Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como gil parrondo

Los niños del Brasil (1978)

Recién concluida la Segunda Guerra Mundial,  Orson Welles  realiza El extraño (The Stranger, 1946), y en ella interpreta a un criminal nazi que ha escapado tras la derrota y se oculta en una pequeña localidad estadounidense donde trata de pasar desapercibido, siendo uno más de la vecindad. Pero el agente interpretado por Edward G. Robinson le sigue la pista. Aunque no es el eje sobre el que gira, la película apunta la huida de responsables de crímenes de guerra y la persecución llevada a cabo para conducirlos ante los tribunales internacionales encargados de juzgarlos. Años después del thriller de Welles , así, como quien no quiere la cosa, los taconazos de Schulz en Uno, dos, tres (One, Two, Three, Billy Wilder , 1961) delatan con humor y caricatura restos de nazismo en la guerra fría, en su período inmediatamente anterior a la construcción del muro de Berlín. Por aquel entonces, en el que James Cagney vende refrescos de cola en la ácida comedia de Wilder , varios agentes i...

Volver a empezar (1982)

Definir la vida resultaría un ejercicio bastante más complejo que compararla con una caja de bombones, que limita los sabores y expone en su exterior los tipos que contiene, aunque dicha comparación quede bonita cara la galería y el público la retenga en su memoria colectiva. Lo sepamos o lo ignoremos, la existencia está marcada por factores externos e internos, por el tiempo que avanza sin opción a regresar a un punto anterior, por su final, del que vamos cobrando conciencia a medida que pasan los años y somos testigos de la muerte de otros. <<Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir>>, escribió Manrique. Pero tampoco podría definirse en unos versos inolvidables y geniales; o como una canción que, una vez escuchada, puede ponerse de nuevo y volver a sonar desde el principio; ni como un folio escrito a lápiz en el que borrar los errores y las faltas (que nunca sabemos que lo son en su presente) y escribir nuevas líneas, corregidas, como si lo “bo...

Nicolás y Alejandra (1971)

La disponibilidad de medios no asegura un buen resultado, aunque sí ayuda a disimular y maquillar parte de los defectos de la película, de sus personajes, diálogos y temas. Esto puede aplicarse a Nicolás y Alejandra ( Nicholas and Alexandra , 1971), una superproducción que  Franklin J. Schaffner rodó en España, pero que desarrolla en Rusia y recrea los últimos años de la dinastía Romanov. Lo que ya supone un problema de inicio, puesto que habría que encontrar el modo de equilibrar el momento histórico (de gran complejidad y alcance) y la intimidad de la pareja protagonista. Sin embargo, da la sensación de que la regularidad no se logra en ningún momento. Sin ir más lejos, por cercanía temática, David Lean  sí la obtuvo en su Doctor Zhivago (1965), que equilibra personajes e historia o, quizá mejor, pone la historia al servicio del romanticismo. Por su parte, Franklin J. Schaffner  parece conformarse, no decide tomar un rumbo que lo aparte de lo convencional. Todo lo co...

Gil Parrondo y Orson Welles

Con permiso de su "maestro"  Sigfrido Burmann ,  Gil Parrondo fue el decorador más destacado de la cinematografía española del siglo XX. Reconocido y premiado fuera y dentro de las fronteras españolas, este sin par de la decoración cinematográfica (teatral y televisiva) debutó en el cine como ayudante de Burmann  en Los cuatro Robinsones ( Eduardo García Maroto , 1939). Desde entonces no dejó de aprender y de trabajar, tanto para el cine como para otros medios escénicos. Lo hizo durante siete décadas, en las que puso su talento al servicio de directores españoles — Luis Lucía , Pedro Masó o  José Luis Garcí —  o foráneos:  John Milius ,  Franklin J. Schaffner , Richard Lester , David Lean  u Orson Welles . Respecto a este ilusionista y mago del celuloide, autor y responsable de Fraude ( F for Fake , 1974),  Parrondo  rememoró su encuentro, cuand...

La isla misteriosa (1960)

Encuentro en las aventuras literarias de Julio Verne menos fantasía que la prometida por títulos tan sugerentes a la hora de fantasear como 20.000 leguas de viaje submarino , Viaje al centro de la tierra o Viaje a la luna . Al menos esa es la impresión me produce la lectura de sus novelas, pero quizá el escritor francés no buscase fantasear, aunque sus narraciones sí presenten circunstancias extraordinarias y fantásticas, sino dar rienda a sus conocimientos teóricos, que numera sin descanso mientras detalla las distintas circunstancias que sus personajes han de superar. Esta sensación también me la deparó  La isla misteriosa y los cinco unionistas que huyen del cerco de Richmond en un globo aerostático que sufre las inclemencias de la tempestad que los arrastra a una lejana isla del Pacífico. Allí, el autor escoge a Cyrus Smith para plasmar sus conocimientos de metalurgia, química, botánica, alfarería, astronomía, psicología... y allí confiere al ingeniero la infalibilidad. No e...

Gil Parrondo, decorador, decorador de cine y de teatro, y nada más

<<Yo quiero ser decorador, pero aquí, no sé por qué, en una reunión que hubo, a todos los decoradores les gustaba lo de director artístico. Yo no lo puedo entender. La palabra en castellano es decorador, y además suena muy bien, yo no quiero ser director de nada... que cosa más tonta. La palabra que me gusta es decorador, si alguien me pregunta lo que soy respondo que decorador, decorador de cine y de teatro, y nada más>>. (Fragmento extraído de la entrevista a Gil Parrondo publicada en Directores artísticos del cine español ) Para la mayoría del público, los decorados y las localizaciones pasan desapercibidos o se encuentra en un plano secundario. Y eso es lo que pretende un buen decorador, aunque consciente de que los escenarios son fundamentales y deben ser los precisos para ofrecer el mejor fondo posible a las historias y a los personajes que por ellos deambulan. Son muchos los nombres que han hecho posible los espacios que se observan en la pantalla. En ocasione...

La caída del Imperio Romano (1964)

Hacia finales del siglo II de nuestra era, el Imperio Romano se extendía desde la costa atlántica de Hispania hasta el Mediterráneo oriental, desde el sur de Europa hasta la fronteras naturales del Danubio y del Rin, por el norte de África y parte de Asia, donde limitaba con los persas. Dieciocho siglos después, otro imperio, que en realidad no lo era, pues solo era un estudio cinematográfico, ocupaba una zona de las Rozas (Madrid) donde el emperador-productor  Samuel Broston  se instaló con el dinero cedido por las industrias DuPont para extender su actividad desde El capitán Jones ( John Paul Jones ; John Farrow , 1959) hasta Pampa salvaje ( Savage Pampa ;  Hugo Fregonese , 1966). Durante su apogeo, Broston produjo El Cid ( The Cid ; Anthony Mann , 1961), 55 días en Pekín ( 55 Days at Pekin ; Nicholas Ray , 1963) o La caída del Imperio Romano ( The Fall of the Roman Empire ; Anthony Mann , 1964), compitiendo de tú a tú con las grandes superproducciones hollywoodie...

Conan, el bárbaro (1982)

Luchadores y supervivientes reaparecen a lo largo de la filmografía de John Milius , ya sea esta como guionista o como director de sus propios guiones. Algunos son hombres y mujeres errantes como Raisuli en El viento y el león ( The Wind and the Lion , 1975) o Conan y Valeria en Conan, el bárbaro ( Conan the Barbarian , 1982); otros están obligados a serlo, caso de los adolescentes de Amanecer rojo ( Red Dawn , 1984), y los hay que, como Learoyd en la ninguneada  Adiós al rey ( Farewell the King , 1989), han escapado de la guerra hasta encontrar su lugar, al menos, durante el breve paréntesis de paz que antecede a la tempestad que alcanza y arrasa su paraíso. Todos estos personajes presentan rasgos comunes como la fuerza, la soledad o el deseo de libertad, características que remiten de forma directa al propio cineasta, pero existen otros nexos que unen las historias de Milius . Su predilección por ubicar sus tramas en parajes naturales e inhóspitos o desarrollar secuen...

El viento y el león (1975)

Para codearse con las viejas potencias europeas, ganarse su respeto e incluso su temor, cuando no sustituirlas, el Corolario Roosevelt de 1904, basándose en la Doctrina Monroe , daba vía libre a la intervención estadounidense en cualquier lugar del globo donde sus ciudadanos o los intereses de sus empresas se vieran afectados. A partir de entonces, aquel intervencionismo no hizo más que crecer hasta alcanzar e incluso superar al resto de potencias que todavía se repartían o actuaban en distintas zonas mundiales donde la influencia estadounidense se acrecentó gracias a la presencia de sus tropas y de sus grandes multinacionales. Sin llevarnos a engaños, los intereses económicos (materias primas, ampliar y controlar mercados, abaratar costes de producción,...) fueron los principales impulsores del colonialismo y neocolonialismo de los países más desarrollados durante los siglos XIX y XX, pero también existían otras intenciones como la de ganarse el respeto, suprimir o intimidar a las...

Fedra (1956)

Como otras expresiones artísticas, el cine no es ajeno a la mitología ni a los personajes que por ella deambulan mostrando sentimientos encontrados mientras el destino, aciago por norma general para sus héroes y heroínas mortales, marca la tragedia de hombres como Edipo, Orestes u Orfeo y de mujeres como Altea, Antígona o Casandra, víctimas condenadas a sucumbir a sus ambiciones, deseos y emociones, y víctimas del hado caprichoso que, a menudo en forma de dioses tan humanos como ellos, se presenta en su camino para guiarles hacia su destrucción. Fedra es otro de los mitos destinados a sucumbir a la tragedia, en su caso, aquella que se produce a raíz de su matrimonio con Teseo y de su enamoramiento, no correspondido, de Hipólito. El rechazo del virginal hijo del héroe griego hacia su madrastra es asumido en Fedra (1956) por Fernando ( Vicente Parra ), un joven domador de caballos que en ningún momento se deja seducir por los encantos de Estrella ( Emma Penella ), más aún, muestra el d...