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Mostrando las entradas etiquetadas como noël coward

Un trabajo en Italia (1969)

Gamberrada y pop, satírica y dividida en dos partes bien diferenciadas, la inglesa y la italiana, Un trabajo en Italia (The Italian Job, 1969) acelera al máximo el atractivo de las persecuciones automovilísticas. Lo hace abordo de tres “minis” que escapan por las galerías comerciales y las calles de Turín en las que el colapso automovilístico sirve de vía de escape para el equipo liderado sobre el terreno por Charlie Crocker (Michael Caine); pero, en la distancia, quien manda es Mister Bridger (Noël Coward), un distinguido preso, jefe de una organización delictiva y monárquico isabelino a ultranza. Coward dota de credibilidad e ironía a la imagen que asume su personaje: adicto a la vieja Inglaterra, elegante, altivo, esnob. Por su parte, Caine asume el rostro del caradura inteligente y mujeriego. Son dos personajes que aparentemente se sitúan en polos opuestos, algo así como un aristócrata y un “cockney” del robo, pero a ambos les gusta el dinero y ese gusto les une para dar el golpe e...

La vuelta al mundo en 80 días (1956)

El cine siempre necesitaba espectáculo, más si cabe cuando entra en crisis. Entonces necesita atraer al público para sobrevivir y continuar su desarrollo. ¿Cómo? Como habían hecho Guy y Méliès al principio del invento. Se intenta crear fantasía y diversión. En la década de 1950, Hollywood sufrió una de sus crisis más pronunciadas, al tener que competir con la televisión y situarse en un nuevo contexto que le exigía adaptarse al nuevo modo de distribución cinematográfica. Pero lo primordial seguía siendo lo de siempre: atraer al público, que empezaba a vaciarse de las salas. Así que tenía que ofrecer más entretenimiento, más espectáculo, más aventura, más estrellas, más madera. Y para aventura y entretenimiento, aunque su narrativa tendiese a didáctica, hubo quienes como Méliès, medio siglo antes, encontraron en Julio Verne una fuente de inspiración. A partir de sus historias, crearon espectáculo cinematográfico. Walt Disney lo produjo con éxito en 20.000 leguas de viaje submarino (20,...

Cabalgata (1933)

Basado en la obra de Noel Coward , Cabalgata ( Cavalcade , 1933) fue la gran triunfadora de los Oscar de 1933, pero eso ni dice ni desdice a su favor o en su contra. Son las imágenes de cualquier película las que desvelan sus aciertos y también las que destapan sus defectos. Y el film de Frank Lloyd no escapa a esta doble afirmación. Solo hay que verla para darse cuenta de que su mirada y sus formas son conservadoras, como conservadora lo fue la época victoriana en la que se inicia. Cabalgata es conservadora en su mensaje, en sus imágenes y en la imposibilidad de Frank Lloyd a la hora de superar la excesiva teatralidad de las situaciones que expone y de sus personajes, que arrastran su artificialidad a lo largo de los distintos momentos que suman aburrimiento y dan forma al total de un film desapasionado, sin vida cuando pretende hablar o imitar a la vida. Lloyd va pasando por distintas etapas del siglo XX, desde la guerra Bóer (en Sudáfrica) y la muerte de la reina Victoria hasta...

Nuestro hombre en La Habana (1958)

El engaño y la mentira forman parte del espionaje y también del universo literario. En ambos casos, espías y escritores inventan ficciones y personajes, crean seres inexistentes a los que atribuyen sentimientos, emociones, necesidades, motivos. En definitiva, los hacen pasar por reales para llevar a cabo su engaño. El ejemplo real, quizá el más popular, del espía que se inventa agentes para llevar a cabo sus fines lo encontramos en Juan Pujol, “Garbo”, quien durante la Segunda Guerra Mundial creó una red de espionaje formada por agentes inexistentes, pero que resultaron más efectivos que posibles espías de carne y hueso. El de ficción podría ser el vendedor interpretado por Alec Guinness en Nuestro hombre en La Habana ( Our Man in Havana , 1959), que también crea su propia red de espionaje, aunque él lo hace para obtener el dinero que le permita dar a su hija una vida de comodidades y lujos. Este personaje es a su vez creación de la mente de Graham Greene , un escritor que desarrolló...

Una mujer para dos (1933)

Sin exhibicionismo, sin violencia, solo una sutil bofetada a las mentes biempensantes de parte de Ernst Lubitsch , que prefiere un trío vital a un matrimonio que comprendemos muerto antes de que Max ( Edward Everett Horton ) abandone el inmaculado lecho nupcial que ha compartido con Gilda ( Miriam Hopkins ). La escena a la que tenemos acceso lo dice todo: sale de la habitación, cierra la puerta y, malhumorado, da un puntapié a la maceta con dos tulipanes idénticos que George  ( Gary Cooper ) y Tom ( Fredric March ) enviaron a la novia como regalo de boda. Por eso me gusta Lubitsch , porque es capaz de transgredir con elegancia, y esto le sobra a una comedia del tipo Una mujer para dos ( Desing for Living , 1933). En el cineasta de "dos para una mujer" vence la alegría, el amor y el sexo. Pierden los convencionalismos, la hipocresía y la moral que La liga de la Decencia y el código H...

La vida manda (1944)

Avanzado el metraje de La vida manda ( This Happy Breed , 1944), cuando las diferencias entre padre ( Robert Newton ) e hijo ( John Blythe ) parecen insalvables, el primero le dice al segundo algo así como que las injusticias sociales no se encuentran en los sistemas ni en los gobiernos, como cree el hijo, que en ese instante coquetea con el movimiento proletario al que le ha arrastrado su amigo Sam ( Guy Verney ), sino en la propia naturaleza humana. Suena a tópico, pero no por ello la idea del padre carece de acierto, solo que la asume sin buscarle mayor sentido, consciente de no poder hacer nada para cambiarla. Omite que quizá dicha naturaleza sea fruto de los distintos procesos históricos que le han dado forma y, a la vez que se heredan, continúan desarrollándose como parte de la vida que él acepta fiel a sus valores, a su ritmo inglés y a su tradicional interpretación de las cosas. Compr...

Sangre, sudor y lágrimas (1942)

En tiempo de guerra, la maquinaria bélica no se reduce a las armas de combate. Hay otras muchas. Una de ellas sería la propaganda con la que se pretende elevar la moral de tropas y de civiles. En este caso, el cine juega un papel de suma importancia, ya que se trata de un medio que alcanza a un amplio sector de la población. Un buen ejemplo del cine de propaganda bélica realizado en el Reino Unido durante los años de la Segunda Guerra Mundial podría ser el debut de David Lean tras las cámaras, pero, más allá de las imágenes de Sangre, sudor y lágrimas ( In Which We Serve , 1942), el film inicia la colaboración de Lean  con   Noël Coward ,  Ronald Neame  y  Anthony Havelock-Allan , una asociación que marcaría la primera etapa del futuro responsable de El puente sobre el río Kwai .  Aunque Sangre, sudor y lágrimas fue codirigida, escrita, producida e interpretada por  Coward  (también compositor de la ba...

Un espíritu burlón (1945)

Las primeras realizaciones de David Lean estuvieron ligadas al dramaturgo  Noël Coward , autor de las obras de teatro en las que se basan tres de sus cuatro colaboraciones, en las que Coward también ejerció de productor, así como codirigió y protagonizó  Sangre, sudor y lágrimas , la primera película de una asociación en la que también participaron  Anthony Havelock-Allan  y  Ronald Neame , con quienes poco después el responsable de   Lawrence de Arabia  fundaría la productora independiente  Cineguild , en la que realizó entre otras Breve encuentro , también basada en una obra de Coward , y las dickensianas   Cadenas rotas y Oliver Twist . Este cuarteto se encargó de adaptar la exitosa pieza teatral que dio pie a Un espíritu burlón ( Blithe Spirit , 1945),  la primera de las dos comedias dirigidas por  Lean , más conocido por sus dramas intimistas o por sus grandes superproducciones. Sin embargo, y al igual que  E...

Breve encuentro (1945)

Una estación, su cafetería, la charla entre la dueña del local y el jefe de vías, quizá coqueteen, sin malicia o con intención. Una mesa en una de las esquinas, una pareja, hombre y mujer, susurra sin hablar. La cámara apenas les presta atención, hasta que los sorprende con la llegada de una charlatana que interrumpe la intimidad de un instante que solo les pertenece a ellos. Laura ( Celia Johnson ) y Alec ( Trevor Howard ), así se llaman, ahora sufren la invasión que pone punto y final a su despedida, a su breve encuentro, clandestino, fugaz, anónimo. La mano masculina posa múltiples emociones sobre el hombro femenino. Es un suspiro, quizá dos segundos en el tiempo, pero contiene mucho más que un silencioso adiós que durará para siempre. Quizá algún día desaparezca la mirada triste y angustiada que se fija en la puerta por donde el cuerpo del ser amando acaba de salir, hacia u...