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Mostrando las entradas etiquetadas como cecil b. demille

The Squaw Man (1914)

El western encuentra sus orígenes en los medios escritos. La prensa, como magistralmente apunta  John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance ( The Man Who Shot Liberty Valance , 1962), imprime la leyenda que aumentará en los biógrafos y escritores que, como señala Clint Eastwood en Sin Perdón ( Unforgiven , 1992), se encargarán de crear los mitos y héroes de sus relatos y seriales. Más adelante, llegarían las representaciones teatrales — Raoul Walsh  recordaba en sus memorias haber participado en un espectáculo teatral sobre el lejano oeste— y las circenses, atestiguado su éxito en Buffalo Bill y su circo. Indudablemente, todo ello sirvió de referencia a los pioneros cinematográficos que realizaron las primeras películas del oeste: Edwin Spencer Porter y su famoso Asalto y robó de un tren  ( The Great Train Robbery , 1903),  Reginald Barker y su Bronco Billy  (1907), David Wark Griffith y  Thomas Harper Ince  o los films protagonizados por...

Policía Montada del Canadá (1940)

El carácter conservador de Cecil B. DeMille no solo era ideológico, también era práctico. Lo comprobamos sobre todo en sus películas sonoras, que repiten estructura y la ausencia de imparcialidad del cineasta en las disputas propuestas. Supongo que no se plantearía cambiar algo que funcionaba, que lo importante era triunfar en la taquilla y, para ello, nada mejor que ofrecer espectáculo, simple y repetitivo, jugar sobre seguro y hacer lo que mejor sabía hacer, sin riesgos, sin molestar con complejidades que alejasen de las salas a su numeroso público. De ahí que el cine sonoro DeMille  vuelva una y otra vez sobre constantes formales y temáticas, prescinda de la Historia en los films que se basan en hechos históricos, busque la épica y el drama, el romance y la rivalidad entre antagonistas -por el amor de una mujer-, y la lucha entre el bien y el mal, que representa en el héroe y el villano. Pero lo ofrecido por el realizador no funciona regular en todas sus películas. En alguna...

Macho y hembra (1919)

Viendo Encuentros en la tercera fase ( Clouse Encounters of the Third Kind ; Steven Spielbeg , 1977) podría suceder que alguien preguntase por el cine de  Cecil B. DeMille  y otro alguien respondiera: “¿ Cecil B. DeMille ? ¿Quien es ese?” U  otro alguien distinto, y con un mínimo de cultura cinematográfica, quizá dijese: “ ¿el de la peli que emiten por la tele?  ¿El director de  Los diez mandamientos ( The Ten Commandments , 1923) a quien  Spielberg homenajea en esa escena?” Más conocido por superproducciones bíblicas, sus épicas y sus westerns, hacia finales de la década de 1910 y primeros años de la siguiente, este pionero cinematográfico introdujo en sus películas la lucha de sexos, un toque de infidelidad y una subida de tono en las relaciones entre el hombre y la mujer que pueden extrañar a quienes conozcan su cine sonoro y  desconozcan sus comedias silentes. En estas últimas no encontramos al director conservador que elevaba su voz en sus p...

Buffalo Bill (1936)

Desde las épicas  La gran jornada ( The Big Trail ; Raoul Walsh , 1930) y Cimarrón  ( Wesley Ruggles , 1931) hasta la renovación (revolución) genérica, de la mano de John Ford y La diligencia ( Stagecoach , 1939), las producciones adscritas al género del oeste prácticamente quedaron relegadas a subproductos carentes de interés. Sin embargo no todo fue oscuridad en el western de la década de 1930, como confirman, entre otras luminosas aportaciones,  Buffalo Bill  ( The Plaisman , 1936) y Unión Pacífico  ( Union Pacific , 1938), dos magníficas películas que, aparte de dignificar un género en horas bajas, engloban parte de las características del cine sonoro de  Cecil B. DeMille  y su intención de mitificar los orígenes de su joven nación desde la combinación de géneros (western, aventuras y melodrama), de hechos y de personajes ficticios y reales -Abraham Lincoln, George A. Custer, "Buffalo" Bill Cody o "Wild" Bill Hicock- que en manos del responsa...

El mayor espectáculo del mundo (1952)

La década de 1950 trajo consigo el final de la época dorada de los grandes estudios de Hollywood y de su supremacía como máxima distribuidora de entretenimiento popular. En buena medida esto fue debido al definitivo asentamiento de la televisión en los hogares estadounidenses. En 1952 los receptores superaban los veintiún millones y ofrecían al público alicientes similares a los ofertados en las salas comerciales, pero con la ventaja de no tener que pagar por ellos y sin moverse de sus casas. Esta realidad deparó el drástico descenso en la asistencia a los cines (la mitad hacia 1956) e hizo saltar la alarma entre los ejecutivos de las grandes compañías. Sin tener en cuenta la calidad, la novedad o incluso, en un primer momento, la posibilidad de emplear innovaciones técnicas como la pantalla panorámica (los propietarios se mostraban reacios a reformar sus establecimientos), intentaron frenar la imparable caída potenciando películas espectáculo y valores seguros como los westerns y los...

Sansón y Dalila (1949)

 En la obra cinematográfica de  Cecil B.DeMille  la presencia de la mujer adquiere suma importancia en el devenir de los personajes masculinos, de ahí que algunas de las que asoman por  El signo de la cruz ,  Cleopatra ,  Piratas del mar Caribe  o  Policía Montada del Canadá  resulten vitales en el desarrollo de los hechos que afectan a los protagonistas, cuestión esta que  cobra mayor relevancia si cabe en Sansón y Dalila ( Samson and Delilah ), ya que la joven a la que alude el título provoca la caída de aquel a quien, más que amar, desea. Pero  ¿y si Sansón no luciese l a melena que le concede su fuerza sobrenatural? ¿Lo desearía de igual manera? Posiblemente no, ni tampoco saldría en las páginas del Libro de los Jueces y seguro que a Cecil B.DeMille no le habría servido como héroe de una película colorista y acartonada en la que, una vez más, empleó una perspectiva simplista y partidista, la suya, que se desentiende del ri...

Unión Pacífico (1939)

Aparte de otras cuestiones y a grandes rasgos, una de las claves en las conquistas y colonizaciones residió en la construcción de vías de comunicación que posibilitaron el rápido traslado de tropas y de recursos logísticos, así como el nacimiento de asentamientos militares, y más tarde urbanos, desde donde se abastecía o comerciaba con los centros más importantes de los países conquistadores. Un buen ejemplo de esta práctica lo encontramos en la Antigua Roma, cuyos dirigentes comprendieron los múltiples beneficios que les reportaría acortar las distancias o, dicho de otro modo, disminuir el tiempo de traslado del ejército y de materias primas, desde y hacia los distintos puntos del Imperio. En este aspecto, como en tantos otros, Roma fue imitada por naciones que aún estaban por nacer y que seguirían sus pasos mejorando las calzadas existentes o construyendo nuevas, y que con el paso de los siglos fueron sustituidas por caminos más espaciosos y posteriormente por carreteras y autopis...

Las cruzadas (1935)

En el primer capítulo de Matadero cinco , Kurt Vonnegut cita a Charles Mackay y escribe un fragmento de su obra Extraordinarios errores populares y la locura de las multitudes . En ella, el escritor escocés dice que <<La historia nos informa, en sus solemnes páginas de que los cruzados no fueron otra cosa que hombres ignorantes y salvajes, movidos exclusivamente por un fanatismo inmoderado y de que su camino era el de la sangre y el llanto. Sin embargo, los relatos han exaltado siempre su piedad y su heroísmo, retratado con sus más ardientes y vehementes matices su magnanimidad y sus virtudes, y el imperecedero honor que conquistaron para sí, y el gran servicio que presentaron a la cristiandad>>. Y ahí expone una de las ideas que arrastran a las cruzadas, el fanatismo, que no deja de ser el que nace de la ignorancia, la intolerancia y la ambición de los líderes cristianos que desean para sí Tierra Santa y arrastran a la guerra a miles de creyentes que nunca se plantearán s...

Cecil B. DeMille. Pionero del cine espectáculo

Nacido en 1881, Cecil Blount de Mille  debutó como actor teatral en 1905, pero su futuro se encontraba lejos de los teatros de Nueva York, en una pequeña población californiana que no tardaría en darse a conocer al mundo gracias a pioneros cinematográficos como él. DeMille abandonó la escena en 1913, cuando  William Churchill de Mille , director escénico en Broadway, rechazó la propuesta de Jesse L. Lasky y Samuel Goldwyn para dirigir The Squaw Man (1913), de la que DeMille  realizaría otras dos versiones —en 1918 y en 1931. Como consecuencia de la negativa de su hermano mayor,  DeMille  asumió el encargo y partió hacia la costa oeste donde la pareja de productores había adquirió un granero, que sirvió de plató para la filmación de una película que casi cuesta la carrera de sus responsables; por fortuna para los involucrados, el film pudo salvarse y obtuvo un gran éxito de público. Asentado dentro de la compañía de Lasky ,  DeMille ...

Los diez mandamientos (1923)

El público que acudió a la proyección de  Intolerancia  ( Intolerance , 1916),  esperando disfrutar de la película como lo había hecho con El nacimiento de una nación  ( The Birth of a Nation , 1915), sintió perplejidad (y puede que decepción) ante lo expuesto por David Wark Griffith en su arriesgada y compleja intención de combinar varios tiempos históricos en un proyecto que resultó un fracaso comercial. Pero esta incomprensión generalizada, hacia un film tan novedoso en su momento como indispensable en la evolución cinematográfica, no fue compartida por cineastas como  Carl Theodor Dreyer , Sergei M. Eisenstein , Vsevolod Pudovkin , Buster Keaton o Cecil B. DeMille , que sí captaron la valía de la técnica narrativa empleada por  Griffith . DeMille ,  al igual que Dreyer  en Páginas del libro de Satán ( Blade af Satans bog , 1919) o Keaton  en Tres edades ( Three Ages , 1923),  tomó como referencia  Intolerancia ...