Salvo su experiencia y su eficacia, lo que ya es mucho, poco más tiene que ofrecer Mark Robson en esta película de catástrofes con sabor a serie B , pero A en sus millones de dólares invertidos y en la presencia de estrellas pululando por sus escenas —entre ellas Walter Matuschanskayasky, que no es otro que el inconfundible Walter Matthau—, si la comparo con su época en RKO, cuando Robson y Robert Wise aprendieron con los grandes: Jacques Tourneur , Val Lewton y Orson Welles , aunque a este poca gracia le hizo el montaje que hicieron de El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, Orson Welles , 1942). Aquí, en Terremoto (Earthquake, 1974), la inventiva de aquellas modestas, pero grandes producciones, deja su lugar al tópico para crear una típica desventura de catástrofe natural que resulta ser una de las cimas del subgénero. Puede parecer una contradicción escribir “mucho” y “poco” o decir que es “típica” y “de las cimas” para referirme a la misma película, pero quizá no lo sea ...