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Mostrando las entradas etiquetadas como mikio naruse

A la deriva (1956)

Mikio Naruse, Keisuke Kinoshita y Kenji Mizoguchi son tres de los grandes cineastas japoneses que pusieron a la mujer en el centro de muchas de sus películas, no pocas de las cuales contaron con el protagonismo de Kinuyo Tanaka, quien seguro aprendió de ellos y tomó nota para más adelante, cuando debutó en la dirección en Cartas de amor (Koibumi, 1953) y se convirtió en una espléndida cineasta. En A la deriva (Nagareru, 1956), la actriz y, por entonces, ya directora da vida a Rike, que al inicio de la película se presenta en la casa de geishas de Otsuta (Isuzu Yamada) solicitando el empleo de criada. Ella es una de las mujeres en el cine de Naruse, una de las personas que viven el drama de ser mujer en una época y en un lugar que reducen sus oportunidades y las limita a lo poco que les dejan ser. El suyo parece más limitado si cabe, condenada a permanecer en un segundo plano. Pero, al contrario que las otras, muestra una sonrisa serena. Tal vez se deba a la experiencia o a que, para...

La voz de la montaña (1954)

Algunas de sus películas presentan temas comunes que remiten a su tiempo, a la situación de la familia, de los hombres y de las mujeres. Son radiografías de la sociedad japonesa a través de la interioridad de sus personajes, reflexiones introspectivas, pausadas y rítmicas que conectan el cine de Mikio Naruse y el de Yasujiro Ozu , más allá de que ambos fueron dos grandes cineastas de estilos diferentes que triunfaron antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo de esta conexión se encuentra en las protagonistas femeninas interpretadas por  Setsuko Hara  para ambos realizadores, cuya presencia en la pantalla no solo desvela la delicadeza de sus facciones ni la sonrisa serena que brota para iluminar las sombras de películas como  La voz de la montaña ( Yama no oto , 1954). Su rostro es el silencio y su mirada nos abre una puerta a la interioridad, resignada y comprensiva, también melancólica y generosa, aunque el caso de Kikuko, la protagonista de este magist...

Cuando una mujer sube la escalera (1960)

La voz de Keiko ( Hideo Takamine ), conocida por su trabajo de  mamasan , explica que existen tres niveles dentro de su profesión. En el primero se encuentran las mujeres que ganan lo suficiente para regresar a casa en automóvil, el segundo lo ocupan aquellas que lo hacen en autobús mientras que el tercero lo forman las chicas que ganan menos dinero y regresan a sus hogares acompañadas por los clientes de los locales donde trabajan. Mamasan sabe de qué habla, ella regenta un  bar donde los hombres acuden a divertirse después de la jornada laboral. En su local beben e intiman con las chicas que los atienden mientras Keiko piensa en cuanto detesta su profesión, pero no puede rendirse, ya que se gana la vida con las propinas que le dejan sus clientes, cantidades insuficientes para asumir los gastos que se acumulan y que aumentan al tener que hacerse cargo de los problemas financieros de su hermano y de la comodidad de su madre. La existencia de mama resulta solitaria y decepc...

Nubes flotantes (1955)

El periodo de posguerra japonés estuvo marcado por el pesimismo social, la destrucción física y la psicológica de quienes vivieron ese momento de reconstrucción, tanto colectiva como individual, de un país en ruinas y controlado por fuerzas extranjeras. Durante los primeros años de posguerra el cine estuvo bajo la supervisión del ejército estadounidense, lo que deparó que alguna temática fuera censurada, sin embargo, la censura no tardó en desaparecer. Como consecuencia, algunos cineastas como Akira Kurosawa ,  Mikio Naruse , Masaki Kobayashi o Kaneto Shindô  pudieron reflexionar en algunas de sus películas sobre cómo afectan las consecuencias que directa o indirectamente derivaron de la contienda. Mikio Naruse , uno de los más grandes y desconocidos cineastas japoneses surgidos hacia el final del periodo silente, tomó como telón de fondo para dar forma a Nubes flotantes ( Ukigumo ) ese periodo de recuperación de su país consciente de su pérdida y de las secuelas, las f...

Madre (1952)

<<¿Por qué nacemos y sobre todo por qué morimos?>> se pregunta Toshiko (Kyoko Kagawa) tras la muerte de su hermano Susmu (Akihiro Katayama). No hay respuesta sensata ni científica que pueda explicarle el porqué. Solo le queda aceptar que nacer y morir son los límites naturales de la vida, donde empieza y acaba cada eternidad humana, efímera, cotidiana, un tiempo que parece no acabarse hasta que una muerte cercana advierte que no hay posibilidad de escape: nadie permanece y también se acabará para nosotros. Pero eso no consuela a las protagonistas de Madre (Okaasan, 1952), ni mejora su situación. Igual pero diferente que su contemporáneo Yasujiro Ozu, Mikio Naruse filma vida, sentimientos y emoción contenida. Hace fácil lo difícil y, como su colega, sabe captar belleza en lo cotidiano. En Madre (Okaasan) esa belleza se encuentra en lo sencillo, en el amor, en el dolor, en la pérdida, en la miseria, en sus personajes. Se descubre a través de los ojos y del pensamiento de...