Lo humano del oso y lo bestia del humano Por Antonio Pardines En los albores de la especie, el ser humano sobrevivió y evolucionó gracias a la tecnología, sin ella, probablemente, habría perecido durante los tiempos expuestos por Jean-Jacques Annaud en En busca del fuego ( Le guerre du feu , 1981) o incluso antes de que nuestro antepasado simio de 2001, una odisea del espacio ( 2001: A Space Odyssey , Stanley Kubrick , 1968) descubrirse que un hueso podría facilitarle el camino. Miles de años después del paleolítico, en El oso ( L’ours , 1988), Annaud se sitúa en la Columbia Británica para su adaptación de la novela de James Oliver Curwood The Grizzly King . Y lo hace en distancia, cuando quieras ser más documental, y también en la cercanía —cuando invade la intimidad— de las imágenes del excelente director de fotografía Philippe Rousselot para observar un duelo mortal entre la fuerza natural y la tecnológica. Lo observa y escucha sin querer intervenir, aunque ya desde el inicio sus...