Algunas películas deberían verse con los ojos de la ingenuidad, pero ¿cómo mirar con la inocente mirada cinematográfica de los espectadores de la época en las que fueron rodadas? Por aquel entonces, el público sería tan infantil respecto al cine como un niño o una niña de ocho años al contemplar por primera vez Tarzán de los monos ( Tarzan, the Ape Man , 1932 ), al menos eso dice la experiencia, ya que no resulta igual de gratificante ver esta película de adulto que de niño, cuando uno se dejaba arrastrar por la imaginación y se adentraba en una aventuras en parajes exóticos y lejanos, sin darse cuenta de que no eran reales, como tampoco los son los fondos trucados en los que se proyecta la imagen de una selva donde ni Tarzán ( Johnny Weissmuller ) ni Jane ( Maureen O'Sullivan ) se encuentran, pero eso no afectaría a la ilusión, porque ésta se gesta en la mente y ahí sí se hace real, permitiendo que, sin prejuicios de ningún tipo, se disfrute de la experiencia de dos seres que se ...