Dar voz a otros es un gesto de generosidad admirable y una responsabilidad enorme, pues eres quien elige a quién dársela y, por descarte, a quién no. Pero es enorme porque existe la tentación de jugar a ser Dios, como sucede con los escritores al crear mundos y personajes, aunque se basen en reales o se digan reales. Por eso es necesario ser curioso, pero también ético y polifónico, no quedarse en una sola perspectiva e imponerla. Hay que mostrar no sentenciar, que es más dogmático y sencillo de hacer. La búsqueda resulta fundamental, del mismo modo que los interrogantes, que, si son complejos, no tendrán una única respuesta; incluso podrían no tener ninguna, salvo conducirnos a nuevas preguntas. Hay escritores que cuestionan sobre su mundo para comprender la situación de las personas en él, el cómo se ven afectadas por situaciones que no eligen, pero que se convierten en existenciales. Esto es lo que hace Svletana Alexievich, una escritora especial porque, más que narrar, elige el tem...