Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de abril, 2026

La noche de Varennes (1982)

Maquillar el tiempo Por Antonio Pardines Viajero y amante incansable e insaciable mientras la vitalidad aguante, Ettore Scola nos descubre en La noche de Varennes ( La nuit de Varennes , 1982) a un Giacomo Casanova ( Marcello Mastroianni ) cansado, patético, resignado a ya solo ser un nombre mitificado en un tiempo en el que su vitalismo y su capacidad de amar, de hacer gozar a miles de cuerpos femeninos de toda Europa, ha quedado en el recuerdo, el que dará forma a su voluminoso libro de memorias. Tal vez ese voluminoso texto sea un intento del anciano de recuperarse en épocas que rememora más felices y satisfactorias, pues, ahora, el anciano Giacomo transita por un entorno más vivo que él; aunque más que vivo podría decirse revolucionado por las ideas políticas y su violenta puesta en práctica. Casanova nunca mostró excesivo interés por la política, lo mostraba por las mujeres, sin importarle el origen de cuna o las medidas de sus cuerpos. Era el amante, el que se entrega al placer ...

Camino a la perdición (2002)

Rimando bajo la lluvia, de Postín Por Antonio Pardines De ser perfectos, no tendríamos nada que hacer, y tampoco haríamos arte ni cine, ni negocios ni crearíamos premios para mayor propaganda de la industria. Así, pues, partiendo de que toda crítica ha de ser escéptica por naturaleza —cómo podría darse, si uno acepta lo que ve—, la mía no aspira a más que a plantearme lo que veo para alcanzar mis propias conclusiones, que bien pueden ser erróneas, incompletas o absurdas. Pero ahí reside lo divertido, en discrepar, en considerar que la mirada es fundamental para valorar cualquier obra, para ponerle peros o darle mayor magisterio del que realmente tiene. No niego que Camino a la perdición ( Road to Perdition , 2002) sea una gran película, según el canon de Hollywood, que es el del gusto mayoritario; pero, particularmente, no me genera interrogantes ni me transmite conflicto, tampoco otras sensaciones que me lleven a decir que es una película que me satisfaga. Lo cierto es que ahí reside...

Casa de juegos (1987)

¿Quiénes y cuántos somos? Por Antonio Pardines El mismo año que Brian De Palma rodaba con éxito el guion de Los intocables ( The Untouchables , 1987) escrito por David Mamet, se produjo el debut en la dirección de películas de este prestigioso dramaturgo en Casa de juegos ( House of Games , 1987), un film en el que ya asoma el Mamet cinematográfico en toda su madurez, desarrollando sus constantes: un reparto más o menos estable (Joe Mantegna, William H. Macy, Ricky Jay…), personajes trabajados, diálogos, relaciones humanas, también entre el control y el azar y el engaño... sin olvidarse de dotar a todo ello de un ritmo y de unas formas cinematográficas que aquí se ajustan al estudio de los personajes, pues en ellos se detiene la cámara para observarles. Para Mamet son casos clínicos, es decir, dignos de estudio. De algún modo, todos lo somos y el autor de American Buffalo así lo comprende y lo asume, ya trabaje para expresarse en un escenario o proyectado sobre una pantalla. Dos med...

La muchacha de Moscú (1941)

Al contrario que Frente de Madrid (1939), que aun siendo propagandística es una obra propia, Edgar Neville asume el compromiso italiano y rueda La muchacha de Moscú (1941), tal vez la menos suya de sus películas, para mí la menos. Pero le valió para viajar con Conchita Montes a Italia, que por entonces estaría enfrascada en la guerra y estaría dirigida por Mussolini. La actriz asumió el protagonismo del film, era la segunda de sus muchas interpretaciones para Neville, en el que daba vida a <<la chica atea elevada a la cumbre gracias al amor>>. Con este apunte, entrecomillado, el cineasta español define a su heroína, aunque más suena a que Neville nos desvela un orgasmo fruto de la propaganda fascista y nacionalcatólica. La historia no tiene mucho más que ese discurso afín a los dos regímenes que dominaban España e Italia, que basaban sus ideología pública en Dios, patria y familia; la privada era otro cantar, pero esa música no asoma en la pantalla. Neville, a partir del ...

Marilar Aleixandre: entre Verne e Stevenson

Entre Verne e Stevenson Por Antonio Pardines A expedición de Marilar Aleixandre sae de Cádiz en 1868, ano da “Gloriosa”, pero a autora cambiou a data da expedición real que, iniciando o seu periplo en 1862. Mais a “Gloriosa” só puido ser tal no seu adxectivo utópico. Aleixandre, bióloga de carreira e docente de profesión, xunta ambas neste libro que, na distancia, emula o didactismo de Julio Verne e toma a voz en primeira persoa que tan bos resultados lle dera ao escocés Robert Louis Stevenson para dar forma de memoria aventureira a A Illa do Tesouro. Pero en lugar dun neno a heroína de Aleixandre é unha nena de doce anos: Emilia Goianes. O nome da rapaza faime cavilar que Aleixandre fai unha homenaxe a outra Emilia, a Pardo Bazán, escritora que non só defendeu o naturalismo en España, senón que foi a primeira muller catedrática do país e unha das poucas que no século XIX abriron camiños para a maioría que aínda estaba por chegar. Aleixandre é unha herdeira súa, e posiblemente así o si...

Fragmentos de nada: viaje(s)

Fragmentos de nada: viaje(s) Por Antonio Pardines Un libro es un viaje y, como todo viaje que se precie, aquel que se vive en la libertad de saber que estás en marcha, sin horarios sin organización, sin más meta que el viaje en sí, depara encuentros y desencuentros, momentos de soledad y de compañía, sorpresas, contrariedad, alegría, melancolía, introspección, la ilusión de sentirnos libres de la monotonía, incluso nos regala algún momento místico, que no religioso, que no podrá ser expresado con palabras. Hay viajes que recorren nuestro cuerpo y pensamiento, que escapan a nuestra comprensión y solo al pensarlos nos explican. En el momento solo nos sabemos emocionados y, determinar o no el por qué, no cambiará que hayamos sentido un instante especial, uno que no podremos repetir, solo recordar y confundir entre los siguientes y los previos, pero que se convertirá ya en parte nuestra. Todos ellos son distintos, y en nosotros ya serán otros; y solo la memoria podrá reconstruirlos sin pod...

Barba Azul (1944)

La filmografía de John Carradine supera de largo las trescientas películas, pero pocas son las que le conceden el protagonismo y la cabeza de cartel. Que recuerde, solo alcanzó ambos en Barba Azul ( Bluebeard , 1944), a las órdenes de otro imprescindible relegado a no lograr el protagonismo entre los directores centroeuropeos que desembarcaron en Hollywood. Mas no sería por falta de talento, que tenía suficiente, incluso más, para codearse con cualquiera, ya su aprendizaje había sido de alta escuela bajo la dirección de Murnau, para quien había colaborado como asistente y director artístico en varias de sus películas, de Lang, Pabst, Stroheim e incluso Lubitsch. Edgar G. Ulmer fue un trotamundos y un maestro de la serie B, puesto que pocas veces, tampoco recuerdo alguna, contó con presupuestos holgados y repartos estelares, aunque dirigiese q actores de sobrada valía como Carradine. Pero esto que no lleve a engaño, ya que, en vez de jugar en su contra, lo hizo a su favor al depararle ...

Fragmentos de nada: libro(s)

Fragmentos de nada: libro(s) Por Antonio Pardines <<Amaba los libros: estos no eran un muro entre él y la vida, sino ligaduras que le unían con ella. La vida era su dios. Y estudiaba al dios vivo terrenal, al dios pecador, cuando leía a los historiadores y a los filósofos, cuando leía a los grandes y a los pequeños escritores, los cuales, cada uno en la medida de sus fuerzas, ensalzaban y justificaban o culpaban y maldecían al hombre, habitante de la magnífica tierra.>> (1) ¿Todos los libros que leía el viejo profesor Rosental y los que nosotros leemos son iguales? Obviamente, no, pues en ese fragmento Vasili Grossman incluye los grandes y los pequeños, los que nos ensalzan y nos maldicen; pero en ningún caso reduce el significado “libro” a significante. Tampoco Bohumil Hrabal los reducía al dar vida a Hanta en “Una soledad demasiado ruidosa”, pues, para el personaje, los libros son más que el papel que prensa, un papel en el que miles de vidas e ideas aguardan por su final...

Fragmentos de nada: el sonido del despertar

Fragmentos de nada: el sonido del despertar Por Antonio Pardines Entre el sueño y la realidad, vi danzar las copas de los árboles en un movimiento armónico e hipnótico en el que parecían acariciarse, pero en el que nunca llegaban a tocarse. En mi imaginación, ya eran humanos, ya fantasmas, ahora bailarines e incluso amantes condenados a no “carnalizar” su deseo jamás, solo susurrarse su amor y su pesar. Así continué un instante de armonía que se completaba con notas evocadas de un “Canon en Re mayor”, con el canto de los pájaros y el sonido fluvial lejano; incluso más lejano que el silbato que amenazaba aquella fuga del tiempo que me alejaba del mundo para, poco después, devolverme a él. Aquel sonido chirriante rompía el encanto, quizás no el que sentiría quien soplaba, pero sí el mío. Mas tampoco me sorprendió, pues la vida establece que el desencanto sigue al encanto, y viceversa. Me vi entonces en un instante de despertar, en el que una idea se posó en mi mente: asociaba aquel silba...

Chaves Nogales y La agonía de Francia

Chaves Nogales y La agonía de Francia Por Antonio Pardines En Vietnam, Michael Herr vivía codo con codo con los soldados, que no podían escoger y por eso pensaban que Herr o Sean Flynn, el hijo de Errol, estaban como cabras por estar allí, con la mierda hasta el cuello y la muerte o las heridas a la vuelta ya no de la esquina, sino de cualquier paso o incluso sin moverse. Pero lo que aquellos soldados no sabían explicar, aunque lo intuyesen en el mismo instante de poner el pie en el Sudeste Asiático, era que el idealismo había muerto tiempo atrás, al menos su inocencia y la credulidad de los combatientes y de los reporteros. Ya se trataba de otra cosa, aunque también se buscase narrar lo inenarrable. Por contra, tres décadas atrás, todavía se respiraba cierta ingenuidad que obedecía a la necesidad de creer en la libertad y que alguien o algún Estado la representaba. Manuel Chaves Nogales vivió y fue testigo de aquella época en la que se fraguaba la tormenta, también Vasili Grossman, Il...

Gente corriente (1980)

Desde los tiempos de El candidato ( The Candidate , Michael Ritchie, 1972), incluso antes, se veía venir que Robert Redford era algo más que una cara bonita que lucir en la gran pantalla. Lo apuntaba su faceta de productor y su búsqueda de películas que tuviesen algo que expresar, claro que sin olvidarse de su estatus estelar, algo que invitase a la reflexión más allá del espectáculo, la aventura, el drama o la intriga propuestas por directores como Michael Ritchie y, sobre todo, Sydney Pollack. Así, en 1980, se produjo su paso a la dirección en Gente corriente ( Ordinary People , 1980), en la que Alvin Sargent adaptaba la novela de Judith Guest, y salió bien parado: aplaudido y premiado  —cabe recordar que los premios no son objetivos, ni establecen que unas películas sea mejor que otras, aunque lo presuman—. Pero, aparte de no dejarse ver en la pantalla, consciente de que su presencia llamaría la atención más de lo deseado y que tampoco había un papel para él, lo interesante f...

La vida es un milagro (2004)

Nuestra imperfección forma parte indisociable de nuestra condición; es un atributo de nuestra manera de ser. Somos milagrosamente falibles, aunque, siendo claro, somos lo que somos. Y huir de todos esos somos es una tontería. Lo lógico no sería huir ni crear dioses para espantar miedos ni ídolos para proyectarnos en ellos, hasta que decidamos destruirlos o condenarlos al ostracismo, sino aprender a habitarnos y a respetar quienes son otros: esos que también son imperfectos, pero que lo son a su manera, con sus costumbres y sus credos. El milagro, cuando se produce, reside en que sepamos convivir e incluso en que sepamos vivir, mas no siempre se logra el evitar despedazarnos. Aunque lo parezca, no sabemos los motivos, ni se trata de algo espontáneo, pero la destrucción, igual que la construcción, late en nosotros y cualquiera que sepa manejar un discurso agresivo puede dirigirla hacia donde pretenda, que suele ser hacia el otro, no por ser otro, sino porque persigue lo que pueda tener a...