La entrada tres mil trescientos noventa y ocho de vadevagos es especial por lo redondo que tiene la cifra si la elevo a 0 y sumo al resultado -1; y de ahí que la celebre como cuando de adolescente me burlaba de tal redondez coronando en color rojo la parte superior derecha de mis exámenes de lengua castellana, lingua galega e inglés. Me burlaba porque aquello solo era un número y, por tanto, no me definía, por mucho que ya entonces todo pareciese intentar reducirse a meras cifras para acelerar el proceso; pero el proceso de qué. ¿El anunciado en un título de Kafka? Además, lo mío era la historia, la que me estaba construyendo y destruyendo, la física, las matemáticas y la ausencia. Todavía hoy no sé si estoy, pero lo intento mientras recuerdo que aquellos ceros académicos no me preocupaban lo más mínimo, pues ya los cambiaría. Mas ese no es el tema, lo que aquí trato de celebrar es que esta entrada de cifra a la fuerza redonda coincide con líneas dedicadas a John Ford, cuyo cine sí le...