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Mostrando las entradas etiquetadas como kinuyo tanaka

A la deriva (1956)

Mikio Naruse, Keisuke Kinoshita y Kenji Mizoguchi son tres de los grandes cineastas japoneses que pusieron a la mujer en el centro de muchas de sus películas, no pocas de las cuales contaron con el protagonismo de Kinuyo Tanaka, quien seguro aprendió de ellos y tomó nota para más adelante, cuando debutó en la dirección en Cartas de amor (Koibumi, 1953) y se convirtió en una espléndida cineasta. En A la deriva (Nagareru, 1956), la actriz y, por entonces, ya directora da vida a Rike, que al inicio de la película se presenta en la casa de geishas de Otsuta (Isuzu Yamada) solicitando el empleo de criada. Ella es una de las mujeres en el cine de Naruse, una de las personas que viven el drama de ser mujer en una época y en un lugar que reducen sus oportunidades y las limita a lo poco que les dejan ser. El suyo parece más limitado si cabe, condenada a permanecer en un segundo plano. Pero, al contrario que las otras, muestra una sonrisa serena. Tal vez se deba a la experiencia o a que, para...

Pechos eternos (1955)

El guion fue obra de la dramaturga y guionista Sumie Tanaka, colaboradora de Mikio Naruse en  El almuerzo (Meshi, 1951) y  Crisantemos tardíos (Bangiku, 1954), entre otros títulos, pero la  sensibilidad cinematográfica que vemos en pantalla es la de Kinuyo Tanaka. Dicha sensibilidad impregna cada instante de  Pechos eternos  (Chibusa yo eien nare, 1955), en la que la actriz y cineasta  r ecorre con su mirada la pasión de Fumiko Shimojô ( Yumeji Tsukioka) , inspirada en la poetisa Fumiko Nakajô, quien fallecía de cáncer de mama en 1954, cuando contaba con treinta y un años de edad. Escucha su aflicción y su sufrimiento, vive a su lado su emancipación y el padecimiento de su enfermedad, su miedo, su fortaleza. La poetisa vive en la recreación de la cineasta que, partiendo del personaje real, crea uno de sus mayores logros cinematográficos, por bello y doloroso, porque habla, o así lo escucho, al desnudo de ser mujer en un entorno que la priva y del temor an...

Amor bajo el crucifijo (1962)

—Es una mujer muy bella —dice la sirvienta ( Mieko Takamine ) cuando ve la procesión que conduce a una joven a la muerte. —Qué triste es ser mujer —suspira Ogin ( Inako Arima ), ante el paso de la condenada a crucifixión. —¿Haber desobedecido a la autoridad merece ese trato tan miserable? Es muy cruel. No lo puedo comprender. —Pero a ella se le veía un rostro tan sereno —comenta Ogin en un instante en el que intenta comprender y admira la liberación de quien ha decidido seguir a su corazón, y morir, que entregarse a un hombre poderoso a quien no ama, ni con quien quiere estar. En parte, ese encuentro define el camino que también recorrerá la protagonista de Amor bajo el crucifijo ( Ogin-sama , 1962), pero, por otra parte, muestra una realidad social de la época en la que se ubica el film: la imposibilidad femenina, la de tomar sus decisiones y elegir con una libertad que no existe para ella en una sociedad feudal y patriarcal. Ambientada en la era de Tensho, Amor bajo el crucifijo ( ...

Cartas de amor (1953)

Típico sería decir "te lo dije" o "el paso del tiempo relega al olvido a nombres que en su época fueron sonados" o, en menor medida, "que el devenir temporal devuelve a la memoria otros que habían caído en la ignorancia". Aunque las ponga en duda, no niego la validez de las frases hechas, tampoco que el mayor aliado del olvido sea el tiempo, pero no lo considero el culpable exclusivo de la desmemoria o de la falta de interés. A veces, y el cine es un buen ejemplo, no existe olvido, hay ninguneo, omisiones y otros factores como el dónde se estrena o el cómo se promocionan las películas que se imponen o han impuesto a partir de unas circunstancias (históricas y económicas) concretas que, en su derecho al desconocimiento y al consumo rápido, el público mayoritario ignora, omite o no le concede la menor importancia. Hoy, dependiend...

Flores de equinoccio (1958)

Los primeros planos de los rostros no siempre logran captar las sensaciones que embargan a los personajes, a veces las desvirtúa al forzarlas en exceso. Tampoco los constantes movimientos de cámara que los envuelve eliminan la inmovilidad de una película, ni ocultan las carencias de films vacíos y sin alma. El movimiento cinematográfico es algo más complejo que el montaje vertiginoso o que el uso excesivo e indiscriminado de travellings, de panorámicas o de continuos cambios de encuadre, porque si no captan y transmiten vida, no dejarían de ser un ornamento o un recurso superficial. Lo mismo podría decirse de los planos que nos acercan a los rostros y nos muestran sorpresa, alegría o lágrimas o del plano-contraplano ( Ozu  lo empleó en esta película con sencilla precisión) que pretende ofrecernos información y reacción. A veces juegan contra la propia esencia de los personajes y, consciente de ello, Yasujiro Ozu  no precisaba ni mover insistentemente su cámara n...

Vida de Oharu, mujer galante (1952)

La figura femenina es uno de los ejes de la filmografía de  Kenji Mizoguchi , quien, sin duda, fue de los cineastas que mejor supo retratar el sufrimiento de personajes femeninos dentro de sociedades jerarquizadas, donde las mujeres mantendrían un estatus supeditado al hombre y a las costumbres de la época. En  Vida de Oharu, mujer galante ,  Mizoguchi  desarrolló un drama trágico ambientado en el siglo XVII, en un Japón anclado en tradiciones feudales, algunas de las cuales todavía perdurarían durante su infancia, incluso afectando a su núcleo familiar. El tema de la mujer enfrentada a un entorno cultural que la oprime alcanza uno de sus máximos exponentes en la figura de Oharu ( Kinuyo Tanaka ), a quien se conoce en un primer momento desde su caminar, que evidencia la derrota existencial tras una vida, supeditada a decisiones ajenas, que se irá mostrando desde recuerdos capaces  de transmitir las sensaciones que la dominan mientras deambula por un marco de d...

Cuentos de la luna pálida de agosto (1953)

Genjuro ( Masayuki Mori ) y Tobei ( Sakae Ozawa ) viven con sus familias a la orilla del lago Omi (Biwa), donde comparten una ambición desmedida que les impide valorar cuanto poseen. Genjuro busca la riqueza a través de la venta de sus cerámicas, mientras que Tobei anhela la gloria que le proporcionaría ser un samurái. Ambas ideas les nublan el juicio, alterando la tranquila existencia que llevaban antes de que la guerra amenazase sus hogares. Sus esposas, Mihagui ( Kinuyo Tanaka ) y Ohama ( Mitsuko Mito ), les advierten del peligro que conlleva la ambición extrema que les domina, la misma que les impide disfrutar de la familia, y la misma que les empuja hacia la tragedia. A partir de la travesía sobre las oscuras aguas del lago, Kenji Mizoguchi envolvió la realidad en una atmósfera onírica que parece surgir de entre la niebla, como también surge una embarcación fantasmal que les asusta, pero que comprueban real cuando en su interior descubren a un moribundo que les ...

Madre (1952)

<<¿Por qué nacemos y sobre todo por qué morimos?>> se pregunta Toshiko (Kyoko Kagawa) tras la muerte de su hermano Susmu (Akihiro Katayama). No hay respuesta sensata ni científica que pueda explicarle el porqué. Solo le queda aceptar que nacer y morir son los límites naturales de la vida, donde empieza y acaba cada eternidad humana, efímera, cotidiana, un tiempo que parece no acabarse hasta que una muerte cercana advierte que no hay posibilidad de escape: nadie permanece y también se acabará para nosotros. Pero eso no consuela a las protagonistas de Madre (Okaasan, 1952), ni mejora su situación. Igual pero diferente que su contemporáneo Yasujiro Ozu, Mikio Naruse filma vida, sentimientos y emoción contenida. Hace fácil lo difícil y, como su colega, sabe captar belleza en lo cotidiano. En Madre (Okaasan) esa belleza se encuentra en lo sencillo, en el amor, en el dolor, en la pérdida, en la miseria, en sus personajes. Se descubre a través de los ojos y del pensamiento de...

El intendente Sansho (1954)

Desde el principio de la humanidad, en cualquier lugar, el ser humano ha querido imponerse a sus iguales, controlarles, disminuir su condición moral y aprovecharse de ellos, obligándoles a realizar un trabajo impuesto e inhumano. El intendente Sansho ( Sansho dayu ) muestra esta constante a través de una historia, basada en un cuento medieval japonés, que se desarrolla al final de periodo Heian, más o menos a finales del siglo XII, en la que se relata como un noble, Masauji Taira ( Masao Shimizu ), es despojado de sus privilegios y condenado al destierro como consecuencia de su apoyo a los campesinos, ante los continuos atropellos a los que son sometidos. Este mandatario que predica la igualdad de todos los seres, en un momento en el que la esclavitud se encontraba amparada por las leyes y defendida por los grandes señores, recibe como recompensa el alejamiento de su familia y el olvido. La mayor parte de la nobleza cuestiona las palabras de un hombre que únicamente habla e...