Después de que Chuck Yeager, pilotando el Bell X-1, superase la velocidad del sonido el 14 de octubre de 1947 y de que, abordo de la Vostok 1, Yuri Gagarian orbitase alrededor de la Tierra el 12 de abril de 1961, era cuestión de poco tiempo y de mucho dinero —con el que cubrir los millonarios gastos que supusieron el desarrollo de la tecnología, las pruebas previas y el entrenamiento de los astronautas y del resto de los miembros participantes— que un soviético o un estadounidense pisase la superficie lunar. La carrera por la primacía en el espacio era parte de la competitividad política, estratégica y militar de ese par de gigantes que, entre sus tiras y aflojas, luchas por el poder y amenazas veladas de una guerra total, fueron superando barreras tecnológicas que, con anterioridad, solo habían sido superadas por la imaginación y en la fantasía. Finalmente, el 21 de julio de 1969, ese primer hombre en pisar el satélite terrestre fue Neil Armstrong. Tal día, el mundo vivió expectante e...