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Mostrando las entradas etiquetadas como política

La confesión (1970)

Edad de Purgas (Una de tantas) Por Antonio Pardines Una de las mejores películas, si no la mejor, que abordan la lógica estalinista, la que no solo declaraba culpable de traicionar a la Revolución a un individuo, sino a millones, es La confesión ( L’aveu , 1970), que de nuevo reunía, tras la seminal y contundente Z (1969), a un trío impagable en lo que se dio en llamar cine político: Costa-Gavras, al frente del proyecto, Jorge Semprún —cuyas experiencias y desengaño le llevaron de creyente comunista a descreído—, en la escritura de la adaptación del libro (homónimo) testimonial de Artur London —uno de los tres supervivientes del Proceso Slánsky —, e Yves Montand, quien dio vida a Gérard, trasunto del autor del libro, camarada de Josef Frank, compañero de presidio de Semprún en Buchenwald y condenado a muerte por los estalinistas checos durante el  Juicio Slánsky , farsa desarrollada entre el 20 y el 27 de noviembre de 1952 que acabó con el ahorcamiento de once de los catorce al...

El alcalde y la política (1979)

Una astracanada política Por Antonio Pardines Durante el franquismo, el cine político era impensable en España, o al menos uno que no fuese adoctrinador a favor del régimen. Cierto que existían pequeñas dosis de política en algunas películas que colaban sus mensajes entre las risas y el llanto, ahí están Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Marco Ferreri, Saura o el cine negro de los años cincuenta y sesenta para introducir de contrabando algunas miserias y realidades de aquellos años. Pero lo que se dice cine político no sería posible hasta la muerte del dictador en 1975. Entonces proliferó ya no por la necesidad que había de exponer y de hablar de lo que había sido y de lo que estaba siendo, sino porque el tema vendía. Y no hay que olvidarlo: el cine es negocio, aparte de propaganda, entretenimiento o arte —en el mejor y menos prolífico de los casos. Hay un montón de ejemplos de este tipo de películas hechas en la España de la transición, pero quizás las más importantes y recon...

El informe Pelícano (1993)

Una de las premisas que posibilitaba el thriller de Hollywood era (y todavía es dominante) que los buenos fuesen interpretados por estrellas y que venciesen a los malos, que solían ser actores y actrices de menor renombre, tal vez porque así no costase aceptar su derrota. Para el público, las estrellas brillaban más, aunque no por tal motivo fuesen mejores en su trabajo actoral, solo que atraían más, lucían mejor en las portadas, vendían más entradas y llenaban las salas. Por ejemplo, dudo que un excelente actor como Cary Grant fuese mejor que James Mason, pero sí era mucho más popular, caía mejor y lucía un porte que no daba para malo. Al contrario, Mason no daría el pego siendo el héroe de Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959), ni Grant sería capaz de hacernos creíble que era el malo de la función y, además, su estatus estelar podría verse cuestionado por un público que siempre pretendía de él (y le exigía) un galán cómico o el héroe de turno, aunq...

Hoffa (1992)

Uno de los temores de Thomas Jefferson fue que su país cayese en manos de una elite que lo controlase todo. Tal vez no se dio cuenta de que ya lo estaba y que él pertenecía a ella, pero el caso es que temía eso porque, de suceder, la democracia en la que creía y que defendía correría el riesgo de ser una oligarquía en cubierta, en la que unos pocos controlarían al resto. Para evitarlo estaban la Constitución y las leyes, que funcionan en teoría y según la interpretación —solo cabe pensar en el principio de igualdad, incumplido porque el dinero y el poder desigualan en cualquier rincón del mundo, diga lo que diga un papel, incluso la pertenencia a un grupo étnico y el sexo desigualan o lo hicieron en un pasado no muy lejano—, puesto que la práctica se distancia de la teoría, para ser espejismo del ideal inexistente en la realidad de las calles, de los guetos, de las casas, de las familias, de las fábricas, de los juzgados, de las carreteras, de los trabajadores, de la marginalidad… e in...

La cortina de humo (1997)

La relación entre medios, cine, política, propaganda y público, que se traga todo cuanto le echan y más, pues su imaginación hará más grotesca cualquier farsa que le cuenten, queda satirizada por Barry Levinson en La cortina de humo ( Wag the Dog , 1997), en la que el artífice de Rainman (1988) se desmelena a partir del guion que Hilary Henrik y David Mamet adaptaron del libro de Larry Beinhart Parte de guerra ( American Hero ). En ambos casos, novela y película, la realidad inspira —era la época en la que estaba a punto de estallar el “Escándalo Lewinsky”, que acapara las portadas en enero de 1998—, aunque en la segunda la presencia de estrellas de la talla de Dustin Hoffman y Robert De Niro obliga a dejar vía libre a su lucimiento, el que dudo juegue a favor de la sátira; pero esto cae en mi terreno dubitativo. Por otra parte, la propaganda no es magia, pero casi, pues es capaz de hacer visible lo invisible y viceversa. Además, “tachán-tachán”, puede convertir lo bueno en malo, lo...

La muerte de Stalin (2017)

La noticia alcanzó el Gulag donde Evgenia Ginzburg padecía las largas vacaciones a las que, como tantos millones de creyentes más, había sido condenada por nada o, tal vez, por no tener cabida en la realidad pretendida por el padre de la nación, el cual, desde que subió al poder, engrandeció (en cantidad) la política que Lenin ya había empezado años antes, una política (la leninista) que, en presumida búsqueda de modernizar e industrializar, había alcanzado uno de sus máximos mortales en la gran hambruna de 1921 y 1922, de la que se calculan unos cinco millones de fallecidos. Más se llevaría la criminal fantasía de Stalin (a quien se le atribuyen veinte millones de muertes), la de Hitler la igualó y la de Mao, en China, la superó, pero esas son otras historias, aunque guarden cierta relación con la soviética. En aquella prisión siberiana, la escritora <<Estaba segura de que la muerte del tirano significaba el final de la esclavitud, no solo para nosotros, sino también para los q...

In the Loop (2009)

Vista desde una perspectiva propagandística, Malcolm Tucker (Peter Capaldi), el jefe de prensa del Primer Ministro del Reino Unido, es el hombre más importante del país. Así lo apunta Armando Iannucci en su coral y satírica In the Loop (2009), su primer largometraje para la gran pantalla —con anterioridad, en cine, había participado en la episódica Tube Tales (1999)—, que venía a desarrollar en cine aquello que estaba haciendo en televisión con su sátira política The Thick of It (2005-2012). La presentación del personaje, ya conocido por quienes sabían de la serie televisiva, que imagino reflejo humorístico británico de El ala oeste de La Casa Blanca ( The West Wing , 1999-2006), no puede ser más contundente; o tal vez sí, aunque ya entraría en una violencia física que traspasaría la simple amenaza o los insultos de los que hace uso de forma casi indiscriminada. Malcolm avanza alzando la voz allí donde va, incluso la eleva para censurar a un ministro del gobierno, uno un tanto pecu...

Danton (1982)

Las revoluciones liberales de Estados Unidos y Francia estuvieron sobre todo en manos de abogados y médicos o, dicho de otro modo, en manos de legisladores y sanadores de carrera. Eran miembros de la burguesía, gente supuestamente culta, privilegiados económicos que habían tenido acceso a estudios primarios, secundarios y superiores, que creían estar preparados para algo más que ejercer de comparsas de un orden político en el que no se encontraban. No era el suyo. Buscaban mayor presencia política en el panorama nacional, aunque el país norteamericano todavía no era una nación cuando los Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, que no eran abogados, y los John Adams, Alexander Hamilton, John Jay o James Madison, que sí lo eran, se decantaron por poner fin a su identidad británica, pues la City quedaba lejana y las exigencias del gobierno de Jorge III no eran de su agrado. También en las no liberales se da el caso de que la abogacía y la medicina mandan. La revolución bolchevique encontró a...

Invictus (2009)

En 1990, tras veintisiete años encarcelado en la prisión de Robben Island, Nelson Mandela fue puesto en libertad. Cuatro años después, en las elecciones democráticas celebradas en 1994, en la que la mayoría negra pudo votar, Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica. Algo estaba cambiado, y algo ya lo había hecho, puesto que nunca con anterioridad se le había permitido a la comunidad negra la posibilidad de igualarse con la blanca. Su voto valía igual que los de quienes habían sido sus opresores y, gracias a esas elecciones libres, el segundo paso hacia un país sin Apartheid se había dado. Entonces, con Mandela guiando los siguientes pasos, los sudafricanos (sin distinción de etnia ni de sexo) tenían que seguir caminando hacia esa unidad que, por entonces y tal vez también después y ahora, solo lo fuese y sea en la teoría. ¿Y en la práctica? Construir de cero es complicado, pero más difícil resulta edificar sobre un pasado de dolor, de abusos, de injusticia. Este es el punto de parti...

Nashville (1975)

<<América —especialmente Hollywood— no quiere a Altman: no le quiere por su independencia, por sus entrevistas de mal talante con que responde a la televisión, por un tipo de locura que con todo y tener raíces en el contexto americano extrae ironía y humor negro de la cultura europea, lo que hace de él un artista mestizo.>> Tal mestizaje, raíces, ironía y humor negro, aludido por Vittorio Gassman, (1) asoma en un buen número de producciones de Altman. Su “arte mestizo”, aparte de hacer a sus películas reconocibles, suele darle un plus de calidad y diversión allí donde se hace notar: M. A. S. H. (1970), Nashville (1975), El juego de Hollywood (The Player, 1992) o Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993). Son cuatro espléndidos ejemplos de esa mezcolanza con la que Altman radiografía sin disimulo critico ni vergüenza aspectos de entornos genuinamente estadounidenses, como serían el de la música country, la industria hollywoodiense, el western en Buffalo Bill y los indios (Buffa...

Rosa Luxemburgo (1985)

Polaca de nacimiento y “sin fronteras” de convicción, Rosa Luxemburgo (Zamosc, 1871-Berlín, 1919) abandonó Varsovia —en aquel momento perteneciente al Imperio Ruso— para no ser encarcelada por sus actividades políticas. Por entonces, tenía 18 años, suficientes para comprender las injusticias sociales, el antisemitismo, las masacres (progromos) que aumentaron a raíz de la muerte del zar Alejandro II (1881), de cuyo asesinato culparon a los judíos y precipitó la política antisemita de Alejandro III. Había visto suficiente odio, persecución, miseria y desigualdad como para convencerse de que su única oportunidad para hacer real su sueño de igualdad pasaba por emigrar y prepararse. Así que se trasladó a Suiza, donde, en la Universidad de Zúrich, inició su formación intelectual. En el país de los cantones pudo cursar Filosofía, Historia de la política y Economía. Allí profundizó en las teorías marxistas y creyó descubrir en ellas la clave para hacer realidad su sueño revolucionario. La revo...

Sección especial (1975)

<<Nos han prometido, como indemnización, la justicia de la Historia. Se parece un poco al paraíso católico, que sirve para que los miserables cándidos que se mueren de hambre en esta Tierra no se impacienten. Sufrid, hermanos, comed vuestro pan seco, acostaos en la dura piedra mientras los afortunados de este mundo duermen sobre plumas y se alimentan de exquisiteces. Dejad también que los malvados ocupen los altos cargos mientras a vosotros, los justos, os empujan hacia el arroyo. Dicen también que, cuando todos hayamos muerto, las estatuas serán para nosotros. Por mí, de acuerdo; pero espero que la revancha de la Historia sea más seria que las delicias del paraíso. No obstante, me hubiera gustado ver un poco de justicia en este mundo…>> Emile Zola : Yo acuso . En alguna ocasión, me he preguntado por qué el cine francés de posguerra y de los años que la siguieron, incluso tras la irrupción de la nueva ola (suma de una diversidad cinematográfica que, en busca de la modernida...