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Mostrando las entradas etiquetadas como peplum

Quo Vadis (2001)

La primera adaptación de la novela de Henryk Sienkiewicz data de 1901, en los albores del cine, y apenas supera el minuto de duración. Su autor, Ferdinand Zecca, es uno de los grandes pioneros del celuloide, pero la obra no vería una adaptación más compleja hasta el primer periodo de esplendor del cine italiano, que alcanza sus máximas en el Quo Vadis? (1912) realizado por Enrico Guazzoni y la mítica Cabiria (Giovanni Pastrone, 1913). Pero esta no sería la última adaptación muda de la obra del escritor polaco, tal honor recae en la italo-alemana rodada en 1924 por Gabriellino D’Annunzio y Georg Jacoby, que contaron con Emil Jannings en el papel de Nerón. Un siglo y varias versiones después de la de Zecca, entre ellas las hollywoodienses rodadas por Cecil B. DeMille en El signo de la cruz (The Sign of the Cross, 1932) y Mervyn LeRoy en Quo Vadis (1951), llegó la de Jerzy Kawalerowicz, que volvía a recrear un periodo pasado para hablar de aspectos reconocibles en el presente o en cu...

Sodoma y Gomorra (1962)

<<Mucha gente no alcanza a comprender la frecuencia con que las consideraciones prácticas repercuten en lo que se considera “estilo”. Durante muchos años trabajé con un cámara maravilloso, Ernie Laszlo. Dejé de trabajar con él porque rodábamos a un ritmo demasiado lento. El problema era que yo no conseguía filmar la cantidad suficiente de película que me permitiera disponer de la libertad que me gusta tener cuando monto. Por otra parte tuve una experiencia en Marruecos y en Italia, que cambió muchas cosas…>> Esa experiencia fue la coproducción italo-estadounidense Sodoma y Gomorra (Sodom and Gomorrah, 1962), un film de los llamados bíblicos que tan de moda se pusieron tras el éxito de Los diez mandamientos (The Ten Commandments, Cecil B. DeMille , 1956), cuyo guion firmaron Hugo Butler y Giorgio Prosperi —Ernesto Gastaldi sin acreditar— y la fotografía corrió a cargo de Mario Montuori, Silvio Ippoliti y Cyril Knowles —y Alfio Contini, sin acreditar—. También contó con Osc...

La caída del Imperio Romano (1964)

Hacia finales del siglo II de nuestra era, el Imperio Romano se extendía desde la costa atlántica de Hispania hasta el Mediterráneo oriental, desde el sur de Europa hasta la fronteras naturales del Danubio y del Rin, por el norte de África y parte de Asia, donde limitaba con los persas. Dieciocho siglos después, otro imperio, que en realidad no lo era, pues solo era un estudio cinematográfico, ocupaba una zona de las Rozas (Madrid) donde el emperador-productor  Samuel Broston  se instaló con el dinero cedido por las industrias DuPont para extender su actividad desde El capitán Jones ( John Paul Jones ; John Farrow , 1959) hasta Pampa salvaje ( Savage Pampa ;  Hugo Fregonese , 1966). Durante su apogeo, Broston produjo El Cid ( The Cid ; Anthony Mann , 1961), 55 días en Pekín ( 55 Days at Pekin ; Nicholas Ray , 1963) o La caída del Imperio Romano ( The Fall of the Roman Empire ; Anthony Mann , 1964), compitiendo de tú a tú con las grandes superproducciones hollywoodie...

Helena de Troya (1955)

<<Y acostémonos ya y nuevamente el amor conozcamos, porque, nunca como hoy, el deseo venció mis entrañas, ni siquiera al raptarte de la amable Lacedemonia y partirnos los dos en mis naos surcadoras del ponto, y tu lecho y tu amor compartir en la isla de Cránae; con tal ansia hoy te amo y tan dulce deseo me vence>> (Iliada. Canto III) Pero ¿a qué amor se refiere Paris? Pues hay amores que dan vida, los hay fraternales, ardientes, efímeros, duraderos, obsesivos,... existen aquellos que matan y también se dice que en un tiempo remoto hubo amores que destruyeron su ciudad, que, asediada durante años por belicosos reyes griegos, fue defendida por sus heroicos conciudadanos. En menor o mayor medida, todos ellos parecen tener cabida en la perspectiva asumida por Robert Wise para llevar a la pantalla la visión cinematográfica de la Warner Bros. de la guerra de Troya y del romance de Helena ( Rossana Podestà ) y Paris-Alejandro ( Jack Sernas ), que sirve de escusa para que la...

Quo Vadis? (1912)

Independiente a su calidad, los estudios y productoras desembolsan sumas desorbitadas por los derechos de adaptación de cualquier superventas literario. Esto no era frecuente en los orígenes del cine, cuando los pioneros buscaban el ahorro en fuentes que no exigieran el pago de los derechos, lo que suponía inspirarse en ideas propias, en el pasado, en la realidad presente, en la biblia (exenta de derechos de autor) o en novelas que no acreditaban, como hizo  Mèliés  en  Viaje a la Luna (1902), que encontró en H.G.Wells y Julio Verne  parte de su inspiración. Sin embargo, esta costumbre empezó a cambiar cuando el cine asumió su carácter de espectáculo colosal. Uno de los primeros ejemplos que adaptaba de manera legal y acreditada una novela de éxito se encuentra en la productora Società Italiana Cines , que pagó un precio elevado por los derechos del libro escrito por  Henryk Sienkiewicz , lo cual apuntaba hacia la transformación que la industria cinema...

Cabiria (1913)

En sus orígenes muy pocos contemplaban el cinematógrafo como un arte en potencia, aún así, los primeros pioneros no cesaron en su intento de crear un lenguaje visual propio, con sus características artísticas, creativas, técnicas y comunicativas, aspectos que se irían perfeccionando a lo largo de los años hasta alcanzar su plena madurez en la década de 1920. Esta evolución, que alejaba al cine de la estática (y la teatralidad) que dominaba sus primeras imágenes, fue posible gracias a los aportes de las distintas cinematografías de ambos lados del Atlántico. Una de ellas, la italiana, se situó junto a la francesa y a la estadounidense a la vanguardia del nuevo arte. Además de ser el primer film de ficción realizado en Italia,  La toma de Roma ( La presa di Roma , Filoteo Alberini , 1905) incluyó entre su reparto decenas de extras, algo hasta entonces nunca visto en la pantalla. De tal manera, con el plano de la entrada de las tropas en Roma,  Alberini había sembrado la semi...

El coloso de Rodas (1961)

El debut oficial de  Sergio Leone  en la dirección, había dirigido aunque no firmado  Los últimos días de Pompeya , se produjo con  El coloso de Rodas ( Il colosso di Rodi , 1961 ) , un peplum en el que asoman algunos aspectos que el realizador desarrollaría a lo largo de su corta pero excelente filmografía, en la que destacan títulos como  Hasta que llegó su hora  o  Erase una vez en América . A pesar de sus defectos, la ópera prima de  Leone  posee cierta intención de renovar un género muy arraigado dentro de la cinematografía italiana, satirizando a un héroe que se encuentra de vacaciones, preocupado por divertirse asistiendo a fiestas y sonriendo a las mujeres que se encuentran presentes, sin sospechar que pronto se verá envuelto en una situación que le supera.  El coloso de Rodas , como su nombre índica, se ubica en esa isla del Egeo en una época en la que Grecia se encontraba dividida en ciudades estado, a menudo en lucha entre ell...

Gladiator (2000)

Su buen hacer en Los duelistas (1977), Alien (1979) y Blade Runner (1982) parecía indicar que Ridley Scott estaba llamado a ser uno de los cineastas más destacados de su generación, sin embargo su carrera cinematográfica fue a la deriva durante los años que siguieron a estas tres primeras producciones, hasta que tocó fondo con La teniente O'Neill (1997). Aunque durante su periodo de bajón creativo (1985-1997) realizó la ya mítica  Thelma y Louise (1991), no sería hasta el éxito comercial y popular cosechado por Gladiator (2000) cuando Scott recuperó el rumbo, aunque lejos de la riqueza narrativa que atesoran sus tres primeras películas. Adornos y estruendo aparte, Gladiator no aporta novedades significativas ni al peplum ni al cine épico, quizá sí técnicas en la recreación de Roma, generada por ordenador. Scott toma aspectos vistos en otras producciones que también muestran la cara menos agradable del mayor imperio que conoció el mundo antiguo: la traición y la ve...

Espartaco (1960)

Impulsor y productor de Espartaco ( Spartacus , 1960), a Kirk Douglas  no le convencía la decisión de Universal Pictures de poner a  Anthony Mann  al frente del proyecto, pero lo aceptó como parte del acuerdo entre su productora Bryna y el estudio que iba a financiar la película. Por su parte, a  Mann no le convencía el enfoque del actor (ni sus intromisiones), así que a las tres semanas de rodaje, y disparado el presupuesto, ambos llegaron a un acuerdo amistoso para rescindir el contrato (75.000 dólares y la promesa de la participación del actor en un futuro film de Mann ). Dicho de otra manera,  Douglas  despidió al director, según la estrella, forzado por las circunstancias, por las dudas que le generaba y por la petición de los responsables del estudio que poco antes había respaldado al realizador de Tierras lejanas  ( Far Country ; 1954) como la elección más adecuada. Anthony Mann abandonó su puesto de buen grado, dejando como legado el i...