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Mostrando las entradas etiquetadas como primo levi

El gestor del infierno. Rudolf Höss y Primo Levi, dos caras antagónicas de Auschwitz

El gestor del infierno.  Rudolf Höss y Primo Levi, dos caras antagónicas de Auschwitz Por Antonio Pardines ¿Por qué se escriben las autobiografías? ¿Para alabarse? ¿Para justificarse? ¿Para buscarse, encontrarse y conocerse? Cualquiera tiene una vida que contar, otra cuestión es cómo la cuenta y a cuántas personas llegará su historia, la cual, si se trata de alguien popular o impopular, podría alcanzar a muchas. Pero la mayoría tiene en común que la adornan, que omiten y añaden, sea por darle un tono literario o por dejar una buena imagen a la posteridad, fruto de la vanidad y de la ignorancia, pues a ese porvenir poco le importará qué aire respiraba o qué disparaba sus latidos del corazón. Ya lo habrá juzgado, estereotipado y convertido en etiquetas, al sustraerlo de su época y despojarlo de quien fue, de lo que sintió, y de tantas cuestiones y emociones que nos determinan en vida. Solo verán la imagen y el nombre despojados de vida, es decir, de aquellos aspectos que nos hicieron...

Primo Levi: Si esto es un hombre

<<Se debe querer sobrevivir, para contarlo, para dar testimonio>> y aun así, Primo Levi, que nunca dejó de dar testimonio sobre el infierno de los campos nazis, sabía que era imposible hacer comprender en su total dimensión aquellos días, semanas, meses, años que alcanzan su cima en el Lager , que, en sus palabras, fue <<la culminación del fascismo en Europa, su manifestación más monstruosa; pero el fascismo existía antes que Hitler y Mussolini, y ha sobrevivido, abierto o encubierto, a su derrota en la Segunda Guerra Mundial.>> La parte ilógica del ser humano nos dice tanto o más de su esencia y condición que la racional, que es la que presumimos para diferenciarnos del resto de animales. Así, con la primera justificamos los actos a los que nos cuesta encontrarles una explicación, aunque esta sea igual de humana que otras. Llamamos a esos actos criminales, inhumanos; pero todo lo hecho por el humano nos pertenece, forma parte de nuestra humanidad, la cual tiene...

Primo Levi y La tregua

<<Llegué a Turín el 19 de octubre, después de treinta y cinco días de viaje: la casa estaba de pie, toda mi familia viva, nadie me esperaba. Estaba hinchado, barbudo y lacerado, y me costó trabajo que me reconociesen. Encontré a mis amigos llenos de vida, el calor de la comida segura, el concreto trabajo cotidiano, la alegría liberadora de poder contar. Encontré una cama ancha y limpia, que por las noches (instante de terror) cedía blandamente a mi peso. Pero solo después de muchos meses fue desapareciendo mi costumbre de andar con la mirada fija en el suelo, como buscando algo que comer o meterme en el bolsillo apresuradamente para cambiarlo por pan; y no ha dejado de visitarme, a intervalos unas veces espaciados y otras continuos, un sueño lleno de espanto. Es un sueño que está dentro de otro sueño, distinto en los detalles, idéntico en sustancia. Estoy a la mesa con mi familia, o con mis amigos, o trabajando, o en la campiña verde; en un ambiente plácido y distendido, aparente...