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Mostrando las entradas etiquetadas como burt lancaster

Soga de arena (1949)

Poco o nada hay de original en la aventura africana propuesta en Soga de arena (Rope of Sand, William Dieterle , 1949). Hay una rivalidad, con diamantes de por medio, un romance, una estrella ascendente, Burt Lancaster , y un reparto solvente encabezado por tres actores que el productor Hal B. Wallis recuperaba de su mítica producción Casablanca ( Michael Curtiz , 1942): Paul Henreid, Peter Lorre y Claude Rains. Pero no es que carezca de atractivo, sino que la mayor parte del asunto suena a desgana. Wallis se empeña en repetir la hazaña de aquel legendario film que había producido durante su etapa en la Warner Brothers, ya lo había intentando con relativo éxito en Pasaje a Marsella (Passage to Marseille, Michael Curtiz , 1944), pero la magia cinematográfica de aquella no asoma en esta. Cuando hablo de magia me refiero al rostro de Ingrid Berman, a la idealización de la libertad contra el totalitarismo, al amor imposible de Rick e Ilsa y al principio de una hermosa amistad que quizá ...

Burt Lancaster, en la memoria

Hacer memoria suele ser un ejercicio forzado, pues se busca en ella para reconstruir y, a no ser que sea compartida, entra en terreno personal. Por ese territorio me muevo ahora, sin pretender unanimidad ni objetividad, pues toda memoria es un espacio subjetivo donde el sujeto crea sus recuerdos condicionado por el tiempo que separa lo que fue de lo que es. Así miro atrás y me veo en un videoclub alquilando Otra ciudad, otra ley (Tough Guys, Jeff Kanew, 1986); la alquilo porque sus protagonistas son Burt Lancaster y Kirk Douglas, quienes ya habían compartido pantalla en títulos como Duelo de titanes (Gunfight at O. K. Corral, John Sturges, 1956) o Siete días de mayo (Seven Days in May, John Frankenheimer, 1963). Son los años ochenta del siglo pasado y me interesa más verlos a ellos de tipos duros dando guerra que a E. T. aprendiendo a pedalear o queriendo telefonear a casa, a Peggy Sue casándose o a héroes de acción más del gusto de la gente de mi edad de entonces. No es que me disg...

El caso 880 (1950)

Siguiendo la estela del cine policiaco desarrollado, entre otros, por Henry Hathaway en la segunda mitad de la década de 1940, El caso 880 (Mister 880, Edmund Goulding, 1950) emplea un tono semidocumental, mezcla realismo y ficción, para resultar una película diferente y entretenida que, en apariencia inicial, alaba la eficacia del servicio secreto en su lucha contra la falsificación de divisas. Pero esa es la excusa que permite a Edmund Goulding acercarse a la realidad humana del falsificador de billetes de un dólar a quien los agentes del tesoro persiguen sin éxito desde diez años atrás. Este fracaso se debe a la idea preconcebida de los agentes, que suponen que el perseguido ha de responder a la idea de criminal o delincuente establecida por el sistema que custodian y representan. En un intento de dar nuevas perspectivas a la investigación, se le encarga al agente Steve Buchanan (Burt Lancaster) que lleve el caso, el cual da pie a dos vías de interés: el romance entre el agente sec...

Trapecio (1956)

Como los mejores films de  Carol Reed ,  Trapecio  ( Trapeze , 1956) es un drama de interioridades en conflicto. Cada uno de los componentes del trío protagonista sufre su lucha consigo mismo y con el entorno; ya se trate de la atracción-rechazo que Lola ( Gina Lollobrigida ) genera en Mike ( Burt Lancaster ), la necesidad de esta de medrar, sin plantearse la ética de los medios empleados, o la pérdida de ingenuidad de Orsini ( Tony Curtis ), cuya inocencia le hace ser la “víctima” perfecta para la arribista interpretada por  Lollobrigida , pero es el personaje de  Lancaster  el único que parece padecer y sentir su interioridad, de modo que también es quien mantiene la función a flote. En la filmografía de Carol Reed abundan los conflictos emocionales y personales, las lealtades y los engaños, las pasiones y las traiciones, culpas y redenciones. En esos temas se encuentra lo mejor de su obra cinematográfica — Larga es la noche ( Odd Man Out , 1946), El íd...

Un tipo genial (1983)

El brío internacional del cine británico hacia la segunda mitad de la década de 1970, encuentra en el productor David Puttnam  a uno de sus principales artífices. Suyas son las producciones de Los duelistas ( The Duellits , Ridley Scott , 1977), El expreso de medianoche ( Midnight Express , Alan Parker , 1978), Carros de fuego ( Chariots of Fire , Hugh Hudson , 1981), Un tipo genial ( Local Hero , Bill Forsyth , 1983), Los gritos del silencio ( The Killing Fields , Roland Joffé , 1984) y La misión ( The Mission , Roland Joffé , 1986), pero de estas solo una se aleja del drama, que aspira a prestigio, para acercarse a la comedia de costumbres, amable, irónica y vitalista, que en la distancia recibe el testigo de la por entonces ya desaparecida Ealing . Pero, aparte de resultar un instante cinematográfico simpático, de momentos entrañables, de acordes musicales que apuntan el mítico Going Home de Mark Knopfler y de un paisaje natural de postal, el escocés Bill Forsyth , su di...

El puente de Casandra (1976)

Previo a su transformación en thriller de acción y cine de catástrofes, El puente de Casandra ( The Cassandra Crossing , 1976) desciende en un plano secuencia desde la suavidad de un cielo sin apenas nubes hasta el vuelo de pájaro sobre Ginebra, recorriendo el paisaje fluvial sobre el cual se impresionan los créditos en los que asoman los nombres estelares reunidos por el productor italiano Carlo Ponti para esta producción dirigida por George Pan Cosmatos , cineasta greco-italiano que ya había trabajado con Ponti en Muerte en Roma ( Reppresaglia , 1973). El vuelo de la cámara continúa hasta alcanzar el edificio de la Organización Internacional de Salud, donde se detiene y donde la calma inicial desaparece. En el interior, ya no hay lugar para la suavidad del paisaje. Se está produciendo un tiroteo entre los vigilantes y tres asaltantes, miembros del “movimiento sueco por la paz”. El pacifismo defendido por el trío es incongruente con la violencia que emplean para lograr sus fines, ...

Chantaje en Broadway (1957)

Escribo demoledor y genial como puedo escribir contundente y magistral, cualquiera de las dos parejas sirven para introducir lo que pienso sobre el retrato del poder mediático que Alexander Mackendrick  realizó en Chantaje en Broadway ( Sweet Smell of Success , 1957). Aunque estadounidense de nacimiento, Mackendrick era británico de adopción y había realizado su obra precedente en Reino Unido. La mayoría de sus películas inglesas fueron comedias corrosivas, satíricas, inolvidables. Todas ellas en el seno de los estudios Ealing , la mítica compañía cinematográfica de Michael Balcon , pero Mackendrick nunca había sido tan directo ni contundente en su narrativa como lo fue en su primera película estadounidense, que adaptaba el guion firmado por Clifford Odets y Ernest Lehman —y en el que también él participó, aunque su nombre no aparezca en los créditos. En Sweet Smell of Success no cae en el error de juzgar, sino que escarba en la inmundicia humana y saca a la luz la podredumbr...

Acción ejecutiva (1973)

Existía malestar, decepción, sospecha. Había desengaño y enfado. Abundaba todo eso y más en la sociedad estadounidense de la década de 1970. Cierto que estas sensaciones no eran exclusivas de los setenta ni del país norteamericano, pero sí desbordaron al unísono. Hasta entonces, había prevalecido el cuento y pocos prestaban atención a las distintas realidades y complejidades que venían prolongándose en el tiempo.  Espectáculos y hechos históricos, como pisar la Luna por primera vez, sirvieron para retrasar el shock, pero no pudieron frenarlo. La desilusión, el cansancio social, la pérdida de la inocencia se dejaron notar, a veces en forma de protestas cívicas, otras en arrebatos de ira. Fue el malestar que el policíaco y el thriller de los años setenta intentó expresar en la pantalla, con la contundencia del policía de ficción que limpia a golpe y porrazo las calles de la ciudad o denuncia la corrupción de las instituciones que se supone incorruptas. Eran los antihé...

Ángeles sin paraíso (1962)

En sus películas, tanto como realizador-productor o solo como productor,  Stanley Kramer se mostró comprometido con su época, progresista o inconformista si uno quiere verlo así, aunque ni fue transgresor ni subversivo. Diré que sus películas lo desvelan liberal, aunque conservador a la hora de exponer en la pantalla temas incómodos o tabúes para la sociedad de su momento: el racismo, la amenaza nuclear, los traumas de la guerra o la situación educativa y humana que afecta a las niñas y niños de  Ángeles sin paraíso ( A Child is Waiting , 1962). Sus films apuntan fino, pero sus flechas se quedan a medio camino. Aunque lo aparenten, no traspasan límites establecidos en su tiempo, como sucede en este film realizado por  John Cassavetes que, por su temática y por su montaje final, es tanto o más una película de su productor qu...

El fuego y la palabra (1960)

Baptista, evangelista o metodista, da igual el disfraz de predicador que asuma, Elmer Gantry es un pícaro, un embustero y un charlatán, un vendedor de cuentos, de miedos, de culpa y de salvación, un embaucador que comprende la importancia de la palabra y de la imagen para seducir a las masas y llegar a la cima. Deambula de aquí para allá, hasta que escoge su camino, el que más le conviene, el que aviva su deseo y sus ambiciones, el fuego que arde en su interior, que oculta y adorna con palabras audibles para su público, ignorante y deseoso de ser engañado por la figura del charlatán que  Sinclair Lewis  satiriza en su novela. La religión que Elmer predica y vende, que no practica y en la que él no cree, aunque a veces se diga que lo hace, se sostiene sobre la intolerancia, la hipocresía y la intransigencia con la que interpreta la Biblia y las debilidades humanas. Su credo es la apariencia y la falsedad, que disfraza de moral y oculta su sed de ingresos, de poder, de ascenso s...