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Mostrando las entradas etiquetadas como harold lloyd

¡Ay, mi madre! (1926)

Despistado es un adjetivo que puede encajar en la descripción de Harold (Harold Lloyd), el millonario de ¡Ay, mi madre! (For Heaven’s Sake, Sam Taylor, 1926). Por despiste, destroza dos automóviles y poco después quema el puesto del predicador a quien entrega un cheque de mil dólares por los daños ocasionados. Con esta cantidad, que parece obra de un filántropo, como opina su hija, el misionero abre un local de acogida y le pone el nombre de su benefactor. Este se enfurece cuando lee la noticia en el periódico y, decidido y ofendido, se acerca al local para cantarle las cuarenta a quien ha osado emplear su nombre sin su consentimiento. Pero al llegar al local se enamora de la hija del samaritano y allí se queda para ayudarles a reunir y encarrilar a desamparados, descarriados, gamberros y delincuentes del lugar, a quienes, con un poco de fortuna, el millonario transforma de fieros maleantes a ebrios hermanitos de la caridad. El film está hecho a la medida de Harold Lloyd, pero no sorp...

¡Venga alegría! (1923)

Favorito del público y uno de los actores mejor pagados del momento, Lloyd vivía en 1923 uno de sus mejores años profesionales. A  El hombre mosca (Safety Last!, Fred Newmeyer y Sam Taylor, 1923) y a la creación de su propia productora, Harold Lloyd Corporation, se le sumaba ¡Venga alegría! (Why Worry, Fred Newmeyer y Sam Taylor, 1923), una comedia a su medida, veloz mezcla de acción física y de gags refinados, en la que el astro hace de las suyas haciendo de millonario hipocondríaco, rol que aparentemente lo aparta de su chico de clase media habitual. Era su primer largometraje que le alejaba de suelo urbano estadounidense, pero se distanciaba del medio natural de su personaje en buena compañía. No me refiero solo a la de la enfermera (Jobyna Ralston) que le cuida, sino a dos cineastas fundamentales en el cine cómico silente: Newmeyer y Taylor, encargados de la parte técnica de esta producción en la que Lloyd demuestra ingenio y presume de plenitud física y burlesca. La historia...

La vía láctea (1936)

El sonido trasformó la comedia cinematográfica, al introducir los diálogos orales que acercaban el humor cinematográfico al teatral. La irrupción de los chistes hablados supusieron el principio del film del slapstick, aunque más adelante hubiese directores como Frank Tashlin , Jerry Lewis o Blake Edwards  que lo recuperaron y adaptaron a su época para dar forma a algunas de sus películas. Pero hasta entonces, atrás quedaban los gags físicos y se imponían la comedia musical, el magistral sinsentido de los hermanos Marx o el menos logrado de W. C. Fields  y los enredos de la screwball comedy . Pocos años después, el slapstick en el que habían reinado Chaplin , Keaton o Harold Lloyd apenas eran un recuerdo que se observaba en aquellas inolvidables comedias protagonizadas por aquellos ilustres del mudo que, salvo la excepción de Chaplin , pasaron al sonoro dejando atrás parte de su personalidad artística. En un intento por no perder su lugar, el inolvidable cómico Harold Ll...

Relámpago (1928)

Las comedias protagonizadas por  Harold Lloyd se caracterizan por el movimiento, el ritmo y la sucesión vertiginosa de gags que en  Relámpago ( Speedy , 1928) honran el título, pues la agilidad, la velocidad y el estilo del protagonista de  El hombre mosca ( Safetly Last , 1923) no decaen mientras esta cómica sinfonía de Nueva York dirigida por Ted Wilde avanza hacia su clímax final. Speedy, el personaje interpretado por Lloyd , pierde sus trabajos con la rapidez que indica su apodo y a la misma velocidad se olvida de ellos para continuar haciendo gala de su vitalidad, de su picaresca y de su ingenio. Su personalidad queda definida tanto en su empleo de camarero, del cual no tardan en despedirlo, como en la ajetreada jornada dominical en Connie Island, a donde acude acompañado de Jane Dillon ( Ann Christie ), con quien pretende casarse. Nueva York es un personaje más en la trama, de hecho, la aventura de Harold se convierte en una alocada visita por la ciudad de...

¡Ay, qué me caigo! (1930)

Cómicos como Charles Chaplin , Buster Keaton ,  Harold Lloyd  o Stan Laurel  & Oliver Hardy crearon personajes tan exitosos y reconocibles que, al pensar en ellos, las primeras imágenes que vienen a la memoria popular son las de sus creaciones. Estas han sobrevivido al paso del tiempo y a las modas —siempre efímeras, impersonales, impuestas y poco novedosas—, para alcanzar la universalidad que inicialmente permitió que la entrada del sonoro no afectase a las carreras artísticas de sus inventores, como sí afectó a las de los pioneros cinematográficos Mack Sennett  y  David Wark Griffth  —durante la etapa sonora solo rodó  Abraham Lincoln  (1930) y The Struggle  (1931)— o la del actor  John Gilbert  —estrella del silente a partir de su papel protagonista en  El gran desfile ( The Big Parade , King Vidor , 1925)—, cuya voz no es que no resultase acorde con los personajes que interpretada, pero sí su enfrentamiento con Mayer....

El hombre mosca (1923)

Gracias a sus colaboraciones con el productor Hal Roach en cortometrajes de enorme éxito, Harold Lloyd se convirtió en uno de los fenómenos más populares de la pantalla, lo que le permitió dar un siguiente paso y probar fortuna en películas de mayor duración como sería  Hacia Broadway  ( Hal Roach , 1919), un corto de dos rollos, o Never Weaken  ( Fred Newmeyer , 1921), en la que el actor vive una situación en las alturas similar a la que dos años después desarrollaría en todo su esplendor en  El hombre mosca ( Safety Last! , 1923), uno de sus largometrajes más emblemáticos y una de las grandes comedias rodadas en el Hollywood silente. La película se inicia instantes antes de que el chico, personaje común a otros interpretados por  Lloyd , se traslade a la gran ciudad donde espera ganar el dinero suficiente para poder casarse con la joven que le despide en la estación. Sin embargo, transcurridos seis meses desde aquel día, se descubre que tanto él como su...

El pecado de Harold Diddlebock (1947)

Tras su paso por la Paramount Pictures , donde fue el primer guionista que accedió a la dirección,  Preston Sturges decidió proseguir su camino en solitario, y para ello cometió el error de asociarse con Howard Hughes  para crear la California Pictures , una productora de la que el cineasta poseería el cuarenta y nueve por ciento de las acciones y el magnate el cincuenta y uno. Aunque  Sturges  se reservó el derecho a elegir sus proyectos, y la libertad creativa y presupuestaria para llevarlos a cabo, su primera y última producción para "su" empresa cinematográfica sufrió cortes y dos montajes ajenos a él, y de ese modo lo que iba a ser su independencia absoluta se convirtió en el principio del fin de la carrera de quien posiblemente fue el mejor director de comedias del primer lustro de la década de 1940. Tras barajar varias posibilidades, el realizador de Los viajes de Sullivan  ( Sullivan's Travels , 1941) se decantó por homenajear al slapstick silente, en p...

El tenorio tímido (1924)

Al poco de llegar a Hollywood,  Harold   Lloyd  entabló amistad con  Hal Roach , que, al igual que él, trabajaba como extra en Samsom  ( J. Farrell MacDonald , 1914). A partir de ese instante continuaron ejerciendo de figurantes hasta que el segundo recibió una pequeña herencia, que empleó para financiar y dirigir modestas producciones protagonizadas por el primero. Gracias a estas comedias  Roach  firmó un contrato de distribución con la Pathé , lo cual les posibilitó una mejor distribución de sus películas y un incremento de popularidad e importancia dentro de la joven industria en la que se convirtieron en dos figuras claves.  Como tantos otros cómicos del cine mudo, Lloyd se inició interpretando un personaje que imitaba al exitoso vagabundo creado por Charles Chaplin , pero pronto quiso desmarcarse de esa tendencia que no colmaba sus aspiraciones artísticas, de modo que ideó su propio alter ego cinematográfico, aquél que se dio a conocer...