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Mostrando las entradas etiquetadas como john ford

El juez Priest (1934)

La entrada tres mil trescientos noventa y ocho de vadevagos es especial por lo redondo que tiene la cifra si la elevo a 0 y sumo al resultado -1; y de ahí que la celebre como cuando de adolescente me burlaba de tal redondez coronando en color rojo la parte superior derecha de mis exámenes de lengua castellana, lingua galega e inglés. Me burlaba porque aquello solo era un número y, por tanto, no me definía, por mucho que ya entonces todo pareciese intentar reducirse a meras cifras para acelerar el proceso; pero el proceso de qué. ¿El anunciado en un título de Kafka? Además, lo mío era la historia, la que me estaba construyendo y destruyendo, la física, las matemáticas y la ausencia. Todavía hoy no sé si estoy, pero lo intento mientras recuerdo que aquellos ceros académicos no me preocupaban lo más mínimo, pues ya los cambiaría. Mas ese no es el tema, lo que aquí trato de celebrar es que esta entrada de cifra a la fuerza redonda coincide con líneas dedicadas a John Ford, cuyo cine sí le...

Paz en la Tierra (1934)

Probablemente, sea una de sus películas que más detestaba. Carecía de comicidad, que es una de las características del cine de John Ford , quien, por contrato, se vio obligado a hacerla. Pero hay cosas suyas en ella, la más evidente la importancia que asume la familia, algo habitual en su cine desde el periodo mudo hasta el final de su filmografía, aunque no siempre se trate de familia sanguínea. En el caso de Paz en la Tierra ( The World Moves On , 1934), sí, pero la dispersa por el mundo tras cumplirse la voluntad del patriarca Sebastián Girard, el rey del algodón que, como apunta la leyenda que abre este drama bélico de claro mensaje pacifista, fallece en 1825. Inmediatamente, se procede a la lectura del testamento, en el que se indica que los herederos, sus tres hijos, han de extender su imperio empresarial por las cuatro naciones más poderosas del mundo —el film asume que son Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos— o perderán su herencia. En el prólogo también se prod...

Huracán sobre la isla (1938)

La primera escena de Huracán sobre la isla ( The Hurricane , 1938) encuadra al doctor Kersaint ( Thomas Mitchell ) en la cubierta de un barco que navega por los mares del sur. En ese instante, se desconoce que es el personaje  fordiano del film —también el más afín al guionista Dudley Nichols —, aquel que, entre borracheras, asume lucidez y espíritu crítico, mediador y humano. Este doctor, que apunta al que un año después el propio Mitchell  llevaría a su mejor versión en La diligencia ( Stagecoach , 1939), contempla desde la distancia un islote desierto, sin prestar atención a la mujer que se le acerca y le habla, e interrumpe sus pensamientos. Ahora es él quien toma la palabra y la irrupción femenina en la pantalla adquiere sentido. Su aparición obedece a la intención narrativa de hacer audible la evocación de Kersaint, quien...

Peregrinos (1933)

En sus películas hay un pasajero, un soldado, un pionero, un marino mercante, un peregrino a quien nunca veo, pero a quien siempre intuyo y encuentro en sus tradiciones irlandesas, en su humor costumbrista, en sus relaciones materno filiales, en la inocencia de la infancia, en la familia y su derrumbe o en el final de una época. Es  John Ford , no tengo dudas, el guía excepcional, único en su género, que comparte su compleja sencillez cinematográfica mientras me dice que ya será menos. No pretende el protagonismo, aunque es consciente de que cae en una contradicción, pues se sabe protagonista y maestro de ceremonias. Me conduce a donde desea ser acompañado, allí donde su cámara y sus encuadres me convierten en cómplice y en compañero de viaje. Bajo su dirección transito espacios físicos y humanos reconocibles, porque son los suyos, los que se repiten y escapan de lo real para evocar la vieja Irlanda de sus padres, su Monument Valley, los destacamentos de caballería o entornos ru...

Corazones indomables (1939)

Muchas películas de John Ford ofrecen la doble oportunidad de disfrutar de su capacidad cinematográfica sin igual y de descubrir la historia que no aparece en los libros, aquella que fue escrita sin tinta por los prescindibles imprescindibles que la hicieron posible, y a quienes el cineasta siempre prestó su atención y, sin duda, también su admiración. En su recorrido fílmico por la historia de su país, Ford  visitó la Guerra de la Independencia en Corazones indomables ( Drums Along the Mohawk , 1939), su primera película en color, pero no lo hizo desde los despachos ni desde los Adams, Franklin, Jefferson, Washington u otros nombres propios de la emancipación de las trece colonias que dieron origen a los Estados Unidos. Esto no sería propio del realizador.  Ford lo hizo desde las mujeres y los hombres que crean la Historia, pero que la memoria histórica olvida. A través de estos anónimos y de sus vivencias también anónimas, el cineasta se adentró en un tiempo y en un es...

La batalla de Midway (1942)

Lenin tenía claro que el cine era un medio esencial para adoctrinar a las masas. Las propagandas fascista, nazi y japonesa también lo sabían y se hicieron con todos los medios de comunicación (prensa, radio, cine) para enmascarar sus intenciones y tergiversar la realidad. No es extraño que ante esto las fuerzas armadas estadounidenses empleasen la propaganda cinematográfica para combatir a los totalitarismos desencadenantes de la Segunda Guerra Mundial, elevar la moral o explicar a sus jóvenes soldados por qué y contra quiénes luchaban. Para ello nada mejor que ofrecer el mando a nombres claves de Hollywood que, como George Stevens ,  John Ford   o  William Wyler , no dudaron en trasladarse a los distintos teatros de operaciones y filmar los hechos que allí se desarrollaban.  John Ford fue el primero en filmar una batalla, también una victoria estadounidense, y lo hizo en La batalla de Midway ( The Battle of Midway , 1942). En el momento de aterrizar en la isla,...

La hoja de trébol (1926)

La historia nos dice que durante el siglo XIX e inicios del XX muchos países y regiones europeas fueron cuna de movimientos migratorios hacia el continente americano. Irlanda fue uno de ellos y, como tal, se convirtió para sus emigrantes en una realidad geográfica y en un sentimiento de apego a los orígenes que, por un motivo u otro, se vieron obligados a abandonar. De madre y padre irlandeses,  John Ford  no olvidó sus raíces, al menos a esta conclusión nos acercan la evocación de las tradiciones, algunos de sus personajes y el espacio donde se desarrollan La hoja de trébol ( The Shamrock Handicap , 1926), El delator ( The Informer , 1935), La osa mayor y las estrellas ( The Plough and the Stars , 1936), El hombre tranquilo ( The Quiet Man , 1952) o  La salida de la luna ( The Rising of the Moon , 1957). Esta constante de Ford , nacido en Estados Unidos, pero con sus raíces irlandesas siempre presentes, aparece en toda su plenitud en La hoja de trébol , además, h...

La ruta del tabaco (1941)

La vida rural reaparece una y otra vez en las producciones de la  Fox Films  para exponer costumbres y tradiciones de pequeñas comunidades que también se dejan ver a lo largo de la magistral filmografía de John Ford , cuyo interés por el medio rural adquiere suma importancia en sus películas interpretadas por Will Rogers  para esta productora y, más adelante, cuando el estudio de William   Fox se fusionó con la  20th Century de Darryl F. Zanuck , en El joven Lincoln  ( Young Mr. Lincoln , 1939),  Las uvas de la ira  ( The Grapes of Wrath , 1940),  La ruta del tabaco  ( Tabacco Road , 1941) y ¡Qué verde era mi valle!  ( How Green Was My Valley , 1941). Todas ellas exponen la humanidad y las raíces de sus personajes, aunque en las tres últimas la carga social se agudiza como consecuencia de las crisis económicas que amenazan la estabilidad de las familias Joad, Lester y Morgan. Pero, a diferencia de los Joad y los Morgan...

Tragedia submarina (1930)

Los primeros minutos de Tragedia submarina ( Men without Women , 1930) apuntan que se trata de una película de transición que combina los rótulos del cine mudo con los escasos diálogos hablados (y el abuso de canciones) del primer sonoro. Pero este primer momento de Tragedia submarina  también introduce la comicidad característica en el cine de  John Ford . En ese instante enfatizada por los comportamientos de los marineros estadounidenses, que disfrutan del alcohol y se entretienen con las mujeres que trabajan en el local de Shanghai donde pasan sus últimas horas de permiso. Ellos forman la tripulación del submarino y <<a veces son un poco brutos y ruidosos, pero lo pasamos por alto porque su misión es muy peligrosa>>, como explica el capitán del navío al alférez recién enrolado. Es nuevo en el grupo, desconoce las costumbres, pero en esa charla nocturna, sobre la cubierta de la embarcación, las palabras de oficial al mando confirman el carácter de la dotación y...

Tres hombres malos (1926)

<< John Ford : El doctor Arrowsmith ( Arrowsmith , 1931), El delator ( The Informer , 1936), Las uvas de la ira ( The Grapes of Wrath , 1940), Hombres intrépidos ( The Long Voyage Home , 1940), Qué verde era mi valle ( How Green Was My Valley , 1941), El hombre tranquilo ( The Quiet Man , 1952), es el Director Completo, el decano de los directores, indudablemente el más grande y el más versátil en sus películas. Un megáfono ha sido para John Ford lo que el cincel para Miguel Ángel : su vida, su pasión, su cruz. Ford no puede ser clasificado. Es puro Ford , lo cual significa puro grande. John es medio tirano, medio revolucionario; medio santo, medio Satán; medio posible, medio imposible; medio genio, medio irlandés..., pero todo director y todo norteamericano>>. La numeración y la definición escrita por  Frank Capra  en sus memorias — Frank Capra. El nombre delante del título—  confieren mayor atractivo a este comentario, pero, sobre todo, llaman mi...

Cuna de héroes (1955)

Admirado por sus contemporáneos y por sucesivas generaciones de cineastas y espectadores, el cine de John Ford  se reconoce a primera vista por su inigualable capacidad de transmitir sensaciones y emociones desde la fluida universalidad de su narrativa cinematográfica, en apariencia sencilla, pero tras la que se esconden las complejidades de un realizador capaz de engrandecer cualquier proyecto, propio o ajeno, priorizando los aspectos humanos de sus personajes, la tradición (que avanzada la filmografía fordiana sería evoca desde el pesimismo y la nostalgia), la amistad, el hogar (y su búsqueda), la familia (a menudo en descomposición) o las raíces irlandesas que en Cuna de héroes ( The Long Gray Line ) recaen en Martin Maher ( Tyrone Power ), Mary O'Donnell ( Maureen O'Hara ) y Martin Maher padre ( Donald Crisp ), quien, de la evocación inicial que implica su ausencia física en los primeros compases de los recuerdos del protagonista, adquiere presencia corpórea cuando su nu...

Cuatro hijos (1928)

La pérdida de dos tercios de las producciones mudas de John Ford  genera un vacío en su etapa silente que impide acceder con mayor amplitud a su evolución como cineasta y, en ocasiones, que aquellas que sobrevivieron queden relegadas a un segundo plano dentro de su excelente filmografía. Aún así, no se puede obviar este periodo, fundamental en el desarrollo tanto de las temáticas sobre las cuales gira su obra como de la inigualable narrativa que iría perfeccionando hasta alcanzar la maestría con la que dio forma a sus grandes títulos sonoros. A lo largo de su aprendizaje y su afianzamiento creativo, en las películas que se conservan, las influencias de cineastas cercanos, su hermano Francis o  David Wark Griffith , se irían combinando con las posteriormente asumidas del expresionismo, sobre todo de  Murnau  y de sus películas  El último ( Der Letzte Mann , 1924) y  Amanecer ( Sunrise , 1927), obras clave que lo animaron a estudiar la iluminación y l...

Carne (1932)

Una filmografía tan extensa como la de John Ford  provoca que muchas de sus películas sean desconocidas para gran parte del público, más aún si estas pertenecen al periodo silente —algunas de esta época no se conservan— o al sonoro anterior a La diligencia ( The Stagecoach , 1939), a partir de la cual la obra de Ford empezó a aumentar en popularidad (y calidad) con westerns tan importantes como los que componen la trilogía que dedicó al séptimo de caballería — Fort Apache  (1948) , La legión invencible  ( She Wore a Yellow Ribbon , 1949) y Río Grande  (1950 )— o los dramas intimistas  Las uvas de la ira  ( The Grapes of Wrath , 1940) o ¡Qué verde era mi valle!  ( How Green Was My Valley , 1941). Sin embargo, Ford debutó en la dirección en la segunda mitad de la década de 1910, y durante la siguiente rodó films mudos tan destacados como El caballo de hierro  ( The Iron Horse , 1925),  Tres hombres malos  ( Three Bad Men , 1926)...