya se observan en films como  Los sobornados ( The Big Heat , Fritz Lang , 1955), fueron ganando presencia en la pantalla hasta convertirse en parte fundamental del discurso fílmico de los dos géneros por excelencia norteamericanos: el cine negro y el western. La evolución se había iniciado en los años cincuenta, pero la ruptura llegó a partir de los nuevos movimientos cinematográficos que se impusieron a principios de los sesenta, de la necesidad de renovación del...

Richard Fleischer. Un cineasta todo terreno

Su padre,  Max Fleischer , fue uno de los pioneros del cine de animación, inventor del rotoscopio,  creador de  Betty Boop  y responsable de la primera serie animada protagonizada por Popeye el marino. A esto habría que añadirle que, junto a su hermano Dave, fundó en 1918 la única compañía de animación ( Fleischer Studios ) que en la década de 1930 hacía sombra a Walt Disney , lo cual ya permite hacerse una idea de la importancia que el cine tenía dentro de la familia  Fleischer . De tal manera era inevitable que  Richard , nacido en diciembre de 1916,   entrase en contacto con el medio cinematográfico a muy temprana edad. Tampoco sorprende que en su juventud se decantara por estudiar Arte Dramático, aunque lo suyo ni sería la interpretación ni la animación cinematográfica. Su primer contacto profesional con el medio artístico-laboral al que dedicaría el resto de su vida se produjo en 1943, cuando dirigió  Flicker Flashbacks Nº 1 , el...