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Pudovkin en la edad dorada del cine soviético

Herido y hecho prisionero mientras combatía en la Primera Guerra Mundial,  Vsevolod Iliarionovich Pudovkin  regresó a Rusia en 1918, con la revolución triunfante y la guerra civil como parte de la realidad de un país cuyos nuevos amos pretendían transformar (a velocidad imposible) de agrícola a industrial. Pero esa transformación no era la que Pudovkin ayudó a llevar a cabo. La suya se gestaba en las artes, primero en el teatro y, tras ver Intolerancia ( Intolerance , David Wark Griffith , 1916), en el cine. Su primer contacto con la dirección de películas se produjo cuando en 1921 dirigió junto a Vladimir Gardin , el cortometraje documental Golod… golod… golod , pero su aprendizaje cinematográfico lo realizaría en el Laboratorio Experimental que  Lev Kuleshov  creó en 1923, donde colaboró con el cineasta del mitificado “efecto” en Las extraordinarias aventuras del señor West en el país de los soviets ( Neobychainye priklyucheniya mistera Vesta v strane bolsheviko...

Las extraordinarías aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (1924)

Revolución puede ser el giro completo sobre un eje, también puede referirse al título de una película protagonizada por  Al Pacino  en la década de 1980 o a un cambio radical, cuyo radicalismo se suavizará para que todo regrese a su lugar, a su nuevo orden, que en ciertos aspectos, sobre todo los relacionados con el reparto y uso de poder, no suele diferir del momento previo, aunque las situaciones, las instituciones y los personajes cambien de apariencia y de nombre. Fue en el neolítico cuando dejamos de dar vueltas paleolíticas en busca de caza, frutos y refugio. Desde entonces, nuestra Historia contempla unas cuantas revoluciones agrarias, científicas, culturales, políticas, industriales..., todas humanas. Algunas más fértiles que otras, puesto que no todas posibilitaron explosiones demográficas como la neolítica ni el proceso industrial que se inició en la Gran Bretaña en la segunda mitad del XVIII y se desarrolló durante parte del XIX y, tomando un camino quizá equivocad...

La fiebre del ajedrez (1925)

Dudo que exista un libro sobre la historia del cine que no recuerda el nombre de Vsevolod Podovkin . De existir un estudio así, estaría cometiendo el desliz o el error de relegar al olvido a uno de los grandes cineastas del periodo silente. Del apartado dedicado al cine soviético desaparecerían sus grandes películas silentes — La madre ( Matb , 1926), El fin de San Petersburgo ( Koniets Santk-Petersburga , 1927) o Tempestad sobre Asia ( Potomok Chingis-Khana , 1928)— y su importancia en el uso del montaje, a partir del cual creaba acciones paralelas o fragmentaba los acontecimientos expuestos desde diversos ángulos y planos. Pero, gracias a la conservación de sus películas, esto no sucede y la historia le reconoce sus méritos cinematográficos; por otra parte, incuestionables. Aunque se nombre en los libros, más desconocido es su contacto con la comedia en un cort...

El fin de San Petersburgo (1927)

En el décimo aniversario de la revolución bolchevique el Comité Central del Partido Comunista decidió conmemorar (justificar y publicitar) aquel hecho histórico en una serie de películas que encargó a los directores soviéticos más prestigiosos del momento. Entre ellos, Sergei M. Eisenstein rodó Octubre  ( Oktyabr , 1927) y Vsevolod Pudovkin  filmó  El fin de San Petersburgo ( Koniets Santk-Petersburga , 1927), dos ejemplos de montajes trepidantes que difieren en su manejo, como también difieren las perspectivas de estos dos cineastas imprescindibles en la evolución de la narrativa cinematográfica. Allí donde Eisenstein concedió protagonismo al colectivo y al montaje por yuxtaposición de imágenes que acceden a la idea pretendida por el realizador, Pudovkin se decantó por una edición más clásica, minuciosa, en la que individualiza al grupo en uno o varios personajes a quienes se observa durante su concienciación política y social. El individuo escogido por el cineasta e...

La nueva Babilonia (1929)

Ambientada en 1871, durante la guerra franco-prusiana, La nueva Babilonia ( Novvy Vavilon , 1929) se define a sí misma como un drama en ocho partes. Lo que no dice, aunque sí muestra, a lo largo de cada uno de los momentos en los que se divide, es el enfrentamiento entre la clase trabajadora y la burguesía, cuyo poder político y económico oprime a los primeros. Este enfrentamiento revolucionario se había convertido en una de las piedras angulares del cine soviético silente, una constante temática que se repite en títulos como los primeros Eisenstein  — La huelga ( Stachka , 1924),  El acorazado Potemkin ( Bronenosets Potiomkin , 1925), Octubre ( Oktiabr , 1927)—, la trilogía revolucionaria de Vsévolod Pudovkin  — La madre ( Mat , 1926),  El fin de San Petersburgo  ( Konets Sankt-Peterburgo , 1927) y  Tempestad sobre Asia   ( Potomok Chinguis-Khan ;  Vsévolod Pudovkin , 1928)— o  los más simbólicos de Alexander Dovzhenko  — La montañ...

La madre (1926)

<<Honradez, justicia, piedad>> muestran los rótulos anteriores al inicio del juicio a Pavel Vlasod ( Nikolai Batalov ); tres palabras que pretenderían evidenciar la ausencia de las mismas en los tribunales de la Rusia imperial, no obstante, sería la Rusia posrevolucionaria la que más prescindiría de ellas. La historia que narra La madre  ( Mat , 1926) es una historia de un pueblo sometido a los caprichos y a los abusos de los propietarios y señores, que provocan el levantamiento de las masas como consecuencia de dicha injusticia social. Como tantas producciones soviéticas de la época, la postura de Vsevolod Pudovkin  se acercó al sufrimiento del proletariado para mostrar una ideología afín al único partido existente, sin embargo, sería conveniente dudar o prescindir del punto de vista ideológico y centrarse exclusivamente en la narrativa cinematográfica de La madre , una lección de montaje que imprime gran celeridad a las imágenes y a l...

Tempestad sobre Asia (1928)

  La revolución rusa, 1917, y la posterior guerra civil impusieron el nuevo orden político-social desde la fuerza, pero las ideas sobre las que se sustentaba el leninismo tenían que enraizar en la población y, amén de las purgas realizadas y silenciadas por el “terror rojo”, el cine era el medio ideal para transmitirlas e imponerlas entre la masa campesina y obrera; por aquel entonces, un elevado porcentaje de la población era analfabeta. Así, pues, la capacidad propagandística del medio visual convenció al gobierno estatal para potenciar y liberalizar una industria cinematográfica apenas existente y, como consecuencia, durante la década de 1920, el cine soviético experimentó su auge, el de mayor esplendor de su historia  —con permiso de los cineastas que destacaron durante el “deshielo”— , que en buena medida fue debido a la aparición de directores del talento de Kuleshov ,  Vertov ,  Eisenstein , Pudovkin o Dovzhenko , responsables de películas fundamental...