En Un profeta ( Un phrophéte , 2009) Jacques Audiard delimitó a la perfección un entorno violento y corrupto que fuerza la necesidad de adaptación que implica la pérdida de inocencia del joven protagonista, capaz de planear sus pasos desde el descubrimiento, la comprensión y la aceptación de la criminalidad que le rodea y de la que se aprovecha desde su relación con Cesar Luciani ( Niels Arestrup ), una relación que le proporciona los contactos que le permitirán alcanzar la posición de fuerza que ostenta hacia final del film, cuando ya no queda el menor atisbo de aquel imberbe a quien se observa por primera vez en el patio de la prisión donde se convierte en un auténtico criminal, y la película de Audiard en una de las propuestas más interesantes de la cinematografía francesa de la primera década del siglo XXI gracias a su contundencia narrativa y al realismo con el que se expone el ascenso de un ladrón de poca monta dentro de un espacio carcelario donde s...