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Mostrando las entradas etiquetadas como alberto lattuada

El alcalde, el escribano y su abrigo (1952)

En el guion de El alcalde, el escribano y su abrigo (Il Cappoto, 1952) participaron Alberto Lattuada, que también fue su director, Giorgio Prosperi, Giordano Corsi, Enzo Curreli, Luigi Malerba, Leonardo Sinisgalli y Cesare Zavattini; estos entre los acreditados, pero sospecho que serían más quienes le echaron un vistazo o una mano al texto. En todo caso, en el cine italiano de las décadas de 1940, 50 y 60 no era infrecuente que un guion apareciese firmado por cuatro, cinco, seis, siete autores. Al menos los acreditaban, no como en las producciones de los estudios de Hollywood, donde, en ocasiones, solo aparecían acreditados los nombres de los últimos en aportar o, incluso en créditos excepcionales, el de quien menos había hecho. No se trataba de que se reunieran en una habitación y que allí, alrededor de una mesa o apiñados en el suelo, se pusieran a escribirlo todos juntos, para ello habría que alquilar una nave industrial, sino que esta libre adaptación de El capote , el famoso cuen...

Ana (1951)

La protagonista que da nombre a este melodrama filmado por Alberto Lattuada y producido por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, Anna (Silvana Mangano), viste los hábitos al inicio del metraje para escapar del mundo exterior que le persigue y la encuentra cuando Andrea (Raf Vallone) sufre un accidente y es ingresado en el hospital donde ella ejerce de enfermera. Entonces, sor Ana recuerda ese pasado que Lattuada muestra en una analepsis durante la cual la religiosa era cantante en un club nocturno. Quizá Ana (Anna, 1951) ya no se recuerde, a pesar de un reparto que reúne a Silvana Mangano, Raf Vallone, Sophia Loren (todavía Sofia Scicolone o Sofia Lazzaro), en un pequeño papel sin acreditar, al inicio de su espectacular carrera cinematográfica  —<<incluso llegué a pronunciar un par de frases>> (1) escribiría la gran estrella italiana en sus memorias—, y Vittorio Gassman , por entonces gran actor teatral y harto de ser encasillado en el cine en el papel de canalla chulesc...

Amore in città (1953)

Con el neorrealismo exhalando su último suspiro, Cesare Zavattini , nombre propio del “movimiento” y uno de sus grandes teóricos,  Marco Ferreri y Riccardo Ghiona  —que tres años antes, habían creado la revista cinematográfica Documento mensile — se embarcaron en un proyecto que salía a la calle para recrear y mostrar historias reales, de gente real. Más o menos, esto fue lo pretendido por Lo Spittatore , la revista cinematográfica que crearon y cuyo primer y, debido a su ninguneo comercial, único número se tituló  L'amore in città (1953). Zavattini se las arregló para reunir a un portentoso grupo de cineastas que, por derecho propio, ya son historia del neorrealismo, del cine italiano y mundial, y les pidió que saliesen a la calle y contasen historias verdaderas. Compuesta por seis episodios, esta propuesta cinematográfica, que reunía tras las cámaras a Carlo Lizzani , Michelangelo Antonioni , Dino Risi , Federico Fellini , Francesco Maselli , Alberto Lattu...

¡Tempestad! (1958)

Estoy pensando escribir que Dino De Laurentiis pertenecía a esa especie de productores “más grandes que la vida”, a la que también pertenecían David O. Selznick , Samuel Goldwyn o Samuel Broston . Vaya, lo he escrito, pues ahí queda, hasta que decida borrarlo o alguien lo borre sin aviso, y seguiré el hilo y diré que lo demostró una y otra vez en proyectos colosales que alternaba con producciones modestas, aunque no de menor calidad. Una de esas superproducciones internacionales fue ¡Tempestad! ( La tempesta , 1958). A priori, adaptar la novela histórica La hija del capitán (1836) —que ya había sido adaptada en 1947 por Mario Camerini , coprotagonizada por Vittorio Gassman y producida por De Laurentiis —, escrita por  Aleksandr Pushkin , uno de los principales “modernizadores” de la literatura rusa, parecía una tarea más sencilla que la de adaptar la colosal Guerra y paz , de Tolstoi , para la cual De Laurentiis había contado con la dirección de King Vidor , aunque sin que es...

El bandido (1946)

Previo al neorrealismo , la guerra en la pantalla italiana solo asomaba en películas de propaganda bélica - Bengasi ( Augusto Genina , 1942) o  La nave blanca ( La nave bianca , Roberto Rossellini ,1941)- o en noticiarios que, posiblemente, no se ajustasen a la realidad vivida por los soldados en el frente o por la población civil en un país dividido que no tardaría en convertirse en un campo de batalla más. El grueso de la producción cinematográfica lo formaban comedias, dramas y adaptaciones literarias. Ninguna mostraba la realidad que se vivía en Italia; no se podía, no existía; era el momento de la desinformación y del escapismo, usuales y comunes a cualquier régimen que tenga bajo control los distintos medios de comunicación y expresión. Pero, tras la contienda, dicho control desapareció, al menos durante los primeros tiempos de posguerra, y los cineastas aprovecharon el instante para mirar sin miedo el presente y su pasado reciente. En  El bandido ( Il bandito , 194...

Sin piedad (1948)

Bajo el deslumbrante brillo de algunos de los títulos más representativos del neorrealismo italiano, se descubren otras películas imprescindibles, algunas conocidas, otras a la espera de ser rescatadas del olvido actual, pero todas ellas guardan en común la intención de mostrar la realidad, no como un espacio exclusivamente físico, sino parte de realidades humanas, espirituales, individuales o colectivas que se encuentra en escenarios naturales, urbanos o rurales, donde descubrimos a hombres y mujeres frente a las circunstancias de su presente, de guerra o de paz, un ahora en el que luchan por sobrevivir. Con variantes personales, según el caso y el realizador, la intención neorrealista era similar, aunque no lo fueron los géneros empleados para llevarla a cabo. Paisà (1946) asume el bélico para documentar seis etapas de la Segunda Guerra Mundial a lo largo de Italia y de cómo el conflicto afecta a distintos personajes; Vivir en paz ( Vivace in pace , 1947) se desarrolla en un peq...

Un héroe de nuestro tiempo (1955)

En su segunda colaboración con el realizador  Mario Monicelli ,  Alberto Sordi  dio vida a un personaje que anunciaba a futuros antihéroes de la “comedia a la italiana”, muchos de los cuales serían interpretados por el propio actor, porque, vista su capacidad de captar y caricaturizar la humanidad de sus modelos, ¿quién mejor que el gran Albertone para dar credibilidad y burla a hombres corrientes como este don nadie patético e infantil, que sufre mil y una desventuras como consecuencia del temor extremo que su tía y su ama de llaves le han inculcado desde la cuna? Sumiso, pusilánime, egoísta, mezquino son algunos rasgos que definen al siempre miedoso y ambiguo Alberto Menichetti ( Alberto Sordi ), un pequeñoburgués que anota en su agenda los hechos en los que se ve envuelto con la única finalidad de mostrarlos en caso de que cualquier malentendido lo señale como culpable. Él no es un héroe, al menos no uno al uso, ni siquiera es medio valiente y sí todo cobarde. Lo ...

El poder de la mafia (1962)

El viaje que plantea El poder de la mafia ( Mafioso , 1962) transita en sentido inverso al movimiento migratorio interior en la Italia del Desarrollo. Parte del norte industrializado, urbano, cosmopolita, y alcanza el sur rural, tradicional, primitivo. Son dos espacios que chocan, uno bajo la sombra alpina y el otro bañando por la calidez mediterránea, dos mundos en el mismo país, pero, en costumbres y pensamiento, a años luz el uno del otro. Nada tiene que ver el Milán donde se inicia el film con el pueblo siciliano donde se desarrolla la práctica totalidad de la trama. La capital lombarda es centro económico e industrial de primera magnitud, también más frío y ordenado que el pueblo meridional adonde se traslada esta comedia que, en un primer momento, iba a ser dirigida por Marco Ferreri . En compañía de Rafael Azcona , el italiano, presumiblemente, realizaría el proyecto trasladando a Italia la acidez, la ironía y la negrura de sus dos colaboraciones en España: El pisito (1958) y ...