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Mostrando las entradas etiquetadas como pedro lazaga

Operación Plus Ultra (1966)

Si forzosamente tuviese que elegir algo destacado de Operación Plus Ultra (1966), que no lo encuentro, sería el “hacer” de José Luis López Vázquez dando vida a Rodríguez, el reportero encargado de cubrir la excursión que da pie al film; por su desparpajo, por su indudable capacidad para transmitir naturalidad a sus recreaciones. La presencia del periodista constata lo que se sabía desde el arranque, con el No-Do informando de un concurso que, sin decirlo, obedece a intereses y finalidad propagandísticas. Pero sin tanta propaganda y sin el abuso de tópicos y sensiblería, con  un tercio de metraje menos y un cuádruple de humor más, Operación Plus Ultra  podría haber sido algo así como un episodio de Historias de la radio ( José Luis Sáenz de Heredia , 1955), pero la película de Pedro Lazaga carece de la gracia, de José Isbert y del atractivo del film de Sáenz de Heredia . La historia que Lazaga  cuenta se inspira en la real del concurso que le da título, un programa qu...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...

La ciudad no es para mi (1966)

El inicio de La ciudad no es para mí ( Pedro Lazaga , 1966) parodia el ritmo urbano del “desarrollo económico” de la década de 1960. Es caricaturesco y desenfrenado. No pisa freno y resulta uno de los comienzos más acelerados del cine español del momento, también de su antes y de su después. La veloz sucesión y aceleración de imágenes de Madrid, acompañadas por la voz del narrador que informa a similar velocidad del número de habitantes, automóviles, nacimientos, bodas y defunciones, pero tomándose algún que otro respiro antes de volver a la carga, concluyen siguiendo a un hombre anónimo ( José Sazatornial “ Saza ”) a quien el narrador interrumpe para decirle que a ese ritmo no va a llegar a viejo. <<¿Y a usted qué le importa?>>, replica el “velocista” a quien hemos visto y no visto acelerar el paso, apurar la meada, devorar el perrito caliente que compra en un puesto callejero, tragar el café, pagar, dejar propina, así no pierde tiempo esperando el cambio, y de nuevo vol...

Torrepartida (1956)

El guion de Alberto F. Galas y José María Belloch , Primer Premio Nacional 1955, lo cual no quiere decir mucho —si se tiene en cuenta la censura cinematográfica y la parcialidad de los premios de la época—. fue llevado a la gran pantalla por Pedro Lazaga en Torrepartida (1956), un film sobre el bandolerismo de posguerra ambientado en la Sierra de Teruel. Pero aun siendo su fotografía en color, se trata de un film que mira en blanco y negro, pues se posiciona sin disimulo y recrea un ámbito rural donde los buenos son unos y los malos son otros y todos ellos son estereotipos. Así de simple, es un enfrentamiento sin tonos grises, ni siquiera en el caso de Manuel ( Germán Cobos ), a quien los autores esbozan cual tipo sin suerte que se ha visto condicionado por su relación con su hermano Ramón ( Javier Armet ), el buen hijo, quien continuamente le recrimina su comportamiento, y por la mala compañía de Rafael ( Adolfo Marsillach ), el jefe de la banda a la que se une, aunque nunca se enc...

Cuerda de presos (1955)

<<Así, pues, creo yo, si miramos en torno nuestro podremos “ver” a los hombres, las instituciones, el paisaje; pero no por ello podemos afirmar que hayamos visto al hombre, al paisaje, a las obras de los hombres>> Tomás Salvador : Cuerda de presos A Pedro Lazaga se le recuerda sobre todo por sus comedias, pero antes de realizar las populares Las muchachas de azul (1957), El fotogénico (1958) o Los tramposos (1959) era un cineasta cuyo cine apuntaba mayor seriedad en Hombre acosado (1952) o La patrulla (1954). Por su parte, Tomás Salvador fue uno de los pocos escritores españoles que en la década de 1950 se aventuró y optó por la literatura de género: policíaca, aventuras e incluso se acercó a la ciencia-ficción en la novela La nave (1959). Ambos nombres se unen en los créditos de Cuerda de presos (1955), la propuesta cinematográfica dirigida por Lazaga que adaptaba la galardonada novela homónima de Salvador . La película vive el viaje a pie de dos guardia civil...

Los tramposos (1959)

La mentira y el engaño son exclusivos de la universalidad humana, tan exclusivos que todos los llevamos con nosotros y echamos mano de ellos con o sin disimulo, consciente o inconscientemente. La pareja de timadores de Los tramposos (1959) intenta disimular sus pequeños golpes y engaños, pero no engañan a Julita ( Concha Velasco ), el personaje que, en su impuesta honradez, determina el cambio laboral en Virgilio ( Tony Leblanc ) y Paco ( Antonio Ozores ). Estos dos trúhanes sí embaucan al pueblerino que ve con buenos ojos engañar al tonto que reparte estampitas por una peseta. Pero el tonto solo lo es a medias, puesto que comprende que el timo de la estampita funciona porque siempre habrá víctimas que creen ser lo suficientemente listos para engañar al tonto. Podría hacerse un estudio o un ensayo sobre la escena que se produce en el exterior de la estación de Atocha y la realidad que encierra y desvela que el buen hombre rechaza al personaje de Leblanc cuando debe dar una peseta por...

Abel Sánchez (1946)

<<Y ahora, al releer, por primera vez, mi Abel Sánchez para corregir las pruebas de esta su segunda edición —y espero que no última— he sentido la grandeza de la pasión de mi Joaquín Monegro y cuán superior es, moralmente, a todos los Abeles. No es Caín lo malo; lo malo son los cainitas. Y los abelitas>> Miguel de Unamuno. Abel Sánchez (prólogo)   Desde su debut en la dirección, con esta fiel adaptación de la novela homónima de  Unamuno , Carlos Serrano de Osma se distinguió de sus contemporáneos como un cineasta atípico, más reflexivo, experimental y arriesgado, que se distanciaba de la comedia y del melodrama que dominaban en el cine español de la década de 1940 para adentrarse en una complejidad cinematográfica y humana inusual por aquel entonces. Su alejamiento de las modas e imposiciones se manifiesta en todo su esplendor en  Abel Sánchez (1946), en la presencia de la envidia, de las dudas existenciales, de la pesadilla en la que vive su protagoni...