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martes, 4 de diciembre de 2012

El caballero oscuro: la leyenda renace (2012)



En su trilogía sobre el hombre murciélago, Christopher Nolan confiere a Batman como un antihéroe desarraigado, solitario e incapaz de olvidar las pérdidas sufridas desde niño: las de sus seres queridos. Estás han marcado su comportamiento, sus elecciones y su pensamiento, que le impide adaptarse al mundo donde su álter ego Bruce Wayne (Christian Bale) tampoco encuentra su lugar. Han transcurrido ocho años desde la muerte de Harvey Dent y Rachel, el crimen organizado ha desaparecido de las calles de Gothan gracias a la mentira sobre Dent, que le ha convertido en mártir de la justicia y al comisario Gordon (Gary Oldman) en un ser desencantado y asfixiado por la falsedad que ha asumido y defendido en beneficio de una ciudad que ya no le necesita, como tampoco parece necesitar al hombre murciélago. Sin embargo un nuevo enemigo acecha en el subsuelo de la metrópolis, un criminal que no se detiene y que tiene en mente llevar a cabo la destrucción planeada por la liga de las sombras en Batman Begins (2005). Pero a diferencia del primer film de la trilogía, El caballero oscuro: la leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012) divide su atención en diversos frentes y personajes, reduciendo el protagonismo de Batman para dar mayor presencia al hombre atormentado que se esconde tras la máscara y a otros personajes que, como él, se encuentran ante una encrucijada vital donde deben asumir sus errores del pasado y sus elecciones en el presente.


La dualidad forma parte de Wayne, del comisario Gordon, del agente Blake (Joseph Gordon-Levitt), que apunta a convertirse en un héroe menos desolado que Bruce, o de Selina (Anne Hathaway), una ladrona que actúa exclusivamente para alcanzar un nuevo comienzo que provoca su traición a Batman, cuando este reaparece para derrotar a Blane (Tom Hardy), el nuevo villano a batir. El mercenario no tarda en apoderarse de la ciudad, a la que concede cinco meses antes de destruirla, tiempo que también ofrece al superhéroe cuando le abandona moribundo en una prisión donde Wayne debe perderlo todo antes de recuperar sus ansias de vivir. En el interior de ese pozo de horror y desesperación el héroe de carne y hueso renace, consciente de que debe acabar con aquello que empezó cuando creó la identidad secreta que se ha convertido en un lastre. Bruce Wayne, y no Batman, debe asumir que puede recuperar una vida que se desmoronó en aquel sombrío callejón donde el dolor le apartó de todo y de todos, creando un abismo que se oscureció con la muerte de la mujer que amaba; y es ahí, en ese infierno bajo tierra, donde recupera sus emociones perdidas, mientras observa a través de una pantalla de televisión como su ciudad sufre la destrucción y el caos. Batman BeginsEl caballero oscuro (The Dark Knight, 2009) y El caballero oscuro: la leyenda renace, forman una trilogía madura e intensa que profundiza en los miedos y frustraciones de un héroe obligado a serlo, cuando en realidad se trata de un hombre sin rumbo, sin esperanzas, condenado a vivir dentro de la oscuridad que habita en él, cuestión que le imposibilita cualquier tipo de relación afectiva, ni siquiera con esa especie de padre que se descubre en la figura de Alfred (Michael Caine), el único consciente de que para que el hombre a quien quiere pueda vivir, el superhéroe debe morir.


viernes, 4 de mayo de 2012

Batman Begins (2005)



El personaje cinematográfico de Batman ha sufrido una clara evolución desde aquella primera adaptación para la gran pantalla en 1966, en la que destacaba por su falta de argumento y por su excesivo colorido, influencia de la cultura pop que se imponía en aquellos años sesenta, hasta que en 1988, un proyecto que llevaba varios años anunciándose, cayó en manos de Tim Burton. En 1989 se produjo el estreno de Batman, convirtiéndose en la película más taquillera de la Warner Bros. y en el inicio de una lucrativa franquicia de la que el director de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990) asumiría su segunda entrega en Batman vuelve (1992), completando así un díptico en el que los villanos cobraron mayor protagonismo que el héroe. Pero las aportaciones de Burton (atractivas en muchos aspectos) no tuvieron continuidad, más bien, sufrieron un retroceso cuando años después Joel Schumacher tomó el relevo de la saga. Pero, en el año 2003, tras varios films de dudoso entretenimiento y valía, el personaje creado por Bob Kane (y Bill Finger) fue a parar a Christopher Nolan, quien transformó al héroe de cómic en un personaje más dramático, oscuro y humano que cualquiera de sus predecesores, lleno de dudas y miedos. Batman Begins (2005) indaga en los orígenes de Bruce Wayne (Christiam Bale) antes de convertirse en el justiciero nocturno de Gotham, dominado por un complejo de culpabilidad que le ha llevado hasta la cárcel donde se le observa en conflicto consigo mismo y con su entorno. En ese mismo lugar se presenta Henri Ducard (Liam Neeson) para ofrecerle la oportunidad que aguarda, la que le permita aceptarse y vencer sus miedos. Bruce Wayne asciende hasta el templo de la liga de las sombras, donde se entrenan los miembros de un grupo que asegura defender la justicia, aunque sus métodos atestiguan todo lo contrario, y chocan de pleno con los valores del futuro héroe. Bruce Wayne no olvida sus fantasmas, pero sí los acepta como parte de él; su decisión está tomada, será un defensor de la justicia, pero sin faltar a su conciencia. De ese modo, tras salvar a su mentor del fuego que ha destruido el templo de Ra's Al Ghul (Ken Watanabe), Bruce regresa a la ciudad de la que se alejó tiempo atrás debido a su inestabilidad emocional, fruto del asesinato de sus padres a manos de un atracador callejero.


Mediante una serie de retrocesos temporales, 
Christopher Nolan conjugó el presente con el pasado para mostrar: la muerte de los padres de Bruce Wayne, la caída del pequeño Bruce dentro el pozo donde fue atacado por los murciélagos que se presentan en sus pesadillas o el instante en el que a punto estuvo de cruzar la línea que separa lo correcto de lo incorrecto, cuando se proponía ajusticiar al asesino de sus progenitores. Superados los problemas con su pasado, el futuro caballero oscuro se presenta en la mansión donde se reencuentra con Alfred (Michael Caine), siempre fiel y siempre dispuesto a ayudarle, a menudo haciéndole ver sus errores. Alfred es una especie de conciencia, de consejero y de niñera, esto último es lo que le ha llevado a intentar que todo permaneciese tal y como estaba antes de la partida de Bruce Wayne; sin embargo no ha podido frenar el afán de poder de Earle (Rutger Hauer), deseoso de hacerse con el control de Industrias Wayne. Pero poco o nada interesa el mundo de las financias a un hombre que empieza a tener una idea clara de cómo será su vida, dicha clarividencia le lleva a prestar un interés especial por Lucius Fox (Morgan Freeman), el ejecutivo condenado al ostracismo que ha desarrollado la tecnología que Batman piensa utilizar para sus fines. La primera hora de Batman Begins indaga en los inicios del héroe, pero también presenta al delincuente que domina la ciudad, Carimine Falcone (Tom Wilkinson), y a un enemigo más letal que dice llamarse espantapájaros (Cillian Murphy), cuya misión no es la de asustar a los pájaros para que no estropeen las cosechas, sino ser un peón en un juego mucho más peligroso. Batman observa, vigila y se pregunta en quién confiar a parte de Alfred, así descubre que el sargento Gordon (Gary Oldman) es un hombre íntegro dentro de un cuerpo de policía repleto de agentes corruptos. Batman nace, pero no antes de superar sus miedos; se desarrolla, consiguiendo la tecnología que le permitirá cumplir con su cometido, al tiempo que su deseo por recuperar el amor de Rachel Dawes (Katie Holmes) se hace más fuerte. Batman Begins no es un cómic, no muestra el colorido de la cultura pop, como tampoco presenta a unos villanos que recargan su actuación para lucirse en detrimento de la historia, y atormentar a un espectador que no comparte sus cargantes sonrisas; en manos de Nolan, esos villanos son seres letales, poseen un fin, e incluso una dualidad moral como sería el caso de Henri Ducard, quien predica la justicia, pero realizando actos injustos. Dejando a un lado la cuestión de gustos, las adaptaciones de Christopher Nolan son las mejores que se han hecho del personaje, afirmación que se confirmaría cuatro años después en El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), film donde el conflicto emocional alcanza otra dimensión al condenar a Bruce Wayne a vivir entre unas sombras que le superan.

viernes, 30 de marzo de 2012

El caballero oscuro (2009)



Seguridad y control son meras ilusiones a las que los ciudadanos de Gotham se aferran para ocultar temores y miedos, pero en El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008) 
estas se vuelven de la tonalidad del traje que luce su protagonista, sumergiendo a propios y a extraños en una sombra que rompe cualquier atisbo de luz, pues los actos de Joker (Heath Ledger) rompen el espejismo de orden defendido por Batman (Christiam Bale), obligado a elegir entre sus sentimientos o la razón que le llevó a convertirse en la dualidad que lo atormenta. La lucha del hombre murciélago cobra su significado en el enfrentamiento entre su deseo de ser alguien corriente, alejado de cuanto implica su lucha solitaria, y el deber autoimpuesto al asumir ser ese caballero oscuro, víctima de las circunstancias, al que alude el comisario Gordon (Gary Oldman) cuando afirma que su amigo es más que un simple héroe, porque puede soportar el sacrificio que supone saberse rechazado y perseguido por aquellos a quienes protege. Para Batman ser un súperhéroe implica algo más que lucir trajes a prueba de balas o emplear la tecnología desarrollada por Lucius Fox (Morgan Freeman), que por sí sola no conlleva ni la capacidad de sacrificio ni la de asumir la soledad e incomprensión que forman parte de su realidad dual, la cual se ha convertido en la imposibilidad que comparte con Alfred (Michael Caine), que se mantiene a su lado, sin preguntas, sin apenas quejas, apoyándole y aconsejándole para que no se pierda entre las tinieblas que amenazan su interior y que ya se han apoderado de su entorno.


La maduración del personaje de Bruce Wayne se materializa de un modo soberbio en esta producción que confirma al personaje como el antihéroe atormentado que se dejó entrever en Batman Begins (2005), en la que ya se mostraba a un individuo incapaz de aceptarse, perdido y perseguido por sus fantasmas y sus miedos. En esta segunda entrega de la trilogía del caballero oscuro, el protagonista anhela encontrar a un verdadero héroe que lo sustituya, no uno como él, que aparece y desaparece entre las sombras nocturnas para lidiar con malhechores que han dejado de ser una caricatura, porque Joker en nada se parece a aquella caricatura bufonesca y ambiciosa que amenazaba en el Batman rodado por Tim Burton en 1989. En manos de Christopher Nolan, y con la recreación de Heath Ledger, el villano se erige en un agente de caos que solo desea sembrar el desorden que predica y así demostrar que todo puede ser destruido. Brutal, como su idea del mundo que habita, sin conciencia, pero concienciado de cuanto hace y por qué lo hace, el personaje interpretado por Ledger alcanza una complejidad pocas veces vista en un villano. Su pensamiento carece de ambiciones materiales, exento de planteamientos morales o sentimentales, tampoco persigue deseos más allá de la anarquía que lo define y lo convierte en un ser imprevisible en busca de materializar su filosofía destructiva. Opuesto a Joker se descubre Harvey Dent (Aaron Eckhart), en quien Batman encuentra a ese héroe sin tacha que no se amilana y crea su propia suerte, el mismo que una ciudad moribunda como Gotham necesita. Por este motivo, el antihéroe de Nolan deja a un lado sus emociones personales, aquellas que giran en torno a la figura de Rachel (Maggie Gyllenhaal), fundamental para comprender los sentimientos y los actos tanto del caballero oscuro como del caballero blanco en su lucha por salvar un espacio urbano dominado por la violencia y la destrucción sembrada por el filósofo del caos mientras aguarda a que a Batman desvele su identidad.