Un gran presupuesto y un sonado fracaso en la taquilla, una heroína fuerte, decidida e intrépida, dos villanos que, aun uniendo sus fuerzas, no logran equilibrar la balanza, un compañero de relleno y de romance forzado, que resulta ser un médico caído en desgracia como El capitán Blood ( Captain Blood ; Michael Curtiz , 1935), duelos a espada, mar, constante presencia de la banda sonora para enfatizar la acción, algún chiste fácil e ineficaz que posiblemente ya había sonado en otros films, un tesoro, un mapa dividido en tres partes, un motín y otros tópicos de cine de piratas forman parte de la leyenda negra de La isla de las cabezas cortadas ( Cutthroat Island , 1995). Pero, a día de hoy, algo me hace sospechar que la película de Renny Harlin no habría sido el gran batacazo que sin duda fue, habría corrido mejor suerte comercial, y no me refiero a lo que ofrece, que sigue siendo lo mismo que en el momento de su estreno: cine de evasión y palomitas. Me refiero al protag...