Las ideas del amor perdido y de la muerte eran asiduas de Federico García Lorca, las llevaba en su pensamiento y las mostraba en sus creaciones. La segunda formaba parte de sus miedos y de su futuro, el cual, en 1936, a sus treinta y siete años, todavía consideraría lejano, puesto que contaba con buena salud y la marcha natural de su vida le auguraba algunos más. Pero nunca sabemos cuándo se producirá ese último encuentro, el que nos sitúa frente a la mendiga a la que habremos de darle todo. ¿Qué habría pasado de no tomar el expreso de Andalucía y quedarse en Madrid? Nunca lo sabremos, aunque podemos conjeturar o leer a Carlos Rojas y su novela El ingenioso hidalgo y poeta Federico García Lorca asciende a los infiernos . La temía y le dio alcance en agosto de aquel año, cuando la guerra civil española, tras la rebelión de unos y la revolución de otros, entraba de lleno en el primer acto de un drama bélico, político y social que apuntaba la tragedia de un país dividido en numerosas ambi...