Con frecuencia, empleamos demasiadas palabras para decir demasiado poco; del mismo modo que a comentarios o a respuestas sin florituras ni retóricas huecas les negamos igual o mayor validez que a eslóganes y discursos elaborados a base de aromas, espinas, ecos, etiquetas y otros adornos sonoros sin más sentido que carecer de sentido. Son palabras que adquieren su significado según quien las consume, para qué y por qué. Son recursos de oradores, son calmantes o excitantes para oyentes, son material de relleno para quien escribe esta u otra perorata. A veces, comunican, adornan u ocultan intenciones; otras, delatan vacíos y carencias; las menos, enriquecen el silencio, en numerosas ocasiones, el sonido más atractivo, seductor y sabio que la naturaleza regala a los vivos. Su voz disimula conocimientos o su ausencia;...