Fragmentos de nada: Una de piratas Por Antonio Pardines Al alba, el bajel pirata abandonó el puerto de Barcelona y se adentraba en las aguas mediterráneas en las que no muchas jornadas después avistaría una nave genovesa. «La fortuna nos acompaña», pensó el capitán, pues no estaban muy lejos de su litoral y superaban en armas aquel velero comercial de cuya captura podrían darse a la buena vida durante los siguientes meses. El viento y la superioridad de su velamen jugaba a su favor. Contaba con un buen barco y con una tripulación curtida en no menos de una docena de batallas, al servicio de la corona y al propio. La lucha fue dispar, y los corsarios catalanes no tardaron en abordar el barco italiano en el que se ocultaba un tesoro que los depredadores marítimos no supieron valorar en su justa medida. Y no lo supieron porque se trataba de un códice latino escrito a mano, que alguien había titulado Sancti Aurelii Augustini Confessionum libri tredecim . Pero más allá de este galimatías en...